Casandra le propone a su novio Julián vivir juntos. Él le dice que no, ni ahora ni en un tiempo, aunque quizá sí a largo plazo. Cuando ella intenta indagar sobre qué le inquieta a su pareja y sobre el significado concreto de ese 'largo plazo', él no contesta o no desarrolla su respuesta. Ella siente una mezcla de incertidumbre y desconcierto. Durante meses, en distintas situaciones, Daniel se compromete con Dánae, su pareja, a hacer tres cosas importantes para ella. A pesar del cariño y hasta de la ilusión que transmite por la relación, Daniel no cumple con ninguna de ellas o no por completo: hay una brecha entre su discurso afectivo y su práctica. Emma sabe que Jonás la quiere, pero no hay manera de que él le exprese abiertamente lo que siente. Ella percibe una resistencia constante por parte de su pareja a expresarle abiertamente el amor que siente por ella, a rendirse a las emociones, a las palabras y a las conversaciones profundas, a veces también incómodas, de una relación de pareja.
Aunque en la teoría la mayoría de hombres afirmarían que sí desean (o que intentan) tener relaciones igualitarias, la práctica cotidiana es otra cosa. La desigualdad no procede siempre de comportamientos llamativos ni muchos menos violentos; en buena medida tiene que ver con una brecha emocional en la entrega, la vulnerabilidad, el apoyo, la interdependencia, o la comunicación cuando se trata de establecer vínculos con más intimidad y compromiso.











