Hay vidas quebradas desde la infancia, en las que la violencia fue siempre la normalidad. Aquellas que, alcanzados siquiera sus 18 a�os, cayeron en un primer amor que tambi�n brind� s�lo golpes, terror. Es la costumbre. Lo conocido. Y a callar. �C�mo escapar siendo a�n tan maleables? Pero, aun con fatales pron�sticos, tambi�n renacen. Despegan con propulsi�n. Su �coraje, valent�a y resiliencia� es tal que incluso dan lecciones a las profesionales de la Fundaci�n Mariana Allsopp que las asisten. La impoluta estanter�a con productos de belleza y unos guantes de boxeo lo atestigua. Est�n ya gastados contra el miedo perpetuo. �Con el boxeo me siento segura, me hace confiar en m�. No quiero volver a ser maltratada por un hombre�, sentencia Nora [nombre ficticio para proteger su identidad]. Su tono es dulce, pero resuelto.Con 15 a�os ingres� en un centro de menores de Melilla y pidi� asilo a Espa�a �por un motivo familiar�, evita dar m�s detalles. Refugiada en CEAR, intent� �empezar una vida normal, trabajar, luchar, aprender idiomas, estudiar�, relata. Pero se sumergi� en una relaci�n con un hombre que result� ser �agresivo, maltratador, celoso� y no quiso aceptar lo ahora evidente. Quiz�, de nuevo la costumbre. Hasta que un d�a la golpe� tanto que termin� con una orden de alejamiento. Acogida en un centro de emergencia de la Asociaci�n Punto Omega, tuvo que abandonar su barrio y su trabajo, �con riesgo alto�. En busca y captura su agresor, acos�ndola, le ofrecieron cobijarse en uno de los tres centros para mujeres j�venes (de entre 18 y 25 a�os) v�ctimas de violencia intrafamiliar y/o machista, que gestiona la organizaci�n Mariana Allsopp. Creada en 2017 por las Hermanas Trinitarias, en realidad la andadura es ya de d�cadas y depende de la Comunidad de Madrid, que en 2025 aument� en un 12,4% la financiaci�n para estas casas. Pioneras en el alojamiento temporal (de 2 a�os) para las v�ctimas, s�lo en 2025 prestaron apoyo, tratamiento y manutenci�n a 64 mujeres.La estanter�a de Nora.ANTONIO HEREDIA�Ahora no me siento preocupada ni con un peso continuo. Me siento acompa�ada, estoy m�s tranquila�, sonr�e Nora, tras abrir su habitaci�n propia a GRAN MADRID y mostrar las instalaciones pl�cidas, donde reside desde hace ya tres meses. �Me han ayudado a encontrar un trabajo y estudio, tengo una psic�loga todo el d�a y hasta celebramos cumplea�os. Este es un lugar m�s seguro. Aqu� puedo vivir sin temor�, insiste. Y, sobre todo, ella y sus compa�eras [13 plazas en su centro] pueden armar un porvenir que nunca imaginaron.�Quiero ser polic�a, ingresar en la Unidad de Atenci�n a la Familia y la Mujer (UFAM), para ayudar a v�ctimas maltratadas, que tienen miedo a denunciar o porque son extranjeras. Hablo �rabe, franc�s, italiano y espa�ol y puedo comunicarme con mujeres que quedaron atrapadas en la violencia�, afirma Nora. �Cuando era m�s peque�a no ten�a planes de futuro porque no ten�a un apoyo tan fuerte. Ahora tengo este objetivo�. Y lo defiende gracias a su arrojo, espoleado por el equipo de coordinaci�n, trabajadoras sociales y psic�logas, y a que disfrutan, al fin, de ese techo seguro que toda persona merece. �M�s que en los despachos, muchas veces se expresan m�s y puedes trabajar mejor con ellas en los lugares informales�, cuenta Ana Palencia, coordinadora y trabajadora social desde hace 30 a�os, que remarca la importancia de lo residencial para que las v�ctimas puedan reponerse del maltrato y que sea, adem�s, �en barrios dignos�, donde las perspectivas son otras. Incluso la decoraci�n del centro es bals�mica: �Cree en ti y todo ser� posible� o �no dejes que tus miedos ocupen el lugar de tus sue�os�. Tambi�n cuelgan murales, elaborados