El régimen cubano tomó la intervención estadounidense en Caracas como una advertencia. Desde entonces, hemos asistido a ejercicios militares y entrenamiento de reservistas. Sin embargo, la demostración de fuerzas del régimen apenas ha servido para sacar a pasear reliquias de la vieja Guerra Fría que, en realidad, reflejan el aislamiento y debilidad militar del castrismo. La preparación para una guerra irregular prolongada y la llegada de drones rusos podrían ser las últimas bazas del país comunista para obligar a la Casa Blanca a descartar planes militares para cambiar el futuro de la isla. La intervención militar en Venezuela del 3 de enero de 2026 demostró el enorme abismo en capacidades militares que hay entre Estados Unidos y el resto de países del continente, pero también que para el Pentágono había una tercera vía entre los bombardeos sin tropas sobre el terreno y las invasiones terrestres. Las intervenciones militares estadounidenses en el siglo XXI han oscilado entre dos modelos muy diferentes pero de desigual resultado ambos. Por un lado, las invasiones terrestres como las de Afganistán (2001) e Irak (2003) lograron cambiar el régimen del país pero se convirtieron en una herida abierta para el Pentágono por la resistencia puesta por insurgencias armadas y la falta de condiciones para que prosperaran gobierno y democracias funcionales. Por otro lado, intervenciones puntuales con bombardeos aéreos, lanzamientos de crucero y ataques con drones en Libia, Siria, Nigeria, Yemen y Somalia tuvieron muchas veces un carácter simbólico en el contexto de la guerra global contra el terrorismo y demostraron hace poco en Irán sus limitaciones para lograr un cambio de régimen sin botas sobre el terreno. TE PUEDE INTERESAR Investigación visual: reconstrucción de la caída de Maduro contada a través de los caídos POR Enrique Andrés Pretel Jesús M. Pérez Triana Vídeo: Giulio Piantadosi Vídeo: Ernesto Torrico La intervención en Venezuela abrió una nueva vía en la que un ataque quirúrgico con aplastante superioridad tecnológica lograba quitar de la ecuación a un líder hostil y hacía recaer en un líder del viejo régimen el coste político de emprender reformas y neutralizar a la vieja guardia. Si el modelo había funcionado en Venezuela se abría la posibilidad de aplicarlo en Cuba, país con unas fuerzas armadas más débiles y un modelo políticoeconómico en una crisis aún más profunda. Aviso de tormenta en el Caribe Las señales de que Cuba está en el punto de mira del gobierno de Donald Trump llevan meses acumulándose. La movilización de fuerzas estadounidenses en el Caribe continuó tras la intervención en Venezuela. Aunque al contrario de Venezuela, la cercanía de Cuba no hace necesario el empleo de fuerzas expedicionarias anfibias. La base militar más meridional de Estados Unidos, la base naval de Cayo Hueso está a 170 kilómetros de La Habana, dentro del alcance máximo del misil de precisión estadounidense ATACMS (300 kilómetros) que disparan las lanzaderas de cohetes HIMARS y de sobra dentro del alcance máximo del nuevo misil balístico PrSM (500 kilómetros). Los vuelos de aeronaves estadounidenses captando inteligencia no han sido nada sutiles en 2026, dejando su huella en servicios de Internet que recogen la identidad, ubicación, velocidad y altura que los propios aviones propagan mediante sus radiobalizas. El medio ruso Rybar los plasmaba en un mapa en el mes de mayo, dejando constancia de la variedad de aparatos estadounidenses que habían volado cerca de Cuba: desde drones MQ-4C Triton de la armada estadounidense a aviones de captación de señales electrónicas RC-135 Rivet Joint de la fuerza aérea, pasando por aviones de patrulla marítima P-8 Poseidón y aviones de alerta temprana E-3G Sentry. La falta de sutileza estadounidense quedó reflejada cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, se hizo fotografiar dándole la mano al general Francis L. Donovan, jefe del Mando Sur, delante de un mapa de Cuba. Mientras tanto, la prensa de Miami informó de que hubiera negociaciones en marcha con el nieto mayor de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, al que se vincula con GAESA, un conglomerado empresarial controlado por los militares, que tiene un peso importantísimo en la economía cubana. TE PUEDE INTERESAR Unos y otros negaron la existencia de las negociaciones, pero de confirmarse su existencia probaría que desde la Casa Blanca se pretende repetir la experiencia venezolana en que los miembros del régimen toman las riendas para un cambio ordenado. Algo a lo que apuntaba también el deseo del secretario Rubio de una transición a la española en la isla, donde nacieron sus padres. Museo de la vieja Guerra Fría La intervención militar estadounidense en Venezuela, donde murieron 33 ciudadanos cubanos encargados de la custodia del presidente Nicolás Maduro, encendió las alarmas en La Habana. Desde el 3 de enero hemos podido ver al presidente cubano Miguel Díaz-Canel vestir con más frecuencia el uniforme militar. Se organizaron