Por Sebastián Rodríguez Mora |
Buenos Aire (EFE).- Cuentista, poeta y ensayista, Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) se convirtió en una de las figuras centrales de la literatura mundial a través de una obra literaria en la que, como un bibliotecario universal, compartió a millones de lectores su pasión por la lectura.
Reconocido por libros como ‘Ficciones’ y ‘El Aleph’ o ensayos como ‘El escritor argentino y la tradición’, en los que rompió las barreras geográficas de la literatura sudamericana en el mundo, también fue un encarnizado antiperonista, una posición derivada de su origen patricio y de la experiencia familiar durante el primer gobierno del presidente Juan Domingo Perón (1945-1955).
Literato precoz -desde los cuatro años sabía leer y escribir-, criado en un hogar bilingüe por su estirpe materna inglesa y director de la Biblioteca Nacional entre 1955 y 1973, muchos de sus cuentos fueron traducidos a múltiples idiomas, como ‘El Sur’, ‘La muerte y la brújula’ o ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’, todos ellos considerados clásicos.
Borges creó a su alrededor un aura particular, ya que perdió progresivamente la visión a partir de la década de 1950 y eso impactó en su estilo, ya que hasta el final de su vida recurrió a sucesivos asistentes y a su compañera y heredera, María Kodama, quienes anotaban lo que él les dictaba mientras trabajaba los textos en su mente.











