Zinedine Zidane solo se enfrentó una vez a Leo Messi, en un clásico de 2005 que acabó encumbrando a Ronaldinho: 0-3 en el Bernabéu. Su hijo Enzo también jugó en una ocasión contra La Pulga, en 2017, cuando estaba en el Alavés. Y en este Mundial puede haber un tercer Zidane contra Messi: Luca, portero de Argelia, el primer rival de la vigente campeona, Argentina (3.00 del martes al miércoles, Dazn). El meta, nacido en Marsella hace 28 años, fue con Francia en categorías inferiores, pero esa vía no dio más de sí para él y hace menos de un año se unió a su nueva selección, beneficiado por la nacionalidad de sus abuelos paternos (Smail y Malika). En la Copa África del pasado invierno fue el titular y, si la rotura del mentón y mandíbula que sufrió en abril con el Granada no lo impide, en Estados Unidos también se le verá bajo palos. “No ha tenido una carrera fácil. No sé si otros hubiéramos superado lo mismo que él. Nunca ha puesto excusas, ni ha mirado a izquierda o derecha. Ha tenido la humildad de escuchar”, cuenta Alberto García, compañero suyo en el Rayo en la 2020-21 y colega de puesto. “Yo tuve una lesión muy grave y él heredó mi dorsal. Me iba a retirar, así que ya no éramos competencia y eso me dio una mirada más limpia sobre él”, aclara el exmeta, ahora comentarista en Movistar. “Era introvertido, pero muy directo. Quería que le hablaras claro, y ahí congeniamos. Costaba entrarle y pasar a ser de su confianza. Te lo tenías que ganar. El elogio te lo ponía en duda, te preguntaba por qué le decías eso bueno. Era más fácil soltarle algo malo que algo bueno. Él se exigía más de lo que otros lo hacían desde fuera”, explica Alberto García.Luca Zidane se desarrolló en la cantera del Madrid y en el Castilla compartió vestuario con Vinicius, Fede Valverde, Achraf y su hermano Enzo. Llegó a disputar dos partidos con el primer equipo, siempre con su padre como entrenador, hasta que se tuvo que buscar la vida fuera, por las carreteras secundarias. Pasó por el Racing (2019-20), Rayo (2020-22), Eibar (2022-24) y esta ha sido su segunda temporada en el Granada. Con la selección argelina, apenas suma siete encuentros. Con un vistazo a su ficha, es fácil deducir cuál ha sido uno de sus hándicaps: la altura de 1,83, lejos de las demandas de la gran élite en estos tiempos. “Eso le ha impedido estar más arriba”, considera Alberto García. A cambio, siempre ha destacado por el juego de pies, un tren inferior fuerte y su buen uno contra uno. “A mí me gustaba, era completo y sabía jugar el balón”, apunta Iago Farto, que fue su entrenador específico en el primer destino lejos de Valdebebas, en un curso muy complicado en Santander, con el último puesto del Racing. Allí, como en el resto de clubes, recibía a menudo la visita de sus familiares. “Siempre discretos”, precisa Farto.“Me sorprendió en el plano personal. Era agradable y humilde, pese a lo que todos podían pensar por su apellido. En el fútbol, siempre te miran con sospecha por tus orígenes. Yo no le debo nada, ni él a mí, ahora podía decir otra cosa, pero así lo vi. Cuidaba la alimentación, el descanso, creo que tenía un entrenador personal y te pedía trabajo para hacer”, cuenta Iago Farto, metido ahora a preparador personal y ya lejos del mundo del fútbol. A su juicio, su déficit de aquellos tiempos era la precipitación. “Quizá por esa falta de experiencia”, indica. También en El Sardinero le adivinaron cualidades de liderazgo. Este año en Granada, eso sí, se ha encarado con la grada durante algún partido después de alguna acción. Luca Zidane nació dos meses antes de que su padre marcara dos goles en la final del Mundial 98 contra Brasil. De los cuatro hijos de Zizou, Enzo dejó de jugar sin llegar a los 30, Théo está en el Córdoba, Elyaz en el filial del Betis y Luca en el Granada. A ninguno de ellos el fútbol les ha dotado, ni mucho menos, del talento del padre, pero para Luca esta debería ser la segunda Copa del Mundo de un Zidane.
Luca Zidane, el portero que cuestionaba el elogio
El meta de Argelia, que se enfrenta a Argentina, aspira a convertirse en el segundo de la familia en disputar un Mundial











