El papa León XIV optó por llamarse de esa manera en homenaje a León XIII, autor de la Encíclica Rerum Novarum (1891)Desarticuladas las viejas instituciones del orden internacional surgido de los acuerdos de Yalta, cuya máxima expresión es la Organización de las Naciones Unidas, no emerge ahora un nuevo organismo supranacional sino el establecimiento de un sistema de negociación permanente entre los dos principales estados nacionales en camino hacia la construcción de lo que podríamos denominar “un mundo de las naciones”.En 2009, en su encíclica Caritas in Veritate, Benedicto XVI planteó la necesidad de una “autoridad política mundial”, capaz de canalizar los conflictos de un mundo cada vez más conflictivo y a la vez más integrado. Quince años después, la visita de Donald Trump a Beijing y su reunión con Xi Jinping coinciden sugestivamente en el tiempo con la encíclica de León XIV para simbolizar un nuevo punto de partida en la política mundial.PUBLICIDADEsa coincidencia cronológica no es meramente accidental. En su discurso en el Congreso Nacional de Filosofía de Mendoza de 1949, hace 77 años, Perón advertía sobre la dicotomía entre los avances técnicos y el vacío espiritual que caracterizaba al mundo de su época. Esa dicotomía, desplegada hasta el paroxismo en las últimas décadas, generó una profunda crisis de sentido; crisis de sentido, que está en el origen de fenómenos como la propagación del flagelo de la droga. No casualmente Francisco bautizó como Universidad del Sentido a la institución que fundó en Roma durante su pontificado. Con su encíclica Magnífica Humanidad, fechada el 15 de mayo, al cumplirse el 135° aniversario de la publicación de la Rerum Novarum, ese documento en el que León XIII condensó las bases de la doctrina social de la Iglesia en el mundo moldeado por la Primera Revolución Industrial, León XIV acaba de universalizar el debate sobre el principal desafío de una época caracterizada por el advenimiento de la Cuarta Revolución Industrial, cuyo signo es la explosión de la inteligencia artificial, con las oportunidades y los riesgos que esa irrupción supone para la existencia humana.PUBLICIDADLa presentación de la encíclica fue un hecho original. En un acto trasmitido en directo, León XIV encabezó un panel integrado, entre otros, por dos personalidades que resumen su intención de irradiar una imagen de unidad de la Iglesia: el Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, a quienes las crónicas periodísticas sindicaron como su principal competidor en las votaciones del último cónclave, y el titular de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Víctor “Tucho” Fernández, considerado como el “teólogo de cabecera” de Francisco.Para reafirmar una armonía entre la visión religiosa y la realidad mundana expuso también Christopher Olah, un joven canadiense de 33 años, fundador de Anthropic, una empresa de inteligencia artificial que acababa de tener una controversia con el gobierno de Donald Trump que determinó su exclusión en una lista de contratos del Pentágono. PUBLICIDADLa presentación de la Encíclica del papa León XIV, "Magnifica humanitas", en el Vaticano (REUTERS/Yara Nardi)Significativamente, dos días después de esa aparición de Olah junto a León XIV las acciones de Anthropic experimentaron un ascenso que llevó a su valor a 961.000 millones de dólares, cifra que la posicionó como la mayor empresa de inteligencia artificial por su cotización bursátil, desplazando del primer lugar a Open AI.La participación de Olah en la presentación de la encíclica reveló el papel desempeñado por un sacerdote católico, el padre Brendan McGuire, párroco de Silicon Valley, quien cultivó una amplia red de contactos con importantes personalidades del mundo de la alta tecnología. Ingeniero y licenciado en Informática y Ciberseguridad, Mc Guirre fundó el Instituto de Tecnología, Ética y Cultura en la Universidad de Santa Clara, desde promovió la creación de “círculos de sabiduría”, espacio de reflexión e intercambio de ideas entre los expertos en tecnología y personalidades de distintos estamentos de la sociedad. Este protagonismo de un cura párroco en Silicon Valley pone de manifiesto los alcances del despliegue territorial de la Iglesia Católica. PUBLICIDADLa encíclica no es un documento “sobre” la inteligencia artificial sino acerca de la cuestión social en la era de la inteligencia artificial. Escapa tanto de la tecnofilia como de la tecnofobia y preconiza la apertura de un diálogo orientado a