Hace unos diez días pasé por la plaza Sant Miquel de Barcelona y allí, frente al edificio nuevo del Ayuntamiento de la capital catalana, campaban unas lonas en un edificio de enfrente que supongo que se halla en algún tipo de trabajos de conservación o mejora. Quiero pensar –de hecho lo sé; he buscado la empresa en internet– que las lonas publicitarias solo hacen referencia a la denominación comercial de la compañía constructora, pero el caso es que, frente a la nueva parte no menos noble del Ayuntamiento, luce en letras bien legibles y visibles lo siguiente: Riu Pujol. Y que sí, que ya les digo que la compañía existe y se dedica, ¡oh sorpresa!, a la rehabilitación de fachadas. Pero el caso es que ese Riu Pujol justo enfrente de lo que ha sido la principal administración y laboratorio socialista de Catalunya me pareció una ironía del destino, que me llevó a preguntarme si el anciano expresident tiene o no motivos para contemplar su legado –eso que tanto le ha preocupado siempre– con una sonrisa o incluso con una risa contenida, tal vez incluso con una carcajada.Jordi Pujol, qué duda cabe, ha sido la figura política más relevante e influyente de la historia reciente de Catalunya, muy por encima incluso de su némesis y adversario, Pasqual Maragall. Pero su salida de escena, tras la deixa (sic) y las acusaciones de corrupción a él mismo y sus hijos, parecía anticipar un final en sombra. Pues no, Pujol ha sido recientemente vindicado de nuevo y prácticamente exonerado. Ha vuelto a recibir un notable respeto institucional. Xavier CerveraCoincidiendo con la celebración por fin del juicio contra el clan Pujol han aparecido pintadas que proclaman concisamente: “Pujol, Catalunya”. Los mayores recordarán otras pintadas de 1960 con el mismo lema tras los fets del Palau. Forman parte del imaginario colectivo de la resistencia antifranquista. Jordi Pujol fue encarcelado y torturado por haber lanzado octavillas contra Franco en el Palau de la Música. Desde entonces, “Pujol, Catalunya”.Y ahora ha vuelto el viejo lema. Hacía décadas que no se veía una pintada que tan sucinta y expresivamente unificase de nuevo la figura de Pujol con Catalunya. Otra vez Pujol como el tótem sagrado de un cierto catalanismo, el que él encarna y que no podríamos en ningún caso calificar de izquierdas.León XIV habla y escribe con trazos sutiles, muy alejados del brochazo vulgar de la pintadaMás pintadas recientes por algunos de mis lugares de paso: “Narco PSOE”. Así, sin que sea necesaria aclaración alguna. Una de esas pintadas la he visto cerca de otra mucho más ramplona y que también he podido leer en algún suelo (ignoro por qué en el suelo y no en una pared como las otras): “Sanchez HDP”. Con Sánchez sin el acento preceptivo y el insulto en unas mayúsculas que parecen muy del gusto de estos jóvenes de hoy que suelen hablar mediante acrónimos.¿Qué parte de estas pintadas responde a campañas orquestadas y hasta pagadas? Lo ignoro, pero les reconozco que tengo la sospecha de que no todo debe ser vandalismo e ideología o fanatismo.Recuerdo pintadas contra Maragall acusándolo de, cómo no, traidor. Y hubo otras peores…Es la democracia. Puede que me digan algunos de ustedes.No se lo voy a discutir, pero me reconocerán que entre la famosa Niña con globo de Banksy, que deja escapar un globo en forma de corazón, y estas pintadas burdas y zafias no hay ni elaboración ni arte alguno. Solo el mensaje básico de odio o amor, de pertenencia o exclusión.La reciente visita de León XIV a España ha dejado mensajes políticos más sutiles y mucho menos envenenados, pero no sé si todo el mundo –católicos, apostólicos y romanos incluidos– los ha apreciado y entendido. Este Papa habla y escribe con trazos sutiles, muy alejados del brochazo vulgar de la pintada. Que por cierto forma parte del paisaje y no sé si el mensaje de esta Catalunya nuestra tan desnortada (sí, claro, es mi opinión). En ningún otro lugar hay tantos grafiteros aficionados y profesionales emborronando paredes y trenes.La pintada como un arte menor se ha rebajado al insulto y la simpleza. Y hay, duele escribirlo, una Catalunya que se expresa–vamos a decirlo así– mediante una forma burda de algo que no llega ni a pensamiento. La adhesión y el odio. La intolerancia y el desprecio. Yo no sé si Pujol ríe.
Pintadas, por Daniel Fernández
Hace unos diez días pasé por la plaza Sant Miquel de Barcelona y allí, frente al edificio nuevo del Ayuntamiento de la capital catalana, campaban unas lonas en un edificio de enfrente que supongo que se halla en algún tipo de trabajos de conservación o mejora. Quiero pensar –de...











