“Me llamo Lloyd Wilkinson Petrie, y escribo hoy 30 de abril de 1949”. Arranca así esta suerte de extraño diario personal que desde la atalaya de su provecta edad desea redactar Petrie, en su studiolo de Nueva Inglaterra en el viejo internado de Temple House en el que estuvo de joven recluido, ahora decrépito como él, para confesar su propensión a la soledad, retratar, como recuerda que hizo James Boswell con su compañero Samuel Johnson, la figura de su estrafalario amigo Ben-Zion Elefantin —cuya legendaria historia ha querido injerir en el diario a modo de manuscrito hallado—, y dibujar el recuerdo de su ambiguo padre y su enigmática colección de antigüedades. Y todo ello desde la premura de tener que admitir que la memoria siempre es traicionera, y de ahí se sigue que sus memorias pertenecen por defecto a la imaginación.Es la última e inquietante nouvelle de la autora de El chal (1980), Los papeles de Puttermesser (1997) —cuyo título no es sino un guiño más a su idolatrado Henry James, al que le dedicó en 1993 un lúcido ensayo de teoría literaria recogido en Metáfora y memoria. Ensayos reunidos (Mardulce, 2016)—, y algunos otros textos esenciales sin los que no puede componerse una imagen completa de la narrativa judeoamericana contemporánea, de cuyos grandes referentes, Malamud o Philip Roth, ejerce Cynthia Ozick de contrapunto, persuadida de que cumplía imponer la nueva Yiddishkeit y preservar de este modo una cultura judía cada vez más permeable a la idiosincrasia americana y al inglés, y firme defensora, como señaló en su relato ‘Rosa’, de la idea de que “la literatura requiere la lengua materna”.Petrie, como parece ocurrirle a Ozick, se ve como una de las reliquias egipcias que reunió su padre, recluso en su mundo pretérito que no puede ya compartirEn la línea de Henry Roth, sirviéndose de la narrativa para construir su identidad con la memoria traicionera, y con ecos si no de la letra sí del espíritu de ‘El camino no elegido’ de Robert Frost y de la ‘Rapsodia en una noche de viento’ de T. S. Eliot (“un viento tempestuoso de invierno, sobre todo de noche, es como una advertencia incomprensible”, escribe Petrie), ejercicios para la reconstrucción fragmentaria y degradada de un pasado siempre voluble, el diario que el anciano abogado escribe, ansioso y con alevosía, a veces de madrugada pero siempre como una kafkiana liturgia, adquiere desde el principio el tono de un ensayo sutil acerca de la naturaleza de la memoria y de las delicadas lindes que separan el recuerdo de la imaginación: “¿A qué temo consentir? ¿A que me seduzca el enigma de la memoria? ¿Y a que la memoria sea capaz de fabricar, igual que los sueños, lo que la mera conciencia no puede?”. De forma autorreferencial, y dirigiéndose a menudo a un lector que tiene muy presente —“El lector atento [si tal lector existe a estas alturas] es mi testigo”— cuando formula sus constantes interrogaciones retóricas, convirtiendo las cavilaciones de su personaje en legítimas reflexiones de autor sobre el oficio, la gran Cynthia Ozick nos invita a que confundamos al bueno de Petrie con ella misma y leamos Antigüedades como la última introspección de la narradora neoyorquina, un ensayo disfrazado de ficción con el que tratar de comprender la magia de la literatura, que en su opinión se sustenta en la idea de James de que “es el arte lo que hace la vida, lo que la hace importante”.A su edad avanzada, Petrie se ve a sí mismo como una más entre las antigüedades egipcias que reunió su padre, recluso en su mundo pretérito que no puede ya compartir, y otro tanto parece ocurrirle a Ozick, proclive a una actitud conservadora que recela de unas modernidades siempre transitorias que desdeñan el legado cultural que las antigüedades representan, y no en vano Contra la modernidad (1998) es uno de sus ensayos esenciales para lo que nos ocupa. Metafórica exquisitez, Antigüedades vio la luz en 2021, cuando su autora era ya una nonagenaria. Será tal vez su última obra narrativa, y por fortuna celebramos ahora su traducción al español.Antigüedades Cynthia Ozick Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino Alpha Decay, 2026112 páginas. 17,90 euros