Cada vez que se le insinúa algún grado de satisfacción por su influencia en La Moneda, el jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval, agita las manos y sentencia de manera enérgica: “Yo no soy político..., no me gusta la política, vengo del mundo privado”. El interlocutor de turno suele sonreír incrédulo. A casi 100 días de su desembarco en el gobierno -instalado en una amplia oficina en el ala sur del segundo piso presidencial-, no existe nadie en los pasillos de La Moneda que desconozca quién es el ingeniero comercial de 64 años y su estrecha relación con el mandatario José Antonio Kast. El desdén que Irarrázaval suele demostrar por la política es -al menos- un rasgo de la segunda etapa de su vida: el hoy jefe de asesores presidenciales es recordado en los campus de la UC en los años 80 -donde conoció a Kast, con quien lo separan cinco años de edad- por la vehemencia de su defensa al general Augusto Pinochet. Ahora, en cambio, es común que tome distancia de los políticos, sus dinámicas y que descalifique sus lógicas señalándolas como “transaccionales”. De voz áspera y más propenso a dar órdenes que a dialogar, en Palacio cuentan varias historias para graficar el desdén que le generan los dirigentes de partidos. Una de ellas se produjo en el consejo directivo ampliado que la UDI realizó en las Termas del Corazón, en la comuna de Los Andes, en enero de 2026, cuando Kast ya había conquistado La Moneda, imponiéndose con comodidad a la entonces candidata oficialista, Jeannette Jara (PC). Kast junto a Irarrázaval La cita tenía sabor a reencuentro. El presidente electo se reunía con los máximos representantes de la colectividad en la que había militado por 20 años y a la cual renunció en el año 2016 para iniciar una aventura política solitaria. Kast llegó acompañado de Irarrázaval, también exmilitante UDI y donde se desempeñó como jefe de gabinete de Jovino Novoa y tesorero del partido, entre otros cargos. Pero mientras el presidente electo saludaba sonriente a los asistentes y reconocía rostros, Irarrázaval pedía a los presentes que no le enviaran currículum para ser parte del gobierno. Hay imágenes del término del encuentro en el que Kast aparece celebrando en el escenario con varios de sus otrora correligionarios gremialistas y levantando entusiasta el brazo derecho con el característico gesto de la UDI: formando una ele con los dedos. El hoy jefe de asesores presidenciales, en cambio, permanece con los brazos caídos. Una historia de carácter más transversal -en tanto- se produjo cuando Irarrázaval participó en un encuentro con alcaldes, ya en La Moneda, y frente a ediles del oficialismo les planteó una tesis que a los presentes les resultó insultante. “Todos sabemos que la corrupción parte en las municipalidades”. Irarrázaval -además- no disimula cierto encono con Chile Vamos. En el Hotel Regal Pacific, en Las Condes, se reunió con Pablo Longueira, Claudio Alvarado, Víctor Pérez y Carlos Bombal. Los otrora correligionarios del ingeniero comercial buscaban persuadirlo de las bondades de que Kast participara en primarias con Evelyn Matthei y de que la derecha enfrentara unida las elecciones parlamentarias. Los argumentos se hacían más intensos y las voces fueron subiendo de tono. Fue entonces que Irarrázaval tensionó al máximo la discusión al señalar: “No veo el punto: para que nosotros podamos ganar, ustedes tienen que desaparecer”. Apenas salieron esas palabras de su boca, Longueira se indignó. La reunión terminó a gritos. Otro ejemplo es que suele deslizar -con desdén- frases a los dirigentes UDI, RN o Evópoli durante conversaciones varias sobre el rumbo del gobierno de Kast en las que manifiestan su parecer que “esto no es Piñera tres”. Pero en su etapa juvenil, Irarrázaval se veía a sí mismo como un político. Tanto que hizo un intento -el único de su trayectoria- por alcanzar un cargo de elección popular en 1992, al competir por la alcaldía de Quinta Normal, el municipio que había gobernado su hermano Cristián en el período anterior. Obtuvo un 1,9% de los votos. 13/03/2026 - ALEJANDRO IRARRÁZAVAL. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ La aventura le quitó las ganas de disputar votos para sí mismo, aunque no lo alejó totalmente de la política. Más bien, lo hizo acomodarse tras bambalinas, donde alcanzó un grado de influencia casi incontrarrestable en el entorno de Kast. Quienes conocen bien al presidente sostienen que le acomoda mucho tener a Irarrázaval a su lado. En su largo historial de vida conjunta -está instalado en Buin, una localidad rural al sur de la Región Metropolitana, vecina de Paine, donde vive Kast- son dos los rasgos del ingeniero comercial que el mandatario atesora: falta de agenda propia y capacidad ejecutiva. Ejemplos sobran. Si el entonces candidato presidencial manifestaba preocupación por dónde instalarse tras ganar la campaña, Irarrázaval buscaba un lugar y resolvía. O si había que conseguir fondos, el ingeniero contactaba adherentes con premura.En el largo derrotero que supuso la conquista de La Moneda para Kast, Irarrázaval se encargó de aspectos financieros, operativos y de logística variopintos. Un rol similar cumple ahora con el mandatario, al punto que no pocos señalan que se ha transformado también en una suerte de jefe de gabinete, abriendo o cerrando la puerta del acceso a Kast. Una vez que el propio candidato se convenció de que en su tercer intento sería elegido presidente de Chile, sobre los hombros de Irarrázaval recayó la tarea titánica de reclutar a los más de 2.500 cargos de exclusiva responsabilidad de Kast que se incorporarían al nuevo gobierno. Santiago, 24 de abril de 2026.