Hacia 1976, EL PAÍS anunciaba en su lanzamiento que iba a ser un periódico “para pensar” en un país que quería sacudirse 40 años de dictadura. Medio siglo después, sigue intentando contar de otra forma lo que ven y escuchan los ojos y oídos de sus redactores. Este martes dos de ellos, los periodistas Sonia Vizoso y Xosé Hermida, charlaron en Vigo con un grupo de suscriptores en el marco de los actos que el diario celebra por sus primeros 50 años. Y los lectores han tomado la palabra: “¿Cuántos columnistas son de derechas y cuántos de izquierdas? ¿Hay pactos de silencio, como el que hubo con la Corona y el Rey emérito, de los que nos enteraremos en el futuro? ¿Los discursos extremos en el Congreso son intencionados? ¿Es posible que El País Semanal publique una entrevista con Santiago Abascal? ¿Cuál es el futuro de la prensa?“... Los periodistas, habitualmente entrenados para preguntar, intentaron no dejar escapar ninguna respuesta.Xosé Hermida abrió el debate con una reflexión histórica sobre el diario. “El espíritu del periódico es el mismo, un periódico que nace con la democracia, con un compromiso social, abierto a la cultura, a la intelectualidad, y también a eso que llamamos, a veces de forma un poco petulante, el periodismo de calidad”. Recordó que el ejemplo para EL PAÍS era la prensa anglosajona, con sus estándares de calidad y con sus herramientas para separar la propiedad —con vocación de negocio, industrial— de una redacción que siempre debe ser independiente, o al menos intentarlo. “Creo que toda esa función social que el periódico intentó cumplir desde el primer momento se mantiene. Ahora bien, el periódico hoy no tiene nada que ver con el que era. Ni este periódico ni ninguno. Yo siempre dije que me había hecho periodista porque no me gustaba madrugar. Por la mañana buscábamos la información y por la tarde, con calma, la elaborábamos y salíamos muy tarde. Por eso teníamos fama de gente trasnochadora y de mala vida. Ahora, el primer turno en la redacción entra a las seis de la mañana. Actualmente el periódico en papel es una parte, ni siquiera la principal. La web es mucho más que el periodismo escrito, es una plataforma audiovisual con una dedicación plena. Se ha convertido en un periodismo pendiente de lo instantáneo”. Eso, señaló Hermida, tiene peligros: “El periodismo fue siempre un oficio muy expuesto a los errores, porque se va haciendo sobre la marcha y con rapidez. El buen periodista los intenta minimizar, contrastando las informaciones, hablando con el mayor número de fuentes posibles. A mí en EL PAÍS me enseñaron que en el periodismo honrado y de calidad cuando te equivocas, lo reconoces. Ahora, con esta carrera frenética todo es más complicado. Hay una exigencia de inmediatez que hace que la exposición a los errores sea mayor, caminamos más por el filo”. Sonia Vizoso destacó también la importancia de un trabajo más pausado, que intenta buscar la noticia a la vez que la cuenta “de la manera más completa posible, haciendo grandes las pequeñas historias”. La política actual La charla giró hacia lo que está ocurriendo en la política española, en especial sobre el nivel de los debates en el Congreso, reflejados en las crónicas de Hermida. “Tiendo a pensar que los políticos minusvaloran a los ciudadanos. El lenguaje se ha contagiado de las redes sociales de una manera brutal. Si eso es eficaz, no lo sé”. En la otra cara de la moneda, Vizoso señaló que “la política del tuit” no favorece a los políticos que intentan cargar su discurso de contenido, que trabajan para transmitir un mensaje más profundo que se aparta de la descalificación. En la charla hubo tiempo para reflexionar sobre las nuevas formas de consumo de información, donde la rapidez de la lectura y los algoritmos mediatizan la presentación de los contenidos. “El fenómeno de las redes está permitiendo la creación de guetos, de algoritmos que confirman tu criterio y no soportas que nada te lleve la contraria”, opinó Hermida. “Cada vez hay más gente a la que le ocurre”. Otra de las preguntas de los lectores fue si hay sesgo ideológico en los opinadores del periódico. Y los redactores defendieron que EL PAÍS defiende la pluralidad aunque tenga su propia línea editorial, y que es habitual leer artículos que contradigan esa línea. Lo que también es habitual es que un periódico —y sus periodistas— reciban presiones y se sientan limitados por el marco de trabajo. “Claro que hay limitaciones”, reconoció Hermida. “Los periódicos tienen empresarios, accionistas, créditos, deudas… en EL PAÍS he trabajado con un margen de libertad bastante razonable. Que yo sepa, el periódico jamás ha publicado una noticia falsa a sabiendas. Creo que EL PAÍS ha tenido altos y bajos, pero visto en su trayectoria creo que es el periódico que ha dejado más margen a los periodistas, con sus defectos y limitaciones”. Vizoso apuntó al funcionamiento interno de las redacciones y la importancia que eso tiene para construir un producto de calidad: “Un punto importante es saber cómo funciona una redacción internamente. El hecho de tener un Comité de Redacción, un Libro de Estilo, unas condiciones laborales dignas protegen al redactor. En ese aspecto EL PAÍS está en el top, y se habla poco de eso. Además, esas herramientas van evolucionando. Hemos incorporado la figura de la corresponsal de género… hay una evolución”. En la recta final de la charla, una de las últimas cuestiones planteadas fue la relativa al futuro del periodismo como un negocio sostenible que equilibre la defensa del derecho a la información con la viabilidad de la empresa periodística. Sonia Vizoso lo explicó con un ejemplo muy gráfico: “Nuestra profesión sigue buscando el camino para poder ejercer y que sea un negocio sostenible. Hemos pasado por todas las etapas. Hemos regalado los tomates [en referencia a la gratuidad del producto en la web]; hemos invitado a los clientes a entrar en la tienda y pagar; hemos explicado que necesitamos cobrar. No me atrevo a hacer un pronóstico. Lo que está claro es que sin la confianza de los lectores, esto no sería posible”.