El aparato reproductor no entiende de estudios, trabajo, hipotecas ni otros problemas del día a día. Funciona con sus propios tiempos que, a menudo, no coinciden con las posibilidades ni las expectativas.
Y es que la concepción es un proceso complejo que depende de muchos factores. Necesita “producción de espermatozoides sanos por parte del hombre y óvulos sanos por parte de la mujer; trompas de Falopio desbloqueadas que permitan que los espermatozoides lleguen al óvulo; capacidad del espermatozoide para fertilizar al óvulo cuando se encuentran; la capacidad del óvulo fecundado (embrión) para implantarse en el útero de la mujer y una calidad embrionaria suficiente”, indica la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM, por sus siglas en inglés).
Agrega que, para que el embarazo llegue a término, el embrión debe estar sano y el entorno hormonal de la mujer debe ser adecuado para su desarrollo. Cuando tan solo uno de todos esos factores descritos se ve afectado, puede producirse infertilidad. Por ello, si una pareja lleva más de un año manteniendo relaciones sexuales sin protección y no se produce un embarazo, es posible que haya problemas de este tipo.
Las causas de infertilidad son variadas y, con frecuencia, se combinan. Se estima que alrededor de 30% de los casos son de origen femenino, otro 30% masculino, un 30% mixto y un 10% de origen desconocido, según apunta la doctora Cristina Trilla Solà, ginecóloga de la Clínica BeDona, de Esplugues de Llobregat (Barcelona), y miembro de Top Doctors Group.









