M+.- Las economías que lograron transformarse en las últimas décadas tienen algo en común: construyeron industrias tecnológicas propias. Corea del Sur, China e India entendieron que el verdadero valor económico no está únicamente en fabricar para otros, sino en desarrollar capacidades industriales, tecnología, marcas y plataformas propias.

Desde hace muchos años, México apostó por insertarse en las cadenas globales como un país manufacturero. Y ese proceso generó capacidades locales extraordinarias. Hoy el director global de Nissan es mexicano y empresas como General Motors y Ford tienen centros de ingeniería avanzados en el país.

El talento mexicano aprendió a diseñar, integrar, manufacturar y operar sistemas industriales altamente complejos. Lo que no logró fue construir marcas nacionales, propiedad intelectual propia y plataformas industriales dirigidas estratégicamente desde aquí.

Ese es el verdadero salto que las economías que lograron transformarse tuvieron que dar: pasar de participar en industrias globales a dirigir partes cada vez más relevantes de ellas.

El valor más importante de una industria tecnológica no está únicamente en fabricar piezas. Está en definir el producto, controlar la arquitectura tecnológica, entender el problema que se quiere resolver y construir una visión industrial alrededor de ello. Ahí es donde realmente se captura valor y donde un país empieza a desarrollar soberanía tecnológica real.