Ganar esta vez significa más que ganar en Nueva York.Las aceras de esta ciudad tienen la capacidad de hablar. A menudo son testimonio claro de la dejadez y la indiferencia por los otros residentes, con todas esas botellas y latas tiradas a menos de un metro de una papelera, o mirando hacia otro lado y tapándose la nariz al pasar junto a un sintecho, como si negando el problema fuera a desaparecer.En otras ocasiones, como se subrayó este domingo con la victoria de los Knicks tras 53 años de sequía en la NBA, captan la expresión del orgullo no de ser aficionados al baloncesto, sino de ser neoyorquinos, te gusten o no los Knicks, con esa gente que por el hecho de vestir la zamarra o la gorra de ese equipo, o simplemente por llevar una camiseta con el lema “New York”, se saludaba efusivamente sin conocerse, unida en la felicidad de que por fin la ciudad celebrara un éxito deportivo desde el esfuerzo y el sacrificio coral y no desde la comodidad del paraíso exclusivo de los multimillonarios.Hace escasas semanas nadie daba un céntimo por estos Knicks. Su estrella, Jalen Brunson, elegido MVP de las finales, no se le tenía en consideración por bajito. Pero esto es Nueva York, capaz de lo peor y de lo mejor. En la meca del capitalismo y el individualismo voraz aún late un corazón.Precisamente en una de esas aceras de la Avenida Broadway, en el Upper West Side (UWS) de Manhattan, alguien escribió con tiza de colores: “En algún lugar entre vivir y soñar, está Nueva York”.Al margen de los vándalos habituales, que aprovechan el alborozo para sacar el odio social que llevan dentro, el Empire state of mind, ese “espíritu de Nueva York” interpretado por Alicia Keys, está a tope como no se había visto de forma colectiva desde hace tiempo.Posiblemente no se había experimentado una exaltación de júbilo popular así desde aquella noche de mayo del 2011 en la que muchos se congregaron en la entonces zona cero para el festejo patriótico por la muerte de Bin Laden, el cerebro de la caída de las Torres Gemelas hacia una década.Pero esa concentración, bastante limitada en el espacio comparada a esta otra expandida como una mancha de aceite, era desde la venganza y ésta, en cambio, convirtió una metrópoli endurecida en un remanso de alegría, en cualquier barrio.Jennifer Lopez, la estrella de Hollywood que nació y se crió en el Bronx, colgó de inmediato un agradecimiento a los Knickerbokers, nombre oficial del equipo con sede en el Madison Square Garden, con el que expresó ese sentimiento que va más allá de la canasta.“Todos hemos esperado pacientemente este momento durante años. Gracias por volver a unir a nuestra ciudad, por unir al mundo. Han devuelto la fe, la esperanza y la convicción de que no hay nada que no podamos lograr. El trabajo duro, la bondad y el esfuerzo en equipo dan sus frutos. ¡Han puesto la ciudad en llamas! ¡Orgullosa de venir del barrio!, escribió.Después de de aquella victoria previa en 1973, el presidente Gerald Ford le dijo a Nueva York “muérete”, como recogió el Daily News en una célebre portada (30 de octubre de 1975). La ciudad estaba en bancarrota y la Casa Blanca no quiso rescatarla.El otro punto de referencia es 1999, cuando los Knicks perdieron la final (contra los mismos Spurs de San Antonio a los que ahora han derrotado) y vagaron por el desierto hasta este 2026. Entre tanto, los atentados del 11-S del 2001, el impacto de huracán Sandy (2012) y la covid en el 2020 (casi 1.000 muertos diarios en el punto álgido) extendieron una densa sombra en la ciudad.Creció la desconfianza y más en esta época reciente de constantes ataques del presidente Donald Trump, resentido con su lugar de nacimiento, de los precios altos en todo, de la crisis de la vivienda, de la persecución a los inmigrantes o de la falta de oportunidades.Pero este éxito ha sido un chute de amor propio. “No soy una fan del baloncesto, pero canto las glorias de los Knicks y de Nueva York, porque su victoria pertenece a toda nuestra ciudad, a la democracia, a nuestro nuevo alcalde y al espíritu de comunidad”, remarcó la escritora Siri Hustvedt, vecina de Brooklyn, en su Instagram.CelebraciónLa ciudad del alcalde socialista“Los Knicks, como representantes de esta ciudad, nos recuerdan lo que significa ser humanos: ser humildes, estrechar la mano del rival, ganar cuando todos creen que eres demasiado pequeño o que no tienes el suficiente talento. Nos recuerdan que no siempre lo más llamativo es mejor, ni que el ego es lo más importante”, reflexionó Tara, neoyorquina con raíces canadienses. “No es casualidad que tengamos un alcalde socialista. Estamos ganando y le estamos demostrando al mundo cómo se hacen la cosas”, añadió. El alcalde Zohran Mamdani ha convocado el desfile de los Knicks para el próximo jueves.“Hay algo en los tiempos que estamos viviendo, y en la presión que Nueva York ha sentido desde distintos lugares para cambiar y dejar de ser ella misma, que hace que esta victoria sea aún más dulce”, confesó Hamilton Clancy, actor, director de teatro y vecino del UWS.“Más que cualquier otra cosa, los neoyorquinos seguimos adelante, seguimos avanzando”, apostilló. Este es el Empire state of mind.