Madrid celebra el Orgullo más multitudinario de España y uno de los más icónicos del mundo. También acoge la manifestación estatal en defensa de los derechos LGTBIQ+ (este año, el sábado 4 de julio). Sin embargo, desde sus principales instituciones, Ayuntamiento y Comunidad, ambas gobernadas por el PP con mayoría absoluta, obvian instalar la bandera LGTBIQ+ en sus respectivas sedes. “Madrid está implicado en esta fiesta”, ha dicho la vicealcaldesa de la ciudad tras admitir que la enseña no ondeará en ningún edificio institucional, como lleva ocurriendo desde la llegada a Cibeles de José Luis Martínez Almeida, para después definir lo de la bandera como una “polémica” que “ensucia la fiesta”.[Este texto es un extracto de la Queerletter, la newsletter semanal LGTBIQ+ de EL PAÍS. Para recibirla, puedes apuntarte aquí].El Orgullo no es una fiesta. O no solo. Es un momento de reivindicación que se visualiza con una explosión de alegría. Se podría definir como una manifiestación, que celebra los derechos conseguidos, a la vez que reclama nuevos avances. Gracias a esa lucha, España ha ascendido al primer puesto del Mapa Arcoíris, que elabora anualmente la organización internacional LGTBIQ+ ILGA-Europe.“Madrid está posicionado a nivel global como un referente LGTBIQ+, y, a la vez, tiene unas instituciones políticas que, aunque no se muestran del todo hostiles, se posicionan en los márgenes de la defensa de nuestros derechos y juegan con ellos”, afirma Ronny de la Cruz, presidente de Cogam, la principal organización LGTBIQ+ de la capital. “Es algo que viene motivado por el interés ideológico del PP de intentar absorber a la extrema derecha, por eso hace guiños a la lgtbifobia de Vox”, añade De la Cruz.Aunque muchas ciudades y comunidades aún no han mostrado su posición, Madrid no será la única que no instale la enseña arcoíris. Así ha sido otros años y casi la totalidad de las ciudades y regiones que no lo han hecho estaban gobernadas bien por el PP, bien por una coalición de los conservadores con los ultras de Vox. Para justificar su negativa a instalarlas, han argumentado que “hay una normativa que establece una serie de banderas oficiales que tienen que ondear en los edificios institucionales”. Esto lo ha dicho este año el alcalde de Madrid.‌Esa normativa existe, pero hace referencia a banderas políticas, no a enseñas que defiendan los derechos humanos. Y así lo avalan cinco sentencias del Tribunal Supremo, la primera de 2024, que ha dictaminado que la bandera arcoíris “no es un símbolo de significación partidista” y que tampoco “propugna ningún tipo de enfrentamiento”, sino que “proyecta la igualdad entre las personas, valor reconocido por la Constitución y por la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea”. Además, la Ley 4/2023 obliga a las instituciones a prestar reconocimiento y apoyo institucional a la diversidad sexual y de género, adoptando “las medidas necesarias para ponerla en valor”. ‌“El Supremo ha dejado claro que la bandera LGTBIQ+ no es partidista, sino una bandera de igualdad, de reclamación de derechos humanos”, resume Miguel Ángel Aguilar, responsable de la Unidad de Delitos de Odio y Discriminación de la Fiscalía General del Estado. “Como demócratas, es algo que debería concernirnos a todos”, añade.‌Por su parte, desde el PSOE de Madrid ya han anunciado que llevará a los plenos de los 21 distritos de la capital una iniciativa para instar a las juntas municipales a exhibir la bandera LGTBIQ+ en las fachadas de los edificios públicos durante el Orgullo.Las idas y venidas de la bandera arcoíris no son algo que solo ocurre en España. A comienzo de este año, el Gobierno de Donald Trump retiró la enseña del Monumento Nacional de Stonewall, cuna de la lucha por los derechos LGTBIQ+ y lugar que dio origen a la conmemoración, el 28 de junio, del Día Internacional del Orgullo. Lo hizo después de la publicación de un memorándum que buscaba “orientar sobre las políticas y procedimientos para la exhibición e izado de banderas y estandartes” en sitios oficiales (parecido al argumentario de las banderas oficiales y los edificios institucionales). La realidad es que, retorciendo la ley y con una falsa institucionalidad, la Administración Trump pretendía, además de politizar la igualdad, borrar un icono y eliminar referentes. La visibilidad ha sido una de las estrategias más poderosas en la lucha por la igualdad LGTBIQ+ de los últimos años, de ahí ese interés por invisibilizarnos. Gracias a la presión ciudadana y a la resistencia de las autoridades de Nueva York, gobernadas por los demócratas, la bandera fue restituida.Con un ataque a la bandera arcoíris, vetándola y persiguiéndola, comenzó Vladímir Putin a instaurar una lgtbifobia de Estado. En 2013, el Gobierno de Rusia aprobó su ley de propaganda, con la que comenzó a multar a todo aquel que hablara o mostrara la diversidad sexual y de género así como los símbolos que la representaban. Actualmente, hacerlo puede conllevar cargos de extremismo político. ¿Nos mandas un recuerdo del Orgullo?Estamos recopilando recuerdos divertidos, simbólicos, o importantes ocurridos en un Orgullo. Para participar, podéis enviar unas 300 palabras a este mail: lgtbiq@elpais.esCon los textos recibidos, haremos una selección que publicaremos. En la Queerletter, Pablo León recoge cada martes historias LGTBIQ+ como esta. Si también quieres formar parte de la comunidad, apúntate aquí.