Messi, siempre Messi (Foto EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)
Fue la noche de Lionel Messi. Messi le ganó a Argelia. Messi hizo tres goles. Messi volvió a ponerse a la Selección sobre los hombros. Messi no envejece. Messi nos sigue emocionando. En su partido número doscientos con la camiseta argentina se hizo un homenaje en vida en su último primer partido mundialista. Y como si su vida fuera cine, el destino decidió que todo fuera a veinte años exactos de su primer gol en una Copa del Mundo. Alemania 2006. El tiempo vuela y Lionel también.Si a la noche le faltaba algún condimento, eran múltiples récords del capitán. Con su hat-trick alcanzó a Miroslav Klose, con 16 tantos, como máximo goleador de la historia de los Mundiales. Además, convirtió su primer triplete en este torneo; el tipo no se detiene ni en la carrera contra sí mismo.PUBLICIDADComo si fuera poco, anoche se transformó en el primer futbolista en alcanzar seis ediciones de la Copa del Mundo. Seis. Y para decorar las estadísticas, desterró un récord de Cristiano Ronaldo, que gozaba de haber sido el futbolista más veterano en anotar tres goles en un partido mundialista. La Pulga lo superó anotando con 38 años y 357 días. Feliz pre cumpleaños, capitán.¿Y ahora qué hacemos nosotros? ¿Cómo explicamos lo inexplicable? ¿Cómo le ponemos palabras a la precisión sobrenatural de un futbolista que, a los casi 39 años, sigue resolviendo partidos como si el tiempo hubiese decidido hacer una excepción con él?PUBLICIDADDurante meses discutimos si todavía tenía resto, si el cuerpo le respondería, si podía volver a sostener el peso de otro Mundial. Bastaron noventa minutos para recordar que sigue siendo el mejor de la historia.Somos nosotros los que sufrimos el paso inexorable del tiempo. Somos nosotros los que convivimos con la nostalgia anticipada, los que tememos prender la televisión una tarde cualquiera y descubrir que ya no está. Que ya no habrá otro amague, otro pase imposible, otro zurdazo al ángulo. Él parece ajeno a todo eso.PUBLICIDADMientras siga pisando una cancha, Lionel Messi seguirá regalándonos momentos para enmarcar. Instantes capaces de desafiar la lógica, el calendario y hasta nuestra propia necesidad de encontrar explicaciones. Porque hay futbolistas extraordinarios. Y después está Messi. Basta de compararlo, por favor, no existe ni existirá otro igual.A Messi le aflora la emocionalidad por los poros. Se ríe, se emociona, sonríe como quien todavía no termina de creer todo lo que está viviendo. Hay algo distinto en él desde aquella tarde de Doha. Como si la conquista de Qatar le hubiera quitado de los hombros un peso que el mundo del fútbol le cargó durante demasiado tiempo.PUBLICIDADYa no juega para convencer a nadie, aunque nunca haya tenido que hacerlo. Ya no corre detrás de ninguna validación. Juega libre. Juega suelto. Juega para disfrutar. Y quizás por eso resulte todavía más peligroso. Porque cuando el mejor futbolista de todos los tiempos deja de cargar con las expectativas ajenas y empieza a jugar únicamente por placer, nos regala noches como esta.También vale la pena detenerse en un aspecto menos visible de la actuación de Messi. Porque además de los tres goles y de toda la magia ofensiva, el capitán volvió a predicar con el ejemplo desde el compromiso colectivo. Muchas veces se lo exime de determinadas obligaciones defensivas, una decisión lógica cuando se trata de administrar energías y potenciar su influencia cerca del área rival. Sin embargo, anoche se puso el overol cuando el partido lo necesitó.PUBLICIDADEl festejo tras el tercer gol de Messi (Foto REUTERS/Bernadett Szabo)Hubo retrocesos largos, ayudas permanentes y hasta algunos cortes espectaculares cerca del propio córner que despertaron la ovación del público tanto como cualquiera de sus goles. Es imposible que no genere efecto contagio.Metiéndonos en la actuación colectiva, la Scaloneta demostró que sigue compitiendo al más alto nivel, que la esencia está intacta y que la mentalidad se sostiene más allá de la gloria.PUBLICIDADEn la previa a este Mundial nos llenamos la boca hablando de las dudas que nos generaba la Selección post consagración. Me siento parte de esa gente que puso en duda el hambre, o el momento individual de algunas figuras. Que si estaban demasiado relajados, que si llegaban en forma, que si era posible ganar después de ganar.Esa desconfianza habla más de nosotros que de ellos. De nuestra dificultad para soñar, de la costumbre de prepararnos para el golpe antes que para la alegría. Mientras tanto, puertas adentro, este grupo siguió haciendo lo mismo que lo llevó a la gloria: competir, creer y mantenerse unido.PUBLICIDADAnoche la selección argentina salió a apagar todos los fantasmas y jugó con el corazón en la mano, con la misma inteligencia de siempre. El grupo demostró que sigue conservando su nivel futbolístico y lo hizo ante un rival verdaderamente incómodo y capaz que tuvo algunas chances claras.El equipo argentino que salió a jugar en el debut frente a Argelia (Foto JUAN MABROMATA / AFP)Argelia tuvo algunas llegadas interesantes conducidas por su joven estrella Ibrahim Maza, en una búsqueda constante por abastecer a Chaibi, Moussa y Gouiri. Ait Nouri, el lateral izquierdo del Manchester City, tuvo a su vez varios intentos individuales de quebrar la zona de Gonzalo Montiel. Los Zorros del Desierto abanderaron el nuevo fútbol de la región de África del Norte, con capacidad física acompañada de jugadores de muy