Eduardo Sacheri combina su carrera de escritor con la de profesor de Historia y eso le da una capacidad de luces largas muy palpable en su literatura. El autor nacido en Castelar (Argentina) hace 58 años, Premio Alfaguara de 2016, ha regresado a Madrid con una nueva entrega sobre la guerra de las Malvinas bajo el brazo: Demasiado lejos, una mirada al chute de autoestima y nacionalismo que vivió su país. Futbolero hasta la médula, nos recibe precisamente mientras Leo Messi es galardonado con el Princesa de Asturias del Deporte.Pregunta. ¿Lo celebra?Respuesta. ¡Claro! Si a Bob Dylan le dieron el Nobel, cualquier premio que le den a Messi está bien (ríe). P. Tenía 14 años cuando estalló la guerra de las Malvinas. ¿Cuál es su recuerdo personal?R. El que está en el libro: una madre que irrumpe en una habitación a las seis de la mañana con la radio en la mano comentándolo con sorpresa y alegría. Y eso es lo que dominó los primeros días: alegría, euforia, sueño cumplido. No había temor a la guerra ulterior. La escuela estaba revolucionada y sonó el himno nacional. Mi recuerdo es el de esa mayoría festiva, no el de las minorías cautelosas.P. ¿Es un asunto resuelto en Argentina?R. No lo es. Hay que distinguir las Malvinas de la guerra de las Malvinas. Las islas siguen muy presentes en calles, carteles, plazas y pueblos, hay toda una mitología que cumple cien años como reclamo cultural muy fuerte. Y la guerra es más incómoda porque fue una maniobra de la dictadura en busca de oxígeno. Dejó a la sociedad en un lugar incómodo y eso persiste.P. ¿Por qué?R. Porque lo que pasó tuvo que ver con el apoyo que suscitó y aún no nos hemos hecho cargo de ello. Los propios militares no se atrevían a retroceder por miedo a la reacción popular. P. Esa fuerza colectiva tiene peligros.R. Toda fuerza colectiva tiene peligros, como también promesas. Lo vimos en los totalitarismos y me interesa indagar en ello. Las unanimidades son siempre peligrosas y la nación y el nacionalismo como conceptos también. Puedes decir que hay algo positivo en la cohesión y la armonía, pero es peligroso, siempre hay un solo paso entre la construcción de un “nosotros” y el deseo de aniquilación de un “ellos”. Y en Malvinas eso se ve. Todos los conflictos se pusieron en suspenso durante la guerra: los reclamos de democracia, escuchar a las Madres de Plaza de Mayo, la crisis económica… Sindicatos, partidos, el mundo de cultura y hasta el rock nacional y los montoneros del exilio estaban alineados. Y no lo quiero criticar sino entender.P. ¿Ese nacionalismo argentino sigue muy vivo?R. Sigue vivo en relación a Malvinas, pero ya no tiene tinte militarista, nadie sueña con otra aventura militar. El deseo de recuperar las islas y la Selección nacional son nuestros únicos vínculos identitarios que no conocen grietas. P. ¿Y Argentina cómo está hoy de autoestima?R. El quiebre de la autoestima se produjo en los años treinta y desde entonces Argentina lleva un siglo ejerciendo la nostalgia. Los liberales la colocan en las Malvinas. Los peronistas, en el derribo de Perón en 1955. Y la izquierda, en el golpe de 1976 como clausura de una posible revolución social. El paraíso siempre está en el pasado.P. ¿Y hoy?R. Igual. El progresismo ve en Milei un retroceso y los liberales una promesa de retorno. El programa de Milei es económico, a él solo le importa ordenar la macroeconomía, no hay otro programa que la Argentina exportadora muy conectada con el mundo de principios del siglo XX. Y desde la izquierda se le identifica con la dictadura no solo desde el modelo económico. Milei se referencia mucho más en el menemismo y la apertura de los noventa que en el modelo económico de la dictadura. P. ¿Entiende la victoria de Milei y el retroceso en derechos?R. Yo lo entiendo en términos de que creo que el votante más mayoritario lo votó por cuestiones económicas y no por otras. Cuando Milei recorta en áreas como cultura recorta por una cuestión de ajustar números macroeconómicos. La izquierda argentina se equivoca en no comprender el fenómeno Milei en su matriz absolutamente económica. Argentina desde hace 50 años ha crecido el 0,7% anual de promedio, con un montón de años de caída, y eso es un desastre para un país que hasta 1975 estaba acostumbrado a crecer. Sus clases medias se habían agrandado, casi todo el mundo se sentía de clase media y eso es muy fuerte en la cultura argentina. Es una sociedad sumamente igualitaria en cómo se percibe. La dictadura, Alfonsín, Menem o el kirchnerismo no lograron torcer esa inercia de decadencia y eso explica el triunfo de Milei. El problema del enfoque de la izquierda es no entender que los reclamos de la sociedad van por encontrar una senda de crecimiento económico. Había 300% de inflación anual cuando ganó. Ahí está el problema. No hablo de mis preferencias, solo analizo.P. Sigue siendo profesor de Historia en secundaria. ¿Cómo ve a las nuevas generaciones?R. Sigo siéndolo y por eso hablo así. Llevo más de 30 años enseñando historia y veo que permanecen dos virtudes: la franqueza y la frontalidad. Los alumnos dicen lo que sienten y lo que piensan. Pero también creo que su registro del pasado es cada vez menor. El peso del presente en sus vidas es mayor, no tienen ni idea de lo que pasó en el siglo XX, para ellos está tan distante como el Paleolítico. Y eso es un problema para comprender el presente. P. Miran más alrededor que al pasado.R. Hay tanto estímulo en las redes y alrededor que veo la transmisión intergeneracional de conocimientos muy fracturada. Nosotros teníamos un registro del mundo de nuestros padres y una ligazón mucho mayor, aunque fuera como algo refractario.P. Benjamín Prado también me dijo en estas páginas que nosotros mirábamos al pasado y hoy miran alrededor.R. Por eso digo que es algo general, es algo nuevo y no sé si es bueno o malo. Me alarma un poco porque entender el pasado es necesario para proyectarse al futuro. Si el presente es demasiado abigarrado, el vínculo con el pasado y con el porvenir se desdibuja. Nosotros mismos estamos más atentos a la coyuntura como si todo estuviera explotando todo el tiempo y no es así. Tenemos una visión catastrófica del presente como si no hubiera pasado nunca. No. Pasó mil veces y pasó peor. Y no advertirlo no solo nos aboca a escandalizarnos, sino a no pensar. Si te escandalizas no puedes pensar. Eso me mueve más a la periferia. Aquí habría que advertir: “Este escritor no es representativo del mundo intelectual argentino”. No me siento portavoz de un colectivo. Soy el mismo marginal de toda la vida, sigo en la periferia.P. ¿Esta es una novela de recuerdos?R. No. Para mí es fundamental diferenciar la memoria de la historia. Al hacerla descubrí todas las traiciones de mi memoria. Yo me acordaba distinto de todo. La memoria es subjetiva, sentimental, caótica, son impregnaciones. La historia es otra cosa. La novela fue precisamente un esfuerzo de distanciamiento de mi memoria.
Eduardo Sacheri, escritor: “Para mis alumnos el siglo XX es como el Paleolítico”
El autor argentino reflexiona sobre el chute de autoestima que vivió su país con las Malvinas: “La unanimidad siempre es peligrosa”