en talleres, que les recuerdan qu� es amor y qu� no, qu� experiencias no son m�s que pura violencia. �Trabajar la prevenci�n y que ellas sean conscientes y est�n empoderadas, para no meterse en relaciones t�xicas que puedan derivar en violencia�, es una de las claves.Una habitaci�n individual del centro.ANTONIO HEREDIA�Llegan aqu� con baja autoestima y mucho miedo y desconfianza. Como fueron da�adas por familiares o personas de referencia, han aprendido a desconfiar de los adultos. Desde el principio, hacemos por que ganen seguridad, habilidades sociales y autoestima. Con las compa�eras, ven tambi�n que no son las �nicas que han pasado por ciertas situaciones dolorosas y eso les anima a avanzar y a no quedarse estancadas en el papel de v�ctimas�, comenta Inmaculada Kalekye, psic�loga del centro desde hace tres a�os, que reconoce que lo m�s arduo de su tarea es escuchar historias desoladoras cada d�a y servir de sost�n emocional sin desbordarse. Las profesionales abren horizontes, tratan de que no se anclen a aquello terrible que padecieron.�Intentamos devolverles la responsabilidad, que asuman qu� es lo que quieren hacer con sus vidas y acompa��ndolas en sus decisiones. Y que puedan aprender tambi�n de los errores, porque vienen tambi�n con poca tolerancia a la frustraci�n. Intentamos que se sientan en casa y que sepan que es una oportunidad para ellas�, a�ade Ana Palencia, que tambi�n alude al valor de respetar los tiempos vitales de cada cual. De ah� que los dos a�os, pactados con la Direcci�n General de la Mujer, sean esenciales, m�s all� de la primera atenci�n de urgencia. �A veces no est�n preparadas para ciertas cosas, pero el fin es que carguen su mochila de herramientas, transformar su sufrimiento en capacidad para salir adelante y ser felices�.La decoraci�n del centro.ANTONIO HEREDIADe hecho, son j�venes a las que se les exige m�s que al com�n de su edad, para que alcancen una autonom�a plena cuanto antes. �Hay muchachos que van a casa y s�lo tienen que estudiar y se lo encuentran todo hecho. Ellas han superado cosas que se ve que son m�s resilientes que cualquier universitario�, incide la coordinadora. �Saben que no pueden dormirse en los laureles, tienen que aprovechar para estar preparadas�. Por ello, desde que obtienen un trabajo, abren un plan de ahorro. �Hacemos talleres de econom�a dom�stica, para que el d�a que salgan puedan alquilar una habitaci�n o un piso. A veces es complicado que lo entiendan, porque se comparan con amigas que pueden dedicar todo el dinero al ocio y ellas no�, asevera Judith Ferrera, educadora social con tres a�os en la fundaci�n. Los retos que afrontan no son ordinarios. �No les gusta dar explicaciones fuera de aqu� sobre su situaci�n. En clase no quieren que las compa�eras sepan que est�n en un centro. Tambi�n es confidencial su localizaci�n... Pero quiz� es por evitar un poco el estigma�.Pese a posibles prejuicios, las j�venes residentes son ejemplo de audacia, como poco. Valora la coordinadora: �A m� me costar�a mucho irme a otro pa�s, intentar una vida normalizada despu�s de todo. La capacidad de superaci�n, con las trayectorias vitales que cargan, de asistir a una clase, con dificultades idiom�ticas, es un aprendizaje para cualquiera�. La misma Nora no duda un segundo en escoger un adjetivo para definirse: �Luchadora�. Es todo un alegato.
La joven que renace tras huir de su ex pareja, en busca y captura: "Me siento segura con el boxeo, no quiero volver a ser maltratada por un hombre"
Hay vidas quebradas desde la infancia, en las que la violencia fue siempre la normalidad. Aquellas que, alcanzados siquiera sus 18 a�os, cayeron en un primer amor que tambi�n...













