Frente a decenas de administradores de fondos de capital de riesgo, inversionistas institucionales, family offices y ángeles inversores, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, puso en palabras una inquietud que recorre al Gobierno de Claudia Sheinbaum. “Hay una cierta resistencia a invertir en empresas nuevas. Es lo que, desgraciadamente, nos ha caracterizado”, lamentó esta semana. En medio de una sequía de inversiones, y como reflejo de las limitaciones de su ecosistema innovador, el país ha vuelto la mirada hacia esta industria incipiente, con el objetivo de fondear su apuesta por incubar nuevos unicornios tecnológicos.El capital emprendedor experimentó un auge en América Latina, con especial fuerza en Brasil y México, durante 2021 y 2022, cuando los confinamientos por la pandemia aceleraron la digitalización de las economías. Solo en esos dos años se inyectaron unos 24.000 millones de dólares en venture capital (VC), según la Asociación para la Inversión de Capital Privado en América Latina (LAVCA), dando origen a una nueva generación de unicornios, como se conocen a las empresas tecnológicas valoradas en más de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, es un ramo de inversión que prospera en ciclos de baja aversión al riesgo y dinero barato, generalmente asociados a tasas de interés reducidas que permiten apalancamientos rentables con horizontes de largo plazo. Y esas condiciones distan del entorno actual, marcado por tasas relativamente elevadas y volatilidad en los mercados, en medio de tensiones geopolíticas como la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.En medio de ese entorno macroeconómico complejo, México ha lanzado la caña para pescar nuevos recursos. Según Ebrard, el Gobierno busca fondear con capital privado un centenar de emprendimientos enfocados en áreas técnicas de alto valor, como el diseño de semiconductores, medicamentos de última generación e inteligencia artificial (IA). A todas luces, su presencia en foros como el México VC Day, celebrado en la Ciudad de México ante fondos VC, vehículos corporativos e inversionistas de alto patrimonio, también busca activar la confianza, un factor clave para destrabar los desembolsos.Para Véronique Billia, gerente general de la Asociación Mexicana de Capital Privado (AMEXCAP), el dinero está disponible; ahora resta trabajar en las condiciones del mercado para que ocurran las transacciones. “El capital de riesgo tiene sus ciclos, y estamos realmente convencidos de que volverá”, señala en una entrevista con EL PAÍS. “Es evidente que últimamente estamos en una situación de incertidumbre, no diría nada más en México; es una condición global. Pero el dinero está, nada más que todavía está un poco retenido para ver lo que está pasando a nivel mundial. Es cuestión de tiempo”, añade. Los vehículos afiliados a la AMEXCAP destinaron unos 1.614 millones de dólares a startups mexicanas en 2025 y otros 525 millones en el primer trimestre de 2026, añade Billia, quien destaca un incipiente patrón de mejora. La industria es, además, mayoritariamente local: de los cerca de 200 vehículos de inversión que operan en el país, casi 130 son mexicanos, con apuestas concentradas en fintech, e-commerce e inteligencia artificial (IA). Así, mientras EE UU tiene el mayor mercado de capital de riesgo del mundo –aporta más de la mitad del VC global– y cuenta con varias décadas de desarrollo, abundante liquidez y un mercado activos de salidas, fusiones y adquisiciones, México muestra tesis jóvenes y con opciones limitadas para monetizar las inversiones.“Esta es una industria muy atractiva, porque hablamos de tech, unicornios e historias de éxito. Obviamente, la inteligencia artificial atrae mucha atención, pero siempre hay que pensar que también en el país es una industria muy reciente, todavía en pañales. Es de tener esa paciencia”, agrega Billia.Poca profundidad en las bolsas localesSin embargo, en medio de un crecimiento económico restringido y precios aún elevados pese al retroceso de la inflación, la paciencia es un activo escaso en México. Los empresarios manufactureros han mantenido en pausa sus proyectos durante meses, a la espera de mayor certidumbre sobre la revisión del TMEC, el tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. El acuerdo ha permitido a México capturar una cuarta parte del mercado que EE UU ha diversificado desde Asia y sirve de paraguas para que la mayor parte de sus exportaciones hacia el vecino norte entren con arancel cero.Tras meses de incertidumbre sobre el futuro del acuerdo ante la retórica de Donald Trump, los tres países han dado señales de que querer mantenerlo vivo mediante un esquema de negociaciones continuas, especialmente bilaterales entre Washington y sus principales socios comerciales. La previsión es que las tensas reuniones previstas para este verano aportarán mayor claridad al panorama, pues ya sean buenas o malas noticias, delinearán un horizonte más definido.El mercado de venture capital también busca señales en el frente de las ofertas públicas iniciales (IPOs por sus siglas en inglés), que vivieron su propio auge durante la pandemia con operaciones multimillonarias como la del neobanco brasileño Nubank, hoy con una valoración cercana a los 59.000 millones de dólares. En ese entorno, el ecosistema no solo enfrenta una menor disponibilidad de capital, sino también la ausencia de salidas claras. Y sin IPOs, el ciclo del VC se atasca.El resultado es un circuito incompleto: sin ventanas de salida visibles, los fondos recuperan más lentamente su capital, lo que reduce su capacidad —y su apetito— para reinvertir en nuevas startups. En el caso mexicano, donde los mercados bursátiles son poco profundos y cuentan con escasas empresas tecnológicas listadas, la dependencia de plazas como el Nasdaq en Nueva York además expone a inversionistas e innovadores a shocks externos. Unicornios locales como Clara, Kavak o Clip han postergado indefinidamente sus planes de salida a bolsa en busca de mejores condiciones, enfriando aún más el flujo de recursos.En el trasfondo, el desafío es estructural. México, que ha volcado buena parte de su estrategia al desarrollo de polos industriales, comienza a definir cómo será su economía en las próximas décadas, en un entorno donde la tecnología y la digitalización concentrarán buena parte del valor agregado. En el marco del TMEC, Washington ha puesto sobre la mesa una agenda vinculada a la inteligencia artificial y su infraestructura, un terreno en el que México busca no quedarse rezagado si aspira a mantener su papel como proveedor clave en las cadenas de suministro norteamericanas.En ese contexto, las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos crecieron un 21,1% interanual hasta los 50.692 millones de dólares, según datos recientes de la Oficina del Censo estadounidense, subrayando la magnitud de una relación comercial que será determinante también para el futuro del ecosistema tecnológico.
A la caza del próximo unicornio: México se vuelca al capital de riesgo ante la sequía de inversiones
El Gobierno intenta atraer interés hacia sectores tecnológicos, mientras el ecosistema de startups enfrenta un frenazo














