En el centro penitenciario de Rosersberg, situado en las afueras de Estocolmo, faltan pocas semanas para que lleguen los primeros reclusos menores de edad. El edificio que acogerá a los internos juveniles no estará listo hasta el año que viene, por lo que, de forma temporal, han optado por adaptar las antiguas celdas de adultos para que en cuestión de semanas empiecen a recibir a niños de 14 años.

La reforma ya está casi terminada: se ha encargado mobiliario nuevo, se han retirado las camas adicionales para que cada niño tenga una celda propia, y se ha pintado la pared en un tono verde boscoso con la intención de que sea más relajante. En la celda también hay un baño privado, un televisor y una ventana sin barrotes por la que se ve un muro de alambre con un paisaje verde detrás y el cielo. Dentro del módulo, los jóvenes detenidos estarán distribuidos en grupos de cinco por sección y supervisados permanentemente por 10 miembros del personal de prisiones, además de psicólogos, pedagogos y profesores.