Hasta la noche del 4 de agosto de 2024, Marius Borg era simplemente el primogénito de la princesa Mette-Marit, quien llevaba una vida más o menos alejada de la vida pública, aunque siempre en el centro de la polémica por sus muchos y muy dispares trabajos, así como por sus controvertidos noviazgos. Pero ese día todo cambió. El joven de 29 años, fruto de una relación de la princesa previa a su matrimonio con Haakon de Noruega, fue acusado de agredir a la que por entonces era su pareja. Ese sería solo el comienzo de un proceso judicial en el que se han conocido más víctimas y denuncias por las que ha sido acusado de 40 cargos. Ahora el juez ha confirmado la sentencia para Borg: un juzgado de Oslo lo ha condenado este lunes 15 de junio a cuatro años de cárcel por dos casos de violación y por maltrato a una de sus exnovias, entre otros delitos, según ha informado la televisión pública NRK. Høiby, que no forma parte de la Casa Real noruega, ha sido absuelto de otras dos violaciones por el tribunal. La Fiscalía noruega solicitaba siete años y siete meses de cárcel por los delitos de violaciones, conducta sexual vejatoria, agresiones, amenazas, infracción grave de la ley de narcóticos, daños, alteración del orden público y de tráfico. Además, también solicitaban que se impusiesen medidas destinadas a proteger a las víctimas. En total, hay más de una decena de personas que figuran como agraviadas en el caso, entre ellas varias de sus exparejas.Durante el juicio, que se prolongó durante siete semanas y acaparó una gran atención mediática en Noruega, la Fiscalía presentó pruebas sobre la adicción a las drogas de Høiby, vídeos de encuentros sexuales grabados por él mismo y más de 800 mensajes electrónicos. Según se expuso ante el tribunal, una de las agresiones sexuales por las que fue juzgado habría ocurrido en el sótano de la residencia oficial de la familia del príncipe heredero.Borg permanece en prisión desde el pasado 2 de febrero, un día antes del comienzo del juicio. Fue detenido por cuarta vez por saltarse la orden de alejamiento que tenía de una de las víctimas, por amenazas y agresión. Desde entonces, el primogénito de la princesa Mette-Marit ha permanecido entre rejas en una cárcel de Oslo, donde ha podido recibir las visitas de su familia. En este tiempo su defensa ha solicitado en varias ocasiones su liberación, asegurando que no había riesgo. Sin embargo, el tribunal rechazó cada una de las peticiones alegando, precisamente, ese riesgo a reincidir. En mayo pidieron que el acusado pudiese cumplir el tiempo restante hasta conocer la sentencia en régimen de custodia domiciliaria con tobillera electrónica en el palacio de Skaugum, donde residen los príncipes herederos y escenario de algunos de sus delitos. La última de ellas fue hace apenas 7 días, cuando el detenido pidió volver a casa para estar junto a su madre, incluida recientemente en una lista para una operación de trasplante de pulmón después de que los médicos confirmasen el agravamiento de la fibrosis pulmonar crónica que le fue diagnosticada en 2018. El pasado lunes, el Tribunal del Distrito de Oslo aceptó que el primogénito de la princesa pasase la última semana antes del juicio junto a su familia, aludiendo al bajo riesgo de quebrantar de nuevo la prohibición de acercarse a una de las víctimas y a la situación que atraviesa su madre. La fiscalía frenó su puesta en libertad temporal y dos días después, el Tribunal de Apelación falló a su favor. “No cree que la enfermedad de la madre reduzca el riesgo de restablecimiento del contacto con las víctimas, con el riesgo de nuevos delitos que existe”, consta en el fallo del tribunal. Ese mismo día, según reveló el diario noruego Se og Hør, fue ingresado en el hospital, donde pasó la noche bajo supervisión médica.“Estoy en la cárcel de Oslo, aislado. Tengo muy poco contacto humano. Dos o tres visitas a la semana. Es muy poco”, afirmó ante la corte el pasado 6 de mayo, el mismo día en el que se volvió a rechazar su puesta en libertad. Para intentar convencer al tribunal, Borgo denunció y criticó las condiciones en las que reside en prisión, con una mala calidad del aire que dificulta las visitas de “alguien” de su “familia próxima”, refiriéndose a su madre. “Haré todo lo posible para salir de la celda. Realmente quiero estar más cerca de mi familia y amigos, y poder salir de la celda durante muchas horas al día”, añadió. Cuando le preguntaron sobre el riesgo de volver a violar la orden de alejamiento, aseguró que no había peligro de que eso volviera a ocurrir: “Me han informado claramente de que no hay ‘segundas oportunidades”. Su defensa pedía que lo absolviesen de las acusaciones más graves, mientras que aceptaba una pena menor de un año y seis meses por los cargos que ha reconocido, entre ellos transportar marihuana y amenazas. Además, él mismo admitió padecer trastornos psíquicos desde la adolescencia. Durante el proceso, sus abogados señalaban a los medios de comunicación noruegos por la persecución a la que supuestamente ha sido sometido desde que entró a la familia real noruega cuando era un niño. “La prensa me ha acosado desde que tenía tres años” y “Tengo una necesidad extrema de afirmación. Mucho sexo, mucho alcohol. Pocos pueden identificarse con la vida que he llevado”, fueron algunas de las frases que pronunció durante las comparecencias ante el juez. En los últimos años, además de sus salidas y entradas a prisión por vulnerar las órdenes judiciales, también ingresó brevemente en un centro de rehabilitación de Londres. Apenas duró unas semanas. Su familia ha intentado mantenerse al margen de lo ocurrido y dejar que fuese la justicia la que hablase, sin embargo, en ocasiones se han visto obligados a salir públicamente ante los medios de comunicación. Una de ellas fue durante las pasadas navidades, cuando la princesa Mette-Marit explicó qué era lo que más le dolía de todo: “Lo que más me molesta es que me critiquen por cómo lo hemos gestionado como padres. Que no nos lo hayamos tomado en serio”. El heredero al trono noruego también se pronunció: “Todas las personas involucradas en este caso piensan probablemente que es desafiante y difícil. Ahora se ha aclarado cuál es la acusación y esto debe seguir en los tribunales, que decidirán cómo termina”.