Los miles de migrantes acampados en condiciones precarias e insalubres en la Jungla de la ciudad costera francesa de Calais a la espera de cruzar al Reino Unido se convirtieron, en 2016, en la imagen de la vergüenza y el fracaso de las políticas migratorias europeas. Una década después del desmantelamiento del polémico campamento, y en pleno endurecimiento de las políticas migratorias de la UE, el problema de las travesías marítimas ilegales del canal de la Mancha no solo no ha sido resuelto sino que, tras los recientes acuerdos para redoblar la vigilancia de la costa francesa con dinero británico, amenaza con desplazarse a la vecina Bélgica.El fuerte incremento de las incautaciones belgas de pequeñas embarcaciones cargadas de migrantes en los primeros meses del año ha desatado todas las alarmas de las autoridades nacionales. Y de las europeas, que acaban de presentar un “plan de acción” para la ruta del Canal en un intento de ofrecer nuevas (y no tan nuevas) soluciones para un rompecabezas que nadie parece saber resolver.Al final de la larga playa del balneario belga de De Panne, marcando la frontera con el lado francés, se alza Westpunt, una monumental escalera geométrica de hormigón que empieza y acaba en el mismo punto, formando un arco a través del cual se avista la vecina ciudad francesa de Dunkerque. Más lejos, en algún punto de un horizonte cargado de nubes, se alza la costa británica que tantos migrantes sin papeles ansían alcanzar como sea, aún a riesgo de jugarse la vida abordando precarias embarcaciones hinchables, apenas con lo puesto y un chaleco salvavidas que de poco les servirá si naufragan en las siempre frías aguas del canal de la Mancha, una de las vías marítimas más transitadas del mundo.Decenas de miles lo han intentado en los últimos años, sobre todo desde que la vía terrestre, a través del túnel del Canal que parte de Calais, se hizo prácticamente imposible por el incremento de la vigilancia de los camiones en los que se escondían. Solo en 2025, 49.966 personas a bordo de 795 frágiles embarcaciones —normalmente, lanchas neumáticas— intentaron cruzar el Canal de la Mancha desde la costa norte de Francia, cuyas fuerzas rescataron a 6.177 migrantes en el mar, según el balance anual de la Prefectura Marítima de La Mancha y del mar del Norte. La UE cifra en casi 64.000 los intentos totales de atravesar el Canal en 2025. Muchos lo lograron: Londres ha admitido que más de 41.000 personas consiguieron llegar ese año a sus costas, la segunda cifra más alta desde que el Gobierno británico comenzó a contar las llegadas, en 2018. Al menos 25 personas perdieron la vida en el intento.Si la travesía ya es arriesgada desde Calais, el punto más cercano a la costa británica, desde las playas belgas ―aún más alejadas― el riesgo se multiplica. Sin embargo, cada vez son más los que lo intentan: si en 2024 y 2025 apenas fueron detectados barcos partiendo de las playas belgas, en lo que va de 2026, las autoridades llevan interceptadas al menos una treintena de embarcaciones. Los operativos policiales fueron especialmente intensos en las últimas semanas de abril y comienzos de mayo, cuando en los apenas 30 kilómetros de costa que separan De Panne de Middelkerke, casi 200 migrantes fueron detenidos, bien en camionetas que los llevaban hasta la playa o cuando esperaban ya, agazapados entre las dunas que se extienden a lo largo de la larga costa atlántica belga, la llegada de las mafias que debían ayudarles a llegar a la costa británica.En total, según datos de la policía mencionados por la prensa belga, más de 400 personas han sido interceptadas en lo que va de año. Se ha detenido además a 55 sospechosos de pertenecer a las mafias que facilitan los pasajes ilegales.Además de los botes que parten directamente ya desde las playas belgas con hasta 60 u 80 personas a bordo, desde Vluchtelingenwerk Vlaanderen, una organización paraguas de ONG flamencas que trabajan con migrantes, se ha detectado un nuevo fenómeno, los llamados “barcos taxi”. Según Joost Depotter, coordinador de políticas de Vluchtelingenwerk, “salen desde la costa belga, en su mayoría botes hinchables en mal estado y con motores improvisados, y tratan de llegar hasta la costa frente a Calais y Dunkerque”, recogiendo a migrantes en diversos puntos.Catherine, una profesora de secundaria que, tras jubilarse hace un par de años, se instaló en De Panne, es testigo de la nueva tendencia migratoria. Recorre diariamente la playa con su perro y, en más de una ocasión en lo que va de año, ha visto, sobre todo a primera hora de la mañana, a pequeños grupos de migrantes entre las dunas. La última vez fue hace unas semanas.