“Esta casa tiene muchos pisos. Es ideal para hacer gimnasia y rehabilitación, que es lo que más estoy haciendo ahora”, dice Enrique Loewe Lynch (Madrid, 84 años) mientras se acomoda en un sofá en la planta baja de su chalé. Loewe, cuarta generación de la familia fundadora de la casa de lujo más antigua de España (180 años) y la segunda más antigua del mundo (solo por detrás de Hermès), va a cumplir 85 años en agosto, pero sigue ejercitando su cuerpo y su mente. No ha sido un empresario al uso. Siempre le han interesado más las letras que los números. Convirtió la empresa de su familia en un imperio mundial, pero su mayor orgullo es la Fundación Loewe, dedicada a promover las artes. El 22 de junio, La Fábrica le concederá el Premio Alberto Anaut por su impulso a la cultura.Pregunta. ¿Qué es el lujo para usted?Respuesta. Es muy complicado de explicar y muy fácil de entender. El lujo es el refinamiento, la calidad de vida. Es la cara más brillante de la belleza. El brillo tiene dos matices, uno que deslumbra y otro que ilumina. A mí siempre me ha interesado más la parte que ilumina que la que deslumbra. He comprendido que el lujo es la sencillez. Lo más sencillo puede ser lo más enormemente bello. El lujo también es una emoción y una sensación, un misterio y un camino, una llamada especial de la belleza. Probablemente, el lujo eres tú.P. ¿Cuál es el último lujo que se ha permitido? R. Uno muy institucional. He comprado la escultura de uno de los finalistas del Loewe Foundation Craft Prize [premio anual que honra a artesanos excepcionales cuyo trabajo empuja los límites de la artesanía tradicional]. El Craft Prize me ha servido para aterrizar uno de mis temas favoritos: la artesanía. La artesanía es lujo. Poder crear es un lujo. P. Ahora hay tiendas de lujo hasta en los aeropuertos. ¿La producción masiva y el lujo son compatibles?R. Pudiera ser que sí, con limitaciones.P. Usted fue pionero en reivindicar la artesanía española. Ahora todo el mundo la abandera. ¿Se está bastardeando el concepto?R. Hay ese peligro, pero el concepto de artesanía tiene un carácter auténtico. No fue fácil redimirlo. Cuando yo empecé a abanderarlo no estaba suficientemente valorado. Hubo que hacer una redefinición de la palabra y del concepto. Se ha elevado y ahora está en su sitio. Ahora hay un momento de éxito de esta idea. Ha calado la idea de la necesidad de buscar la belleza incluso en los rincones aparentemente menos brillantes. La belleza está en todas partes. P. Usted convirtió a Loewe en sinónimo de cultura y arte. ¿No cree que la buena cultura, la ópera, la danza, el teatro, siguen siendo un lujo que solo unos pocos pueden permitirse? R. Yo creo que sí. Pero también creo que no. No está claro. Todos se pueden permitir la cultura si de verdad la quieren. Hoy hay muchos medios para acceder a ella.P. ¿Faltan mecenas en España? R. Sí, lamentablemente. Y no sé por qué, porque España es un país generoso, alegre y dinámico. Aquí pasan cosas que no pasan en otros países. Por eso vacilo en mi respuesta. Pero vivo feliz en la aparente abundancia cultural del momento presente. Creo que vamos progresando. P. Los actores culturales llevan años y décadas reclamando una ley de mecenazgo en España. ¿La cultura no es una prioridad para los políticos?R. Las leyes en España son mejorables. Dicho de otra forma, las personas son mejores que las leyes. Tenemos la energía, pero faltan los cables, los destornilladores, el sentido práctico... La cultura, el arte, el buen gusto siempre serán necesarios. Por eso no deben ser descuidados.P. Estuvo dedicado a la firma de su familia durante casi medio siglo. En ese tiempo internacionalizó la marca y la diversificó con el pret-à-porter y los perfumes. ¿De qué está más orgulloso?R. Yo solo he sido un granito de arena en Loewe. P. Ha sido más que un granito. ¿De qué está más orgulloso?R. Los perfumes fueron una caja de resonancia muy positiva. También estoy orgulloso de haber abierto la marca a un horizonte