La actriz Laverne Cox (Alabama, 54 años) se hizo famosa como Sophia Burset en el drama carcelario Orange Is The New Black, pero tan importante como su trabajo delante de las cámaras es su labor como activista. En concreto, Cox, una de las intérpretes transexuales más reconocidas —inició su transición en 1998—, es defensora de las causas englobadas bajo las siglas DEI, correspondientes a los valores de diversidad, equidad e inclusión, y que bajo el mandato de Donald Trump viven un claro retroceso en Estados Unidos. En una entrevista publicada el pasado lunes en el diario británico The Guardian con motivo de la publicación de su libro de memorias, tituladas Transcendent, ha contado cómo la campaña de la Administración trumpista contra los principios DEI, también en empresas privadas, ha repercutido directamente en su cuenta bancaria. La intérprete contaba entre sus fuentes de ingresos con sus conferencias en universidades, y ha visto cómo estos se han reducido altamente, afirmando que se ha quedado sin aproximadamente el 90% de sus ingresos en los últimos dos años (el inicio de la segunda era Trump se remonta a enero de 2025).Aunque el éxito de la serie de Netflix (estrenada en 2013, cuando ella tenía 41 años) le valió cuatro nominaciones a los premios Emmy y dos premios del Sindicato de Actores, las pocas oportunidades profesionales para intérpretes transexuales hicieron que Cox recurriera a un plan B. Desde 2018, cuando empezó a presentar eventos y ceremonias de premios, su forma de sustento alternativa fue como oradora en universidades y empresas o siendo embajadora de marcas, siempre con sus valores como bandera. Pero ahora, gracias a Trump, estos no cotizan alto. Como apunta en The Guardian, sus contratos como presentadora han finalizado y no se han renovado, y sus compromisos para dar conferencias corporativas han desaparecido. El motivo, según sus palabras: “Este régimen ha amenazado con retirar la financiación a cualquier universidad que promueva la ideología de género y la DEI [Diversidad, Equidad e Inclusión]”. En su testimonio, ha asegurado que ni siquiera consigue trabajo como profesora, porque “aunque impartiera una clase de Actuación de posgrado, podría interpretarse como una promoción de la ideología trans. Esta es la realidad”. Aunque la actriz añade un matiz: “No me quejo, soy muy afortunada. Creo que lo importante es que, si los ingresos de Laverne Cox han disminuido significativamente, ¿qué pasa con todas las demás personas trans que no son tan privilegiadas ni afortunadas como yo? Este tipo de discriminación y de búsqueda de chivos expiatorios tiene consecuencias materiales”.No es la primera vez que la intérprete de otros títulos, como Una joven prometedora (de 2020, junto a Carey Mulligan), ha hablado en estos términos. Coincidiendo con la publicación de su biografía, el pasado 9 de junio, afirmó en la revista Attitude: “Esta Administración es muy punitiva con todo lo que sugiera DEI o ideología de género, y las empresas están muy asustadas”. Antes, el pasado abril, durante el estreno de la nueva versión de Rebelión en la granja (en la que es la voz del personaje de Snowball), acusó al Gobierno de Trump en estos términos: “Se están arrebatando los derechos a las personas, se están perdiendo sus empleos, la atención médica, se está revirtiendo la transición en prisión, se está atacando la atención de afirmación de género, no solo para niños, sino también para adultos. Nunca se ha tratado de proteger a las mujeres, sino de crear una estructura que permita convertir a las personas trans en chivos expiatorios, deshumanizarlas, arrebatarnos nuestros derechos y eliminarnos de la vida pública”.Además de en lo profesional, Laverne Cox es fiel a sus creencias y su identidad en lo personal. Como ella misma cuenta en su libro de memorias y como explicó recientemente en el programa de televisión The View, en la cadena estadounidense ABC (donde también habló de las consecuencias del trumpismo), en el pasado no ha dudado en poner fin a un romance que iba contra sus principios. Se refería a su relación con un agente de policía de la ciudad de Nueva York afín a MAGA, una persona que, según ha explicado, al principio le mintió sobre su profesión y su afiliación política y a la que, finalmente, y tras darle una oportunidad, ella no quiso en su vida: “Sus ideas políticas y su vida no analizada se hicieron patentes después de tres años y medio. Pensé: ‘Lo amo, pero me amo más a mí misma”, confesó Cox en el espacio televisivo.