buen pie. Quizás el resultado no condice con el trámite del juego pero la diferencia es clara y explícita: Lionel Messi.PUBLICIDADLa selección argentina volvió a demostrar cuál es, quizás, su virtud más sobresaliente: la capacidad para interpretar los distintos momentos del partido. Cuando el plan de Petković logró incomodar la circulación albiceleste y cortar la conexión habitual entre Enzo Fernández y Alexis Mac Allister, el equipo no insistió por inercia ni cayó en la desesperación. Se adaptó.Scaloni y los jugadores leyeron el problema en tiempo real. Rodrigo De Paul modificó su posición, apareció con más frecuencia entre los centrales para ofrecer una línea de pase alternativa y Argentina empezó a encontrar caminos nuevos para progresar. De esta manera los pudo soltar a Enzo y Alexis, que encontraron mayores libertades. Así cayó el primer gol del partido: con el Motorcito abandonando la banda derecha y buscando clavar la daga por el centro. Pase quirúrgico y definición messianica.Ya que estamos, necesito dedicarle un párrafo a Rodrigo De Paul. ¿Cuándo se cansa? ¿Cuándo para? Qué manera de jugar a la pelota. Un futbolista que genera resistencias más por su forma de ser fuera del campo que por su trabajo dentro de él. Me atrevo a decir sin pudor que es de los jugadores más importantes de la historia de la albiceleste. No solamente fue pieza irreemplazable en Qatar 2022 sino que sigue siendo un capitán sin cinta y tiene un don: empujar anímicamente al equipo. Lionel Messi y Rodrigo De Paul festejan en el debut argentino en el Mundial (Foto JUAN MABROMATA / AFP)Rodrigo tiene mucha incidencia en el juego, en el ritmo y una evidente sociedad con Leo Messi. Es fundamental para tapar baches, para hacer jugar, para encontrar esos momentos qué transforman los partidos. Su asistencia en el primer gol de Lionel fue una muestra intachable de su calidad y su capacidad técnica, muchas veces opacada por su motor físico. Señor Rodrigo De Paul, no importa si juega en el Inter Miami o en el Real Madrid, usted es un fenómeno poco valorado. Gracias.A propósito del ADN De Paul, la recuperación tras pérdida sigue siendo una de las grandes marcas registradas del ciclo Scaloni. Esta Selección no te deja pensar. Cada vez que pierde la pelota, activa una reacción inmediata para recuperarla o, al menos, para incomodar al rival. Esa voracidad competitiva es parte de su identidad.También fue una gran noche para Lisandro Martínez, una noticia que aporta tranquilidad después de una temporada marcada por las lesiones que arrastró. La zaga que conforma junto al Cuti Romero volvió a ofrecer garantías. Más allá de algún exceso del cordobés en la conducción, los dos protagonizaron una actuación de altísimo nivel. Son dos tiempistas demoledores: salen lejos a perseguir cuando el partido lo exige, anticipan con agresividad, cortan con elegancia y relevan espacios con una naturalidad admirable. Argentina tiene dos centrales modernos, valientes y con personalidad para defender muchos metros a sus espaldas. Noche más que aprobada para la dupla central.Facundo Medina, el defensor del Olympique de Marsella oriundo de Villa Fiorito, aprobó su debut con valía. Cuidó su carril a toda honra y, cuando pudo progresar ofensivamente, lo hizo con cautela. Otro buen guiño de la fábrica Scaloni en tiempos donde las lesiones abundan. En conclusión, la selección argentina sigue mostrando equilibrio, paciencia e inteligencia. Conserva una base intacta, automatismos que sobreviven al paso del tiempo y una convicción inquebrantable en su manera de jugar. Y, como si fuera poco, cuenta con un tal Lionel Andrés Messi en estado de gracia total.Sin embargo, los grandes equipos no sobreviven al paso del tiempo por casualidad. Detrás de todo eso también hay una explicación nítida… Nada de esto se entendería sin la presencia sensible, humana y pasional de Lionel Scaloni y su cuerpo técnico.El nacido en Pujato es el rostro visible de una obra colectiva, pero también el principal arquitecto de algo que excede largamente lo futbolístico. Un discípulo de la filosofía de José Nestor Pekerman. Scaloni conoce a los jugadores. Sabe cómo sienten, qué les pasa y cómo hacer que cada uno se sienta importante dentro de una estructura que está por encima de cualquier nombre propio. Sabe administrar una Selección llena de estrellas. Nunca, pero nunca, tuvimos durante todo el ciclo la sensación de una lucha de egos. Y ese equilibrio puertas adentro es una de las grandes virtudes del cuerpo técnico. Se nota una armonía, una comunión, un objetivo común. La Selección está siempre por delante de todo lo demás.Messi y Scaloni, dos pilares del exitoso ciclo de la Selección (Foto REUTERS/Siphiwe Sibeko)Conoce los códigos del vestuario porque estuvo ahí. Y tiene la sensibilidad justa para manejar la emocionalidad de cada integrante. Todos parecen saber exactamente cuál es su lugar dentro de la historia. Todos se sienten importantes desde donde les toque aportar. La gran victoria de Scaloni, Aimar, Samuel y compañía quizás no sea una Copa del Mundo ni una Copa América. Su gran victoria fue lograr que una generación de futbolistas extraordinarios entendiera que el verdadero protagonismo estaba en el nosotros. Que la Selección estuviera por encima de cualquiera. Y desde ahí nació todo lo demás.Argentinos, argentinas... es imposible no volver a ilusionarse. La siguiente parada es en Dallas frente a Austria. Y pase lo que pase, una vez más: o juremos con gloria morir.











