La tensión entre los dos países, que no ha dado tregua desde enero, ha provocado la desbandada de empresas extranjeras del sector turístico, columna vertebral de la economía de la isla
El Departamento de Estado de Estados Unidos negó esta semana que la empresa de Florida Vanguard Energy haya recibido autorización para exportar gasolina y diésel a Cuba, echando por tierra la esperanza de que la isla fuera a recibir unos 250.000 barriles de combustible para aliviar la durísima situación que atraviesa por la escasez de energía, y que se agrava día a día.
La decisión de Washington es una nueva prueba de que las tensiones entre los dos países no han dado tregua desde enero, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, puso en marcha una serie de medidas de presión que han empeorado la muy seria crisis económica que ya arrastraba la isla. Un escenario que muchos se preguntan si cambiará cuando empiecen a materializarse las reformas económicas anunciadas el viernes por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.
El 29 de enero, Trump firmó un decreto para imponer sanciones y aranceles a los países que suministren combustible a Cuba, en lo que representa un embargo energético de hecho. Desde entonces, ha aplicado sanciones a toda una gama de entidades y personas relacionadas con el régimen, incluido el conglomerado militar-empresarial Gaesa, que administra el 40% de los sectores productivos.













