El único contagio que produjo la crisis del hantavirus en las Islas Canarias fue la inoculación narrativa de Isabel Díaz Ayuso en el discurso del presidente canario Fernando Clavijo, cuando este afirmó, literalmente, en la Sexta que tenía “reparo a que a lo largo de la noche pudiera bajar algún roedor y poner en peligro la seguridad de los canarios”. La frase de Clavijo lleva la impronta del showrunner de Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez.
Todos los contagiados por ese virus fueron trasladados al Hospital Gómez Ulla de Madrid, ya que cuenta con unidades de aislamiento de alto nivel, diseñadas específicamente para tratar enfermedades infecciosas sin riesgo de propagación. ¿Y por qué no al Hospital Isabel Zendal, creado por Díaz Ayuso en tiempo récord durante la pandemia de la covid-19 para asistir a los afectados y atender a futuras pandemias a tan solo 14 kilómetros del Gómez Ulla? Quizás porque el Zendal, a quien Ayuso llamó “hospital de hospitales”, redujo drásticamente su capacidad con el cierre de camas de hospitalización en varias de sus áreas y tras la crisis del covid-19, su plantilla y su actividad asistencial bajaron a mínimos.
La narrativa de Díaz Ayuso también se escribe con hormigón armado y aunque a estas estructuras no se las lleva el viento, languidecen como los bestsellers en las librerías de los aeropuertos después de un tiempo de encabezar las listas de venta. A veces, hay alguna reedición como le ocurre a la Ciudad de la Justicia, despilfarro inconcluso de su mentora, Esperanza Aguirre, que Ayuso pretende reavivar, quizás para acompañar al aburrido vecino en el barrio de Valdebebas, el hospital Zendal.







