A los pocos minutos de que se difundiera en internet el vídeo —de un hombre negro apuñalando a un hombre blanco—, se percibía la inexorabilidad de lo que ocurriría después en Irlanda del Norte.

El resentimiento, las plataformas de redes sociales, la doble moral de los políticos y el apoyo internacional sirvieron de mecha. La chispa estalló el lunes por la noche.

Quienes vieron el vídeo no lo olvidarán fácilmente: un agresor en una calle del norte de Belfast apuñalando y acuchillando a su víctima en la cara y el cuello mientras gritaba en árabe. Los vecinos intervinieron y detuvieron la agresión, pero la víctima, Stephen Ogilvie, resultó gravemente herida, perdiendo incluso un ojo.

El miércoles, Hadi Alodid, de 30 años, refugiado sudanés, compareció ante el tribunal de magistrados de Belfast acusado de intento de asesinato. El sistema judicial fue rápido, pero las casas devastadas de familias de minorías étnicas demuestran que la venganza de una turba agitada por la extrema derecha fue aún más rápida.

—¿Quién estaba ahí dentro? —preguntó una mujer el martes por la noche, señalando una ruina calcinada y humeante en la calle McMaster, cerca de Newtownards Road, en el este de Belfast.