Durante años, Catalunya se ha explicado a sí misma como un territorio dinámico, abierto e innovador. Y no es ficción. Somos un polo de atracción de talento, de pymes internacionalizadas y líderes en sus sectores, de creación de startups y de atracción de multinacionales de primer nivel. Tenemos motivos para ver el vaso medio lleno. Pero hay una realidad incómoda: si nos comparamos con Europa nos hemos empobrecido. En el 2000, el PIB per cápita catalán superaba la media europea (20.539 euros/habitante vs 18.420 euros/habitante). Hoy ya es inferior. No es una caída abrupta, pero sí persistente. Y eso es más preocupante que una crisis puntual.La clave es el tipo de economía que hemos ido construyendo: menos industria de alto valor añadido y más dependencia de sectores de baja productividad, sobre todo turismo y servicios low cost . Europa, en cambio, ha mantenido la apuesta por la industria y su modernización a través de tecnologías profundas ( deep tech ): robótica, inteligencia artificial, biotecnología, nuevos materiales o energía adelantada. Son sectores intensivos en capital, conocimiento y riesgo. Y también son los que más determinan la productividad y la riqueza futura de un país.El datoEn el 2025, el Reino Unido y Francia concentraron casi la mitad del capital riesgo en ‘deep tech’en EuropaLos datos de inversión en deep tech hablan por sí solas: en el 2025, el Reino Unido y Francia concentraron casi la mitad del capital riesgo en deep tech en Europa, con 21.300 y 19.800 millones de dólares respectivamente. Alemania fue tercera con 13.500 millones. En cambio, el Estado español solo llegó a los 1.000 millones, de los cuales Catalunya concentró una tercera parte.Transeúntes en Barcelona Àlex Garcia Hoyuelos / La VanguardiaEsta diferencia se traslada a la escala de las empresas que podemos construir. Ecosistemas como Londres o París tienen la capacidad de financiar el crecimiento de las empresas hasta fases adelantadas. Aquí, en cambio, muchas startups tecnológicas pueden nacer, pero tienen dificultades para crecer y solo lo pueden hacer con capital extranjero o haciendo las maletas. Las economías que lideran la inversión en tecnología son las que capturan el valor añadido más alto, las que generan empleo más cualificado y más bienestar social. Catalunya tiene activos indiscutibles: universidades competitivas, centros de investigación de excelencia, ingenieros bien formados y una capacidad notable para crear nuevas iniciativas empresariales. Pero hay que construir empresas industriales y tecnológicas capaces de escalar, con vocación global y una base científica sólida.Y eso exige tiempo, capital y unos incentivos alineados. Y también entender que los países que lideran lo hacen porque han sabido alinear talento, capital y estrategia pública y privada. No hacerlo nos condena a la decadencia, en la cual se ha normalizado celebrar la creación de puestos de trabajo que, por su precariedad, nos empobrece. Revertir esta dinámica requiere decisiones valientes. Como ponerlo fácil en las empresas que generan puestos de trabajo bien remunerados. Y quizá todavía más importante, dejar de subvencionar (ni que sea indirectamente) los modelos de negocio basados en sueldos precarios.