Solo dos presidentes de Estados Unidos han cumplido 80 años en el ejercicio del cargo. Joe Biden celebró el 20 de noviembre de 2022 ese rito de paso —preludio al declive que acabó con su carrera política— con una comida familiar privada en la Casa Blanca. Donald Trump lo hará este domingo con la organización —si el pronóstico meteorológico, que da tormenta, no lo impide— de un combate de Artes Marciales Mixtas (MMA son sus siglas en inglés). No es la primera vez que un presidente convoca a famosos para soplar las velas: ahí están John F. Kennedy y Marilyn Monroe o Barack Obama con Stevie Wonder. Pero sí es el primero que lo hace a patadas y puñetazos. Trump, que el año pasado montó un desfile militar en su cumpleaños, ha levantado en el jardín sur de la Casa Blanca un arco de 27 metros de altura. El corazón del invento, cuajado de logotipos comerciales y bautizado como La Garra, es una jaula octogonal en la que a partir de las 20.00 (hora local; 2.00 de la madrugada del lunes en la España peninsular) se sucederán siete peleas de MMA en otras tantas categorías de peso para las 4.300 personas sentadas en las gradas. También está previsto que unos 85.000 aficionados sigan el evento por pantallas instaladas en la Elipse. En ese parque pegado a la Casa Blanca, Trump dio el 6 de enero de 2021 el mitin que precedió al asalto al Capitolio. Por más extravagante que suene, el combate inaugura las celebraciones del 250º aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Antes de los fuegos artificiales del 4 de julio, el programa vivirá el 24 de junio su clímax con otro derroche de culto a la personalidad más propio de Pyongyang que de Washington: un mitin que Trump improvisó cuando empezaron a acumularse las cancelaciones de las bandas musicales convocadas a la fiesta. Del campeón de peso ligero hispano-georgiano Ilia Topuria al estadounidense Justin Gaethje, recibidos ambos con honores en mayo en el Despacho Oval, el domingo subirán a la jaula 14 estrellas de un deporte tan violento y sobrado de testosterona como seguido globalmente por una afición en la que predominan los hombres jóvenes. Ese sector fue clave en la victoria que llevó a Trump de regreso al poder. Año y medio después, el halo invencible que lo acompañó en esa vuelta está más maltrecho que nunca, también entre esos votantes, por su impopularidad galopante, la guerra de Irán, el apoyo a Israel o la inflación. Los 14 luchadores ofrecieron el viernes por la noche una conferencia de prensa a los pies del monumento a Lincoln que brindó otra imagen inédita en la capital estadounidense. Bajaron las escaleras flanqueados por miembros de las Fuerzas Armadas y entre los gritos de los miles de aficionados. A las preguntas de los reporteros, se faltaron al respeto, derrocharon seguridad en sí mismos y Topuria y Gaethje casi llegan a las manos. El evento lo moderó Dana White, consejero delegado de la Ultimate Fighting Championship (UFC), promotora de las peleas de una disciplina que mezcla elementos de boxeo, jiu-jitsu o karate. El empresario bromeó sobre los inconvenientes de organizar una velada al aire libre una tormentosa noche de final de primavera y a la hora en la que cada día por estas fechas los mosquitos ganan todos los combates en la ciudad. La organización se ha comprometido a seguir los protocolos, que exigen que se detenga el espectáculo durante media hora si un rayo cae en un radio de ocho kilometros. La cuenta, que asciende a unos 60 millones de dólares, la paga la UFC, salvo la parte relativa a la seguridad, en la que se implicarán siete agencias federales. Puede parecer un dineral, pero todo indica que la empresa ha gastado bien hasta el último centavo, dada la exposición global en los medios y la validación en la cultura popular estadounidense de las que disfrutará el domingo. Paramount+, plataforma propiedad de los Ellison, otros amigos de Trump, retransmitirá el espectáculo. La UFC ha abierto una tienda efímera cerca de la Casa Blanca cuyas máquinas registradoras echaban humo el viernes con la venta de camisetas y figuritas de luchadores. Y la compañía firmó el jueves un “protocolo de entendimiento” con el secretario de Estado, Marco Rubio, que el Departamento de Estado considera un hito de “diplomacia deportiva”. Se trata de una alianza público-privada para llevar por el mundo las artes marciales mixtas como símbolo estadounidense. En la firma, Rubio hizo unas declaraciones recibidas en Washington con una mezcla de incredulidad y sorna. “Cuando Kennedy anunció que enviaríamos a un hombre a la Luna y lo traeríamos de vuelta a la Tierra sano y salvo, nadie creía que fuera posible, y lo logramos. Somos una nación fundada sobre la base de hacer aquello que nadie más se atrevía ni aspiraba a hacer. Y, en cierto modo, eso es la UFC”, dijo.Sombra