“Ahí estaban, tres hombres, acurrucados bajo una manta, esperando delante de las dunas”, señala en un lugar de la playa donde los edificios de viviendas mirando al mar —casi todos vacíos fuera de temporada— se hacen más escasos y comienza un parque natural. “Tenían aspecto de estar agotados”, revive el momento con pena.El fenómeno migratorio, según la ministra de Justicia belga, Annelies Verlinden, se ha frenado desde comienzos de mes. Pero con el regreso del buen tiempo se teme que vuelva a despuntar. De hecho, el Reino Unido, que hace un recuento semanal de llegadas, registró el lunes, tras más de una semana sin incidentes, la llegada de 11 embarcaciones con más de 700 migrantes a bordo. No parece, sin embargo, afectar a la vida de esta popular zona costera belga plagada de bares, restaurantes y boutiques. Emmanuel es responsable de una brasserie en primera línea de playa en Nieuport, otro popular balneario situado entre De Panne y Middelkerke. Vive en Ostende y cada día toma el tranvía que recorre los 67 kilómetros del litoral belga hasta la frontera francesa. Ha visto a menudo a migrantes que buscan llegar a los puntos de salida de las embarcaciones ilegales, pero asegura que no afectan al día a día de la turística costa. “No son un problema para nosotros”, zanja. “No son vándalos”, insiste también Catherine.La prensa belga ha reportado cómo algunos vecinos de la zona se han topado, desde principios de año, con chalecos salvavidas o incluso con botes abandonados en medio de la arena. Con todo, estos casos no son un fenómeno todavía tan recurrente como lo es en las playas de la vecina Francia.París y Londres acaban de firmar un acuerdo multimillonario para reforzar la vigilancia de la costa francesa, que prevé duplicar las fuerzas de seguridad hasta unos 1.400 agentes en 2029 y que permitirá “reforzar el patrullaje y las operaciones de inteligencia en Francia para reducir las travesías ilegales”, según el Gobierno británico.Lo que los vecinos al sur celebran como un éxito, inquieta en cambio a las autoridades locales belgas, que temen sufrir las consecuencias. “Los traficantes buscan la vía con menor resistencia. Es como un colchón de agua: cuando presionas en un lado, se hincha por otro”, dijo el gobernador de Flandes Occidental, Carl Decaluwé, que, como los responsables policiales locales, reclama más medios ante un fenómeno que, dicen, los desborda.A comienzos de junio, el ministro federal del Interior, Bernard Quintin, anunció el envío de 25 agentes para reforzar a los 45 policías ya desplegados en la kilométrica costa belga. Recibirán, eso sí, apoyo de las fuerzas de seguridad galas y holandesas a lo largo del verano. También se creará un grupo con Francia, Reino Unido, Países Bajos y hasta Dinamarca para mejorar la cooperación transfronteriza.También Bruselas calienta motores. La Comisión Europea ha presentado este martes un “plan de acción” para “reforzar la capacidad operativa en las fronteras entre el Reino Unido y los Estados miembros más expuestos, con el fin de mejorar el conocimiento de la situación, el intercambio de información y la cooperación operativa”. Prevé, entre otros, el despliegue de personal y equipos de Frontex (como medios de vigilancia) a lo largo de las fronteras del Canal de la Mancha y del Mar del Norte, así como la elaboración conjunta de un “mapa de las redes de tráfico ilegal a lo largo del Canal de la Mancha” que facilite su detección y desmantelamiento. “La presión migratoria se ha incrementado en el Canal de la Mancha, lo que requiere de una respuesta estructurada”, dijo ya en marzo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El nuevo plan llega justo tras la entrada en vigor, el pasado viernes, de la totalidad del Pacto de Asilo y Migración de la UE y cuando el Parlamento Europeo se apresta a dar su visto bueno final, este miércoles, que permitirá crear centros de deportación en terceros países. El enfoque preocupa a las organizaciones humanitarias: “Una política que se basa principalmente en la disuasión y la interceptación no hace más que empujar a las personas aún más a los brazos de los traficantes de personas”, recuerda Depotter. “Las hace más dependientes de las redes criminales, aumenta los riesgos y provoca un mayor número de travesías mortales”.