jornadas de formación militar para las fuerzas reservistas para dar una imagen de “pueblo en armas”, con la participación de líderes políticos del país y realizándose un acto de entrega de un fusil AK-74 al célebre cantautor Silvio Rodríguez. Y hemos visto repetidos ejercicios militares donde se ha podido ver tanto la falta de renovación de materiales militares en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba desde el fin de la Guerra Fría como el efecto de la desnutrición en la tropa cubana. La realidad es que las demostraciones de fuerza del régimen cubano desde el 3 de enero de 2026, ampliamente difundidas en redes sociales, sólo han logrado confirmar su debilidad militar. Cuba llegó a contar con uno de los ejércitos más poderosos en Hispanoamérica, que además acumuló experiencia militar en conflictos africanos en Etiopía y Angola. Su ejército recibió entre los años 70 y 80 al menos unos 400 carros de combate T-62. Una fuerza destacable en aquel entonces pero que hoy, modernizados a la versión T-62M con un refuerzo de blindaje en la torre, han quedado totalmente descolgados de la tecnología del siglo XXI. De hecho, su llegada al campo de batalla en la guerra de Ucrania se interpretó como un síntoma del agotamiento de los arsenales rusos. La fuerza aérea cubana recibió cerca de dos centenares de aviones de combate supersónicos MiG-21 y MiG-23 durante la Guerra Fría, una cifra inimaginable para cualquier fuerza aérea hispanoamericana. Pero el fin de la Guerra Fría ocurrió cuando Cuba apenas había recibido una docena de los más avanzados MiG-29, que en aquel entonces sólo tenían rival entre los países hispanoamericanos en los F-16 venezolanos y los Mirage 2000 peruanos. La versión de exportación recibida por Cuba sólo pudo contar con misiles aire-aire y armamento de ataque a tierra no guiado. La antigüedad y la falta de repuestos posiblemente haya condenado a la aviación de combate cubana a la retirada de servicio, mostrando recientemente sólo a los entrenadores a reacción L-39. Las fuerzas navales fueron en cambio la rama más débil de las fuerzas armadas cubanas. Llegó a contar con un puñado de patrulleras lanzamisiles cuyo armamento terminaron en par de pesqueros arrastreros de origen español. El resto de buques en servicio son patrulleros costeros cuya principal función ha sido vigilar la huida de balseros rumbo a Estados Unidos. No hay rival Considerando las fuerzas en juego, un choque militar entre Estados Unidos y Cuba se resolvería de forma muy desfavorable para el régimen castrista. Pero la historia del siglo XXI nos demuestra que una rápida y contundente victoria militar convencional contra una dictadura no abre automáticamente las puertas a una democracia en paz. En 2003 bastó el empuje de la 3ª División de Infantería hasta el corazón de Bagdad para lograr el colapso del régimen de Saddam Hussein cuando en 1991 el ejército de Estados Unidos empleó siete divisiones para lanzar su “gancho izquierdo” sobre las defensas iraquíes en Kuwait. En la invasión de 2003 muchos soldados iraquíes simplemente renunciaron a luchar y dar la vida por un régimen tiránico y debilitado por sanciones. Pero ante la amenaza de una invasión los elementos más recalcitrantes del régimen prepararon zulos de armas y materiales para mantener una guerra de guerrillas para terminar aliándose con grupos yihadistas. TE PUEDE INTERESAR Las lecciones de 2003 pesaron en las decisiones tomadas por la Casa Blanca de Donald Trump respecto a Venezuela, que en su carrera política criticó las “guerras estúpidas” que convirtieron invasiones relámpago en ocupaciones largas y costosas. De ahí que se descartara en Venezuela una transición con María Corina Machado al frente del país porque se determinó que la nueva democracia venezolana se vería amenaza por la capacidad de desestabilización de los colectivos armados, milicias chavistas y los grupos armados que surgieran cuando el oficialismo chavista se echara al monte. Desde fuera de Cuba es difícil determinar qué porcentaje de las Fuerzas Armadas Revolucionarias profesan una lealtad inquebrantable al régimen, que muestra refugios subterráneos para proteger a sus fuerzas mecanizadas y el entrenamiento de sus fuerzas de operaciones especiales para la guerra irregular. La reciente guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán nos ha mostrado además que potencias militares con el armamento más avanzado pueden destrozar el poderío militar de un país pero sin botas sobre el terreno o fuerzas rebeldes que amenacen el poder de un régimen no hay transición política. Además, la cercanía de Cuba a Florida no sólo facilitaría las operaciones militares a Estados Unidos sino que también permitiría al régimen castrista aplicar una estrategia de imposición de costes con armamento barato como los drones kamikaze que se sospecha ha estado recibiendo recientemente desde Rusia. Todo el poderío militar de Estados Unidos será inútil si no aparece un líder cubano dispuesto a ejercer el papel de Delcy Rodríguez.