DOMINGA.– “Ya, chiquita. Ya vas a descansar”. Maribel está arrodillada al borde de la excavación. Ella y sus compañeros del colectivo llevan más de cuatro horas removiendo tierra bajo el sol de Ixtlahuacán de los Membrillos, un municipio situado a unos cuarenta minutos de Guadalajara y a poco más de veinte del recién remodelado aeropuerto internacional que está recibiendo a miles de aficionados llegados para la Copa del Mundo 2026.
A su alrededor, otras madres buscadoras rezan. Varias llevan camisetas blancas estampadas con los rostros de sus desaparecidos. En una de ellas, destaca la foto de un hombre de bigote oscuro y lentes de sol que ocupa casi todo el pecho de la playera. “Dale, Señor, el descanso eterno. Y luzca para esta alma la luz perpetua...”.
Madres buscadoras rezan tras jornada de búsqueda en Ixtlahuacán de los Membrillos, Guadalajara | Diego Fernández G.
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Los murmullos de los rezos se mezclan con el canto de los pájaros, el zumbido de los insectos y la música que escapa desde una de las casas vecinas. A todo volumen, un corrido de Los Plebes del Rancho rebota entre las paredes de concreto del fraccionamiento Los Olivos. Aquí y en todo el estado domina el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).













