El Castillo de If fue levantado en un pequeño islote homónimo perteneciente al archipiélago de Frioul, frente a la costa de Marsella. Esta fortaleza inexpugnable nació bajo el reinado de Francisco I, quien reconoció la importancia estratégica del puerto tras el asedio de 1524 por el Sacro Imperio. El monarca buscaba una posición defensiva que evitara invasiones marítimas y protegiera los arsenales reales de una ciudad con alma independiente. La construcción masiva se situó en la ruta de acceso a la cala de Lacydon para garantizar un férreo control real sobre el próspero Mediterráneo.
Aunque la isla era conocida desde la Antigüedad por su abundancia de caza, no fue hasta 1516 cuando se proyectó la estructura militar. Los habitantes de Marsella, celosos de su autonomía, no colaboraron inicialmente en la obra, llegando a llamar al recinto como “la Malvoisine” por su imposición. A pesar de las reticencias locales, el castillo se terminó finalmente en 1531, cumpliendo su misión defensiva con gran éxito durante los ataques posteriores. En 1536, las defensas resultaron tan disuasorias que las tropas de Carlos V prefirieron intentar la toma de la ciudad por tierra firme.
Con el paso del tiempo, la función militar de centinela costero fue dejando paso a una nueva misión como temible e inviolable prisión de Estado. Rodeada por las olas del Mediterráneo y azotada por el viento Mistral, la fortaleza se convirtió en un lugar del que era imposible escapar con éxito. Los prisioneros que soñaban con la libertad debían romper cadenas, escalar altos muros y nadar más de un kilómetro entre corrientes traicioneras para huir. Esta fama de lugar siniestro e inexpugnable se forjó durante casi cuatro siglos, ganándose el apodo de la versión francesa de la isla de Alcatraz.