la construcción de un ordenamiento regulatorio internacional acordado entre los distintos actores involucrados (los estados, las empresas tecnológicas y la sociedad civil) que permita desenvolver la gigantesca capacidad creadora de sus constantes adelantos y, a la vez, neutralizar sus potenciales peligros.La importancia política del documento está en relación directa con la creciente vinculación entre los fenómenos religiosos y los acontecimientos internacionales de las últimas décadas, cuya manifestación más reciente es la guerra de Irán, en la que un régimen teocrático de raíz islámica confronta contra Estados Unidos, donde Trump tiene su principal base de respaldo electoral en la poderosa ala conservadora del movimiento evangélico, y con Israel, cuyo primer ministro, Benjamín Netanyahu, encabeza un gobierno de coalición en que cumplen un rol decisivo los partidos de la ortodoxia religiosa judía. PUBLICIDADEn 2014, un año después de la asunción de Francisco, en plena guerra contra el ISIS en Siria, el presidente israelí Shimon Peres viajó al Vaticano para proponerle la conveniencia de crear el equivalente de unas “Naciones Unidas de las religiones” para afrontar la problemática bélica planteada por el terrorismo islámico. Pérez explicó que la ONU “carece del poder de los ejércitos que tienen los gobiernos y de las convicciones que tienen las religiones”. Recalcó que el jefe de la Iglesia Católica, por su condición de autoridad espiritual más respetada del mundo, debería liderar la iniciativa. El vigoroso impulso de Francisco al Diálogo Interreligioso, que ya había puesto en marcha como cardenal primado en la Argentina, coincidió con ese imperativo.Shimon Peres (der), entonces presidente de Israel, en los jardines del Vaticano junto al papa Francisco y Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, en junio de 2014. (AP Photo/Gregorio Borgia, file)Si bien la elección del cardenal Robert Prevost resultó una sorpresa para muchos, resultaba bastante previsible que un Colegio Cardenalicio cuyos dos tercios de sus miembros habían sido nominados por Francisco desoiría la presión de una minoría conservadora y avanzaría en la dirección de las reformas iniciadas durante su pontificado. La consigna de Francisco sobre la importancia de “desatar procesos” fue confirmada por los cardenales.PUBLICIDADUna síntesis contundente del significado de esa elección está contenida en su primera audiencia con los cardenales que acababan de ungirlo cuando el flamante Papa puntualizó que “León XIII, con la histórica encíclica “Rerum Novarum”, afrontó la cuestión social en el marco de la primera revolución industrial mientras que ahora el mundo afronta una nueva revolución, esta vez ligada al desarrollo de la inteligencia artificial”.En Magnífica Humanidad, la Iglesia Católica reivindica la vigencia de su doctrina social y busca adecuar su contenido a las nuevas demandas de un mundo en cambio permanente. Conviene recordar que el significado en español de “Rerum Novarum” es “De las cosas nuevas”. La encíclica encara una actualización doctrinaria para enfrentar las “cosas nuevas” de este siglo XXI. PUBLICIDADEstados Unidos es la cabeza indiscutida de esta revolución industrial. Es posible entonces que, más allá inclusive de la intención de los cardenales, la elección de un Papa estadounidense haya respondido a la comprensión de la necesidad de abrir un canal de diálogo entre la Iglesia Católica y esta nueva civilización naciente de raíz tecnológica, con las inocultables tensiones que supone un diálogo de esa naturaleza.La nacionalidad de León XIV encierra un doble significado: la novedad de un Papa estadounidense dentro de la Iglesia Católica y, al mismo tiempo, el impacto de un nativo estadounidense al frente de la Iglesia Católica dentro de Estados Unidos. Si en 1979 la nacionalidad de Juan Pablo II, el “Papa polaco”, explicaba por si sola el sentido de su elección, que constituyó el principio del fin del imperio soviético, y en 2013 el ascenso de Francisco marcó el creciente protagonismo de América Latina en la Iglesia universal, la elección de León XIV supuso también una definición por omisión: a pesar de los pronósticos que aludían a la posibilidad de otro Papa italiano, el Colegio Cardenalicio ratificó el fin del eurocentrismo y el eclipse del antiguo poderío de la Curia romana en la administración del Vaticano.PUBLICIDADEl papa León XIV en la plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano EFE/EPA/ALESSANDRO DI MEO