El título de este libro lo podría pronunciar una mujer de hoy, porque, por desgracia, los crímenes machistas no dejan de poblar los titulares. Hubo un tiempo, sin embargo, en el que estos asesinatos, estas dinámicas de violencia contra las mujeres, se camuflaban, se escondían (algo que aún sucede en algunas partes del mundo). En el siglo XX, estaban tan normalizadas en las conductas sociales que ni siquiera se percibían como los abusos que son. En ese contexto, muchas obras culturales, de forma consciente o inconsciente, actuaron como una herramienta para perpetuar el statu quo, incluso cuando esta cultura era producida por y para ellas. Es más: sobre todo actuaba así cuando se dirigía a ellas; para ser exactos, al subgrupo de mujeres blancas de clase media.

El ama de casa de clase media encarnaba el tipo de público con cierta formación (pero no demasiada) e inquietudes culturales (o más bien mucho tiempo libre, mucho tiempo para aburrirse) que, además, contaba con el dinero (del salario del marido) para adquirir, en este caso, las novelitas con las que entretenerse. “Novelitas”, porque de lo que se ocupa Joanna Russ (Nueva York, 1937-Tucson, 2011) en el ensayo Alguien me quiere asesinar… y creo que es mi marido (1973) es de ese corpus de ficción de consumo, tan abundante en clichés, que, más que por su calidad, interesa como fuente de estudio de los valores y costumbres inherentes a una época, una clase social, un país: mujer blanca occidental de clase media, a mediados del siglo XX, en Estados Unidos.