El evento reunió a más de 4,000 invitados en una estructura temporal instalada en el jardín sur de la residencia presidencial y fue seguido por decenas de miles de personas desde una zona habilitada en las inmediaciones.

Fiel a su afán por dejar huella, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró el domingo su 80 cumpleaños con una noche de combates de artes marciales mixtas de la UFC en la Casa Blanca, una escena sin precedentes que convirtió la residencia presidencial en una suerte de Coliseo romano.

Los jardines de la Casa Blanca han acogido en el pasado conciertos y recitales, pero nunca habían sido escenario de un espectáculo de puñetazos, patadas y rostros ensangrentados como el que dejaron las peleas de esta disciplina, considerablemente más agresiva que la lucha libre.

El presidente, antigua figura televisiva y magnate de la construcción decidido a romper convenciones, quiso celebrar por todo lo alto su entrada en el club de los octogenarios y mandó instalar en el jardín sur de la Casa Blanca un gran estadio con gradas para más de 4,000 invitados, mientras negociaba el fin de la guerra con Irán.

Bajo una imponente estructura metálica de 30 metros de altura, denominada “La Garra” y dotada de espectaculares focos, se ubicó el octágono en el que combatieron en siete peleas 14 de las principales estrellas de la UFC, ante la atenta mirada de Trump y la primera dama, Melania.