No es frecuente que nos preguntemos cómo ha cambiado el mundo en los últimos 200 años. Porque es tanto lo que se han transformado las sociedades y, con ellas, sus paradigmas de todo tipo, que hacer un simple intento de comparación puede abocarnos a la locura. Resulta más coherente y posible, sin embargo, preguntarnos cuánto han evolucionado los conceptos sociales y éticos en los más recientes 50 años y, con ellos, nuestros comportamientos y nociones de determinados fenómenos. Y es incluso apetecible hacerlo, sobre todo, porque el ritmo trepidante con el que se ha ido transformando el mundo nos pone en evidencia que, personas como yo, las que militamos en el cada vez más nutrido y activo club de la “tercera edad” —mi personaje de Mario Conde odia esa denominación, que en su estilo irónico fundamentalista suele calificar del momento en que ya eres un viejo de mierda— percibimos las enormes proporciones en que nos distanciamos de nuestro propio pasado.Hago esta anotación sobre las velocidades del tiempo y las relaciones de comprensión y los posibles intereses respecto a pasados sociales más o menos remotos porque acabo de leer un libro cuyo título ya explica su contenido y momento, Asesinas victorianas, y su subtítulo lo desnuda: La verdadera historia de trece mujeres acusadas de crímenes atroces. Obra de la escritora británica Mary S. Hartman, este es un detallado y muy bien documentado recorrido por varios casos criminales ocurridos a lo largo del siglo XIX, protagonizados todos por mujeres de clase media, ciudadanas inglesas y francesas. Pero importa ahora anotar que se trata de una obra cuya edición original es de 1974, medio siglo atrás, en la cual se indagan hechos ocurridos casi dos siglos antes, lo cual revela las proporciones de la apuesta de la editorial Siruela para poner a circular ahora, en 2026, la versión en castellano de ese título.Tal es la minuciosidad de la investigación que por momentos he llegado a sospechar de la autenticidad de las afirmaciones¿Resulta tan atractivo, de un lado, y tan revelador, del otro, este ensayo sobre viejos crímenes en tiempos victorianos para lanzarnos a su lectura? Pues en realidad no lo sé en cuanto a su capacidad de atracción, pero he quedado convencido respecto a su condición reveladora. Porque si algo en nuestras sociedades globalizadas y digitalizadas no ha desaparecido son las dolorosas manifestaciones de violencia de género y el doble rasero para juzgar ciertos comportamientos de hombres y mujeres, fenómenos tan presentes en demasiados contextos, incluso en países que se ufanan de su evolución social.La exhaustiva investigación de Mary S. Hartman, estructurada en seis capítulos y una conclusión, coronada con un impresionante aparato de referencias bibliográficas (que ocupan casi la quinta parte de un volumen que ronda el medio millar de páginas), nos va a relatar, en ocasiones yendo hasta los más intrincados detalles, las historias de los posibles o reales asesinatos cometidos, y en cada ocasión antecedido por las motivaciones que llevaron al crimen y seguido por los procesos judiciales a los que esas damas fueron sometidas.Tal es la minuciosidad de la investigación de los casos analizados por Mary S. Hartman que por momentos he llegado a sospechar de la autenticidad de todas sus afirmaciones, pero luego la autora apuntala sus apreciaciones y conclusiones con unas contundentes notas al pie.Organizado con una estructura cronológica, que va de casos de las primeras a las décadas finales del siglo, el texto nos permite entender un proceso de evolución del papel y el espacio social de las mujeres, al menos las de la clase media europea capitalista en que centra sus pesquisas. Una época en donde, al decir de la autora, “los cambios reales que estaban transformando la sociedad y que animaban a las mujeres a aprovechar las nuevas oportunidades en su papel de hijas, esposas y madres, y los esfuerzos públicos por interpretar esos cambios, muchos de los cuales intentaban redefinir la naturaleza y la función de las mujeres (…) pero todavía limitadas por relaciones de dependencia que invitaban a la manipulación”.En el muestreo evolutivo seguido por la autora, hay varios elementos que se transparentan en su investigación y que van desde el consabido doble rasero moral y judicial imperante, pasando por la influencia que tuvo en muchas féminas la literatura romántica de la época con sus heroínas habituales o el hecho de cómo a partir de la década de 1870 comienza a fraguarse un cambio de estereotipos hacia el de la existencia de una mujer más madura, menos inocente y más responsable, que superaba (aunque no eliminaba) el de ser servil, dedicado fundamentalmente al papel de madre y obediente esposa, pues no debe obviarse que estas mujeres viven en unas sociedades en las cuales todavía se podía considerar la masturbación como una enfermedad mental y una depravación y de algunas de ellas la prensa podía decir: “Fue un asesinato gratuito, no cometido por la mano de un hombre, ya que hay en ello una refinada crueldad de la que ningún hombre, creemos, por depravado que sea, podría haber sido culpable”.Así, Asesinas victorianas consigue desde la investigación de hechos criminales realizar una penetración tangencial pero esclarecedora en el interior, más aún, en la intimidad de las sociedades capitalistas por excelencia de Francia e Inglaterra a través de la institución matrimonial y los procesos de desarrollo, desde los días de la concertación de la relación (tantas veces por motivaciones económicas o de ascenso social) hasta las tribulaciones de la vida conyugal de la época.Por ello, incluso con la distancia temporal y contextual que separa al lector de hoy de estos hechos y sus protagonistas, esta investigación nos deja claro lo arduo que ha sido el ascenso social y familiar de la mujer, al menos en el mundo occidental y que, a la violencia, muchas veces se le responde con la violencia… aunque, como nos lo transparenta Mary S. Hartman, nunca ha sido sencillo el arte de matar. Ni siquiera a un marido.Asesinas victorianas Mary S. Hartman Traducción de Raquel García Rojas Siruela, 2026 480 páginas, 29,95 euros
Nunca ha sido sencillo el arte de matar, ni siquiera a un marido
Las historias de 13 acusadas de homicidio en el siglo XIX que recopiló Mary S. Hartman en ‘Asesinas victorianas’ nos recuerdan el doble rasero con el que se ha juzgado a las mujeres







