Si usted, querido lector, anda al día de las novedades televisivas y, además, se pasea con asiduidad por esta columna, tendrá más que presente La maldición de Widow’s Bay, serie de Apple TV creada por Katie Dippold, cuya primera temporada concluye este miércoles, con la recién confirmada promesa de una segunda. Eva Güimil la elogió como merece el jueves pasado desde este espacio. No vengo, pues, a celebrar la singularidad de la que ya se ha convertido en una de las series del año, pero sí a hablar de una de las maldiciones de las que se libra Widow’s Bay al tiempo que se perpetúa en el panorama televisivo dentro y fuera de nuestras fronteras: el edadismo. A la vez que vamos descubriendo los terrores de la inventada isla de Nueva Inglaterra que da título a la serie, nos cruzamos con un buen puñado de personajes mayores de 65 años. Ahí están, entre otros, los fantásticos Stephen Root, Dale Dickey, K Callan y William Hill interpretándolos. Incluso, si me permiten el chiste, nos hemos cruzado con un personaje de varios siglos. Pero si salimos de la isla de Widow’s Bay —nosotros sí podemos, que no hemos nacido allí—, el panorama es desolador. ¿Qué series nacionales y extranjeras recordamos en los últimos años protagonizadas por alguien que ronde la setentena? ¿Qué personajes se libran de los estereotipos asociados a esa edad?La coyuntura es aún más dramática si tenemos en cuenta que gran parte del público televisivo hace décadas que dejó la juventud atrás, y vive en una suerte de despotismo ilustrado televisivo: todo para ellos, pero sin ellos. Por supuesto, no ocurre solo en la televisión, pero en ella cristaliza especialmente esa suerte de exclusión que les hacemos a los viejos. En aras de un absurdo canon aspiracional —juventud, riqueza, belleza, delgadez— definido e impuesto no se sabe muy bien por quién, cada vez se les destierra más lejos de las historias que se cuentan cuando si a algo deberíamos aspirar es a llegar a viejos. Por supuesto, es un asunto que se ceba con mayor dureza en las mujeres, donde se genera un doble fenómeno: no solo son muchos menos los personajes de ancianas, sino que se eligen a actrices mucho más jóvenes de la edad que supuestamente tienen para interpretarlos. Hace nada, vimos a una fantástica Jodie Foster en True Detective y la conversación giró alrededor de su edad y su físico. A ver si el problema no radica solo en quienes deciden, sino en cómo miramos el resto.