Hay apellidos que funcionan como una credencial y una carga al mismo tiempo. Laura Itzel Castillo Juárez, de 67 años, lleva uno de ellos. Durante décadas, su nombre ha estado asociado inevitablemente al de su padre, Heberto Castillo Martínez, uno de los referentes morales e intelectuales de la izquierda mexicana del siglo XX, un ingeniero convertido en líder opositor cuya influencia trascendió con mucho los cargos que ocupó. Las comparaciones nunca han sido sencillas. Si Castillo padre ayudó a imaginar una izquierda cuando todavía era una fuerza marginal, Castillo hija ha desarrollado su carrera en las instituciones que la generación anterior aspiró a conquistar. Este lunes, la política y arquitecta da un nuevo salto, de la estratégica presidencia del Senado a la Secretaría de las Mujeres, un cargo que llevaba dos meses acéfalo desde la renuncia de Citalli Hernández. El nombramiento tiene detrás una trayectoria extensa, construida entre oficinas gubernamentales y espacios legislativos, siempre bajo la sombra de un apellido que abre puertas, pero también eleva las expectativas.Su llegada al gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum ocurre después de una carrera que atraviesa buena parte de las transformaciones de la izquierda mexicana. Desde los años en que los movimientos progresistas ocupaban espacios reducidos en el sistema político hasta el momento actual, en el que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) concentra el mayor poder institucional de las últimas décadas, Castillo Juárez ha sido testigo y parte de ese trayecto. La política nació en Ciudad de México en 1957, en un hogar donde la discusión pública formaba parte de la vida cotidiana. Mientras otros niños crecían escuchando conversaciones familiares comunes, ella se formó en un entorno donde las disputas sobre democracia, justicia social y participación política se sentaban todos los días en la mesa. Una forma de vida que terminó marcando su futuro y su visión del país.Su madre, María Teresa Juárez, normalista y activista, participó en distintas causas relacionadas con los derechos civiles. Su padre, el ingeniero Castillo, se convirtió en una referencia obligada para varias generaciones de la izquierda mexicana. La combinación de ambas influencias le dio una formación delineada por la conciencia social y el activismo político.Con todo, su interés profesional durante su época de estudiante no fue la política, sino el diseño de ciudades y espacios. Estudió Arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en los años en los que las discusiones sobre el crecimiento urbano comenzaban a ocupar un lugar de calado en la agenda pública. La expansión desordenada de las ciudades, el acceso a la vivienda y la movilidad son temas que la acompañaron durante décadas.Antes de instalarse de lleno en la vida pública, trabajó en proyectos vinculados a la ingeniería y la construcción. Esa etapa le dio una perspectiva técnica poco vista entre los cuadros políticos de izquierda de su generación. Mientras muchos de sus contemporáneos llegaron desde las aulas de ciencias políticas o el activismo estudiantil, Castillo Juárez desarrolló un perfil centrado en la infraestructura, el territorio y la planeación urbana. Esto resultó determinante cuando inició su carrera en la administración pública. A finales de los años 90 se integró a la administración del Gobierno de Ciudad de México, otrora Distrito Federal, en un momento crucial. La capital mexicana experimentaba una transformación política sin precedentes tras la llegada de la izquierda democrática a espacios de poder con uauhtémoc Cárdenas como jefe de Gobierno. Fue diputada local y federal y coordinadora de la bancada del desaparecido Partido de la Revolución Democrática (PRD). Su breve paso como delegada de Coyoacán (1999-2000), —una alcaldía de Ciudad de México—, la colocó frente a los desafíos de gobernar uno de los territorios más complejos de la capital mexicana. Más tarde asumió responsabilidades de mayor peso en la administración capitalina. Durante los años en que Andrés Manuel López Obrador encabezó el Gobierno (2000-2005), Castillo participó en la definición de políticas relacionadas con el crecimiento urbano. Ese capítulo estuvo marcado por debates sobre vivienda, regulación territorial y expansión metropolitana, asuntos que siguen en la agenda de prioridades de la ciudad. Castillo Juárez siempre había permanecido alejada de los reflectores. No pertenece a la categoría de políticos construidos desde la estridencia mediática. Su perfil ha sido más discreto, asociado al trabajo administrativo y a la elaboración de políticas públicas. Esto explica en parte por qué, pese a acumular décadas en cargos públicos, su nombre no suele figurar entre los pesos pesados del partido gobernante. Sin embargo, su herencia política la ha mantenido dentro de los círculos de la izquierda que mantienen presencia constante desde hace más de 40 años.Su historia política corre en paralelo a la evolución de las organizaciones progresistas del país. Participó en proyectos partidistas surgidos durante los años setenta y ochenta, cuando la izquierda enfrentaba limitaciones electorales y escasa representación institucional. Vivió desde dentro la construcción de nuevas fuerzas políticas, las alianzas opositoras y los intentos por abrir espacios democráticos en un sistema dominado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó durante 70 años ininterrumpidos el país. Castillo Juárez ha acompañado la transición de la izquierda desde la protesta hasta el ejercicio del poder. Su carrera ha alternado constantemente entre la gestión pública y la representación popular. En el Congreso federal participó en discusiones relacionadas con energía, medio ambiente, vivienda y equidad de género. También ha mantenido una línea intelectual ligada a los mismos asuntos. Ha publicado textos y participado en foros especializados sobre sustentabilidad, planeación urbana y alternativas energéticas. La arquitecta ha sabido tejer su faceta académica con su actividad política. En los últimos años, su carrera ha tomado un segundo aire. Tras su paso en espacios estratégicos del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, como parte del Consejo de Administración de Pemex de 2020 a 2024, llegó al Senado bajo la bandera guinda de Morena y no tardó en colocarse en la presidencia del órgano legislativo.Su designación al frente de la Secretaría de las Mujeres representa un giro significativo en su trayectoria. Aunque ha participado en debates sobre igualdad y derechos de las mujeres durante buena parte de su carrera, el nuevo encargo la colocará en el centro de una agenda particularmente sensible para la Administración de la primera mujer en ocupar la silla presidencial.