13 de junio, 2026 - 07h30La esperanza mueve economías. La gente emprende cuando cree. Invierte cuando cree. Estudia cuando cree. Los países no avanzan solamente con indicadores macroeconómicos; avanzan cuando sus ciudadanos sienten que el esfuerzo sí vale la pena. A las puertas de un mundial de fútbol, donde la esperanza del triunfo nos une, ese sentimiento puede ser trasformador.Pasó hace más de 130 años cuando Ecuador se imaginó moderno, capaz y con la esperanza de un hito de unidad. La Revolución liberal, cuyo aniversario fue la semana pasada, tuvo como obra emblemática el ferrocarril: una misión de innegable relevancia económica, política y social. Muchos historiadores concuerdan en que la Revolución liberal de 1895 y la finalización del ferrocarril de 1908 tienen casi la misma importancia histórica que nuestra independencia como nación.Gabriel García Moreno empieza la obra y construye tramos hasta su asesinato en 1875 y queda paralizada por décadas debido a inestabilidad política y falta de fondos. Al asumir el poder, el presidente Eloy Alfaro retoma el proyecto y lo declara prioridad nacional. Debido al tramo de la Nariz del Diablo, el nuestro fue considerado el tren más difícil del mundo porque requirió trazar un sistema de vías en zigzag para que pudiera ascender. Esta pendiente tiene un gradiente de 5 %, superando un desnivel de 500 metros. Una audacia insólita.Pero se logró. El 25 de junio de 1908, la línea férrea llegó finalmente a Quito, uniendo la capital con Guayaquil. Esto redujo un viaje que antes tomaba 15 días a unos pocos días. La obra unificó al país no solo físicamente, sino también a nivel comercial e ideológico. Facilitó el intercambio de productos y la comunicación entre regiones. Recordemos que la pugna entre conservadores y liberales marcó con fuerza el inicio del siglo. El tren representó la construcción de un Estado laico y capitalista, impulsado por un comercio en ascenso que requería infraestructura para sus exportaciones.Por eso este mundial importa mucho más para nuestra economía de lo que nos gusta admitir. Porque durante unas semanas nos permite imaginar otra vez un Ecuador unido, orgulloso y capaz. Un país que deja de verse a través de la frustración de los apagones y la inseguridad y reconoce que tiene talento, energía y futuro. Es la competencia “más difícil del mundo” pero tenemos todo lo que se requiere. Ahí están nuestros jugadores triunfando en las mejores ligas del mundo. Ahí está una economía que, pese a todo, lidera industrias globales. Y, sobre todo, ahí está ese momento sublime en el que desaparecen las divisiones, los conflictos y los problemas, y a millones de ecuatorianos nos une una ilusión.¿Otra audacia insólita? Tal vez, pero lo cierto es que estamos a horas de un nuevo hito de unidad nacional; una especie de “ritual colectivo” que nos pega como con goma; una nueva oportunidad de creer que sí se puede y que no la debemos dejar pasar… como al tren.Hace más de un siglo, Alfaro entendió que ninguna revolución podía construirse sobre un país dividido. Quizá hoy la lección siga siendo la misma. Antes de cualquier transformación, Ecuador necesita volver a sentirse uno solo. (O)