EL TESTIMONIO DE LA VÍCTIMA
Natalia Fuentes, de 28 años, pasa la jornada laboral pegada al teléfono y al ordenador. Recibe decenas de mensajes de sus clientas a través de las redes sociales, como TikTok, donde cuenta con más de 40.000 seguidores. Es dueña de una zapatería en el centro de Salamanca que tiene también tienda online. Los cobros y pagos digitales son su pan de cada día, lo que ocasiona que realice las transacciones casi en modo automático. Pero eso puede jugar una mala pasada, como esa vez en que estuvo a punto de proporcionar sus datos bancarios a los delincuentes y caer así en una estafa de smishing.
“Menos mal que no llamé al número de teléfono del mensaje, porque si lo haces, se hacen pasar por el banco, te piden datos y códigos, te ponen nerviosa y cuanto te das cuenta es tarde”
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En qué consiste la estafa







