Eduardo R. Barrero
Actualizado a las 23:24h.
Había muchas formas de interpretar el once inicial de Egipto. Tres centrales, dos carrileros y dos pivotes defensivos invitaban a pensar en una selección refugiada atrás, esperando el error y sobreviviendo como pudiera ante una Bélgica superior sobre el papel. Pero ocurrió justo lo contrario.
El conjunto de Hossam Hassan salió a jugar. A discutirle el balón a Bélgica, a atacar y a demostrarle al mundo que el dibujo no siempre cuenta toda la historia. Especialmente durante el primer cuarto de hora, cuando los egipcios sorprendieron con una propuesta atrevida y encontraron premio muy pronto.
La jugada nació donde suelen empezar muchas cosas en esta selección: en los pies de Mohamed Salah. El delantero recibió, levantó la cabeza y encontró a Ashour en la frontal. El centrocampista controló y sacó un disparo seco y potentísimo al palo izquierdo de Courtois. Imposible incluso para el portero del Real Madrid.










