OpiniónEl crítico asegura que "sin periodismo no hay democracia, derechos, memoria". Y analiza lo que sucede cuando no hay rigor en la reportería.Omar Rincon, El otro lado' Foto: César Sánchez Carreño17.06.2026 16:03 Actualizado: 17.06.2026 16:03
Sin periodismo no hay democracia, derechos, memoria.El periodismo es acerca de la democracia. Por eso “¡a mayor libertad de expresión, mejor democracia!”. Y es que la libertad de expresión no determina calidad del periodismo, sino que garantiza la posibilidad de decir en pluralidad y diversidad. Obvio, esa libertad de expresión está guiada por el respeto, la transparencia, lo común; por eso, no defiende la promoción del odio, el hacer daño, la diatriba cínica e impúdica contra el otro.El periodismo es vigilar al poder. Todo periodismo debe joder, escrachar, molestar, incomodar a los poderosos de todo tipo. Si no jode, no es periodismo. Y en ese joder, el periodismo traduce al poder y lo conecta con la vida cotidiana. Obvio, si medios y periodistas se creen el poder, todo mal.El periodismo es memoria política y cultural. Y es memoria porque es lo que en su día pasó, con todos los prejuicios, arrogancias y matices del periodista y medio. Lo que está en la memoria mediática es el registro de lo que dijeron, publicaron, grabaron los medios y los periodistas. Esa es la memoria del momento, de eso no se escapan los políticos quienes buscan siempre acomodar sus decires y obras a su santísimo ego; tampoco los ciudadanos que recordaran eso que se informó.La democracia, vigilar el poder y la libertad de expresión nos defiende frente a los bárbaros. Pero, nos defiende si lo hacemos con rigor: fuentes diversas y plurales por fuera de la polarización, contexto para proveer sentidos, datos y documentos de base y narrado con belleza.Y si no hay rigor de reportería, entonces ¿qué tenemos?Chisme que entretiene y aleja de los problemas, política espectáculo donde los medios son el circo; los periodistas son los gritones animadores; los políticos son los magos, los payasos, los malabaristas, los trapecistas y los animales; las redes digitales son el aplauso. Y los ciudadanos felices siendo divertidos e indignados.La política narrada en modo chisme lleva a que el periodismo sea el chisme de filtraciones, off the record, peleas… En el gobierno Petro todo escándalo nace de un chisme inducido por el mismo gobierno: que la Guerrero, el Armando, la Laura, la Angie, el Carrillo, el Gustavo, la Antonella, la Verónica, la Sofía… chisme y ya. No hay datos, no hay documentos, no hay reportería: chismes de gobierno.Dicen que esto se debe a la influencia de las redes digitales que privilegian el formato chisme, a la personalización de la política y a que las audiencias desconfían en los medios, no tienen tiempo, evitan las noticias por salud mental y se dejan guiar por sus creencias que el algoritmo complace.Así llegamos a que los mejores “periodistas” sean los chistositos, chismosos y escandalosos como Wescol ignorante; Daniel, el clasista; Juanpis gomelo; Levy, Lalis y Wally izquierdistas. Y a que el periodismo no importe, la democracia sea controversia emocional y los ciudadanos nos perdamos en el laberinto de las risas. Y ahora, más cuenta chismes. LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