totalmente inesperado y posible. No nos quedamos en la mentalidad del pequeño artesano, del pequeño constructor de “cositas”. Además, Loewe se ha abierto a la cultura y al arte de una manera maravillosamente radical, profunda y seria. P. En 2028, la Fundación Loewe que creó usted cumplirá 40 años. ¿Pensaba que llegaría tan lejos? R. No, cuando se empieza algo, nunca se sabe. Es lo más bonito de hacer cosas nuevas y arriesgadas. Pero siempre tuve muchas esperanzas y una gran ilusión.P. ¿Le costó mucho poder crear la fundación?R. Muchísimo. Cuando propuse la idea, me decían que Loewe solo tenía que vender bolsos. Yo les respondí: “Eso no es Loewe. O no es solo eso. Loewe es mucho más”. Cuando empezamos con el Premio de Poesía, en España la poesía parecía un poco un adorno, una cosa de fiesta. Ahora está en su sitio. P. Siempre fue un hombre de negocios, pero también un hombre de letras, un humanista. ¿Alguna vez sufrió por ese “desdoblamiento”?R. Las dos facetas, la del empresario y la del hombre de letras, se apoyan y se ayudan mutuamente. Mis amigos y colaboradores no me respetan por mi capacidad empresarial. Me respetan por mis ideas. Lo digo con toda sinceridad y sencillez. P. ¿Cómo le gustaría ser recordado?R. Más por mis ideas que por todo lo demás. Yo he tenido siempre una especie de yugo, de atadura inevitable a la empresa. Era un yugo familiar, secular. Lo digo con modestia porque no quiero que parezca que está hablando el Papa. P. Bueno, para algunos, Loewe es una religión.R. Ojalá [risas]. Yo he querido ser sobre todo libre.P. ¿Lo ha conseguido?R. Lo he conseguido. Ahí se encierra mi paradoja: hacerme cargo de la empresa era inevitable, y al final eso me liberó.P. Loewe, la marca y la familia, están muy arraigadas en Madrid. ¿Qué opina de la transformación que está sufriendo la ciudad? ¿Sigue reconociendo esa Madrid en la que nació y creció?R. Sí, claro, la sigo reconociendo, apreciando y admirando en toda su evolución positiva. Estoy muy orgulloso de esa sensación de libertad, de cambio, de búsqueda de alegría que se respira en Madrid. En París se respiran unas cosas y en Múnich otras. Madrid tiene su propia llamada, su propia mirada.P. Ahora todo es “lujo” en la capital: tiendas de lujo, restaurantes de lujo, hoteles de lujo... Para muchos, la ciudad se está volviendo un lugar para unos pocos.R. Un fenómeno que apunta y que habrá que cuidar, cumpliendo objetivos. Ahora parece que pasamos por un momento de eclosión, de cambio de paradigmas, de búsqueda de nuevas ideas. Es un momento muy apasionante e interesante, pero también es un momento de confusión, de cambios y de diferencias. Sigo pensando que Madrid traduce muy bien las emociones que proyecta. Tiene un sex appeal. Promete algo y lo cumple. También está llena de contrasentidos, de sorpresas, de cambios, de saltos, como todo en la vida.P. Volviendo al lujo, se habla de una crisis del sector.R. Cuando hablamos de lujo, habría que hablar de muchos escalones. Probablemente lo que sucede es que el luxus un poco show off, es decir, el lujo para presumir es mucho menos importante que el lujo de ser. Se es lujo, al mismo tiempo que se disfruta del lujo. El lujo que a mí me interesa es el de ser, no el de parecer.P. Es un gran amante de la poesía. ¿Qué poema lo define mejor?R. Sigo buscándolo. Es una pregunta con muchas respuestas. Alguno de Fray Luis de León, de Octavio Paz, de Luis Cernuda, de Francisco Brines, de Paul Celan… Pero no voy a recitar. Soy un mal recitador. Tengo algo de musicalidad, pero cuando me pongo a recitar las luces se apagan solas.
Enrique Loewe, rey padre del lujo español: “El lujo que a mí me interesa es el de ser, no el de parecer”
Heredó una empresa familiar y la convirtió en un imperio mundial, pero su mayor orgullo es la fundación cultural que lleva su apellido. La Fábrica le entregará el Premio Alberto Anaut por su compromiso con las artes. “El buen gusto siempre será necesario. No hay que descuidarlo”, asegura