de corrupciónEl negocio también se antoja redondo para el presidente: Trump ha comprado acciones por valor de entre 15.000 y 50.000 dólares de la empresa matriz de la UFC, que también es propietaria de la más teatral liga de lucha libre profesional (WWE). Con ese otro deporte, Trump empezó a hacer negocios en sus tiempos como promotor inmobiliario en Atlantic City. Obviamente, se da por hecho que sus acciones se revalorizarán con su decisión de acoger el combate en la Casa Blanca. Un grupo de reciente creación llamado Public Integrity Project puso una demanda para intentar detener el combate, que denuncian como un acto de “corrupción total”. Un juez la desestimó este viernes, así que Trump podrá celebrar según tenía previsto su cumpleaños, que en Estados Unidos coincide con el Día de la Bandera.El aniversario redondo llega en un momento en el que las sospechas sobre la salud del mandatario han crecido con su tercera visita al médico en un año para un chequeo. Fue hace un par de semanas, y los responsables del Walter Reed, el hospital de los presidentes, concluyeron que su estado es “excelente” y que su “edad cardíaca” es unos 14 años menor que la cronológica. Luego se supo que lo vieron facultativos de 22 especialidades, lo que despertó suspicacias. El hecho de que Trump se haya sometido a mitad de año a pruebas neurológicas conduce a John Gartner, psicólogo de la universidad Johns Hopkins, a pensar que sus médicos “no están contándolo todo”, y, al mismo tiempo, “desvelan más de lo que parece sin querer”. Según ese experto, la repetición solo puede indicar que “están monitoreando algún tipo de deterioro”. Gartner lidera desde hace años un grupo de especialistas que, del examen del comportamiento público de Trump, concluyeron en su primer mandato que el republicano es un “narcisista maligno”. Ahora denuncian que padece ademas “demencia frontotemporal”, y que se manifiesta, entre otros síntomas, en confusión con las palabras, reiteración de ideas y pérdida de ciertos frenos neurológicos, que en Trump suavizarían rasgos como su propensión a mentir, la ausencia de remordimiento o la grandiosidad. También están las lesiones en el dorso de las manos, manchas con mal aspecto que atraen todas las miradas. La Casa Blanca las achaca a prolongadas sesiones de apretones de manos, a los anillos de las mujeres que lo saludan, a un golpe contra la esquina de una mesa o a la ingesta diaria de 325 miligramos de aspirina, cantidad recetada por él mismo. Aunque últimamente ha sido su aparente tendencia a quedarse dormido en público la que se ha situado en el centro del debate. Abundan los indicios en las reuniones que preside en el Despacho Oval o cuando junta a su Gabinete en la Casa Blanca. El lunes pasado pareció quedarse traspuesto mientras asistía a un partido de las finales de la NBA entre los New York Knicks, su equipo, y los San Antonio Spurs. El Madison Square Garden estaba hasta los topes de aficionados vociferantes, el lance era apasionante y el presidente acababa de ser abucheado por la multitud. Aunque la última portada de la revista The New Yorker fantasea con la idea —en ella se ve a Trump en brazos de Morfeo mientras en la jaula pelean sus posibles sucesores, Rubio y el vicepresidente J. D. Vance—, parece poco probable que el republicano vaya a quedarse dormido en el combate del domingo. La MMA es una de las grandes pasiones del presidente, como ha demostrado con los años; especialmente, mientras Dana White, el jefe de la UFC, lo invitaba a sus grandes veladas cuando otros le daban la espalda tras el asalto al Capitolio. El promotor le ayudó después a ganar las elecciones por segunda vez al exponerlo a su audiencia millonaria de muchachos insatisfechos y al servirle de puente con algunos de los más influyentes podcasters del país, como Joe Rogan, aficionado a la UFC con un pasado como luchador de taekwondo y kickboxing. Rogan ha expresado su disgusto con el combate del domingo.Si el guion sigue el de noches previas, a las que el presidente ha acudido con miembros de su Gobierno o con Elon Musk, el hombre más rico del mundo, el presidente efectuará una entrada dramática en el evento de la UFC al ritmo del tema de rap metal American Bad Ass, de Kid Rock, otro amigo íntimo. Trump también hará volar en formación 12 cazas Thunderbird. El viernes por la mañana, la escuadrilla pasó por encima de la Casa Blanca dejando tras de sí su estela de incredulidad sobre una ciudad que no sale de su asombro.
Patadas y puñetazos en la Casa Blanca: Trump se celebra a sí mismo con un combate de artes marciales mixtas de la UFC
El presidente de EE UU festeja su 80º cumpleaños y el 250º aniversario de la independencia con una insólita demostración de culto a la personalidad y entre críticas por posible corrupción










