“Mi meta es ser la primera figura de la canción española”, escribió Rocío Jurado. Lo logró, a juzgar por los 20 millones de discos vendidos y los 150 discos de oro y 60 de platino atesorados. La seña clave de que lo consiguió es que 20 años después de su muerte —el 1 de junio de 2006, a los 61 años— ya es un mito consagrado. Pero para su primogénita y heredera universal, Rocío Carrasco (Madrid, 49 años), era, sobre todo, su madre, con todo lo que eso conllevaba. Superada la impactante y mediática denuncia pública de maltrato de 2021, la hija de Jurado vive plenamente enfocada en la difusión del enorme legado cultural de su madre. Eso incluye su participación en un documental de cuatro capítulos que se estrena el próximo 25 de junio en Movistar Plus+, La más grande, en el que el director Alexis Morante descubre documentos inéditos, como una autobiografía sin acabar que la cantante escribió y que sirve de hilo conductor. Son días de gran ajetreo para Carrasco. Entre retoques de posproducción y largos encierros en estudios de grabación, atiende a EL PAÍS por teléfono y avisa: “Queda Jurado para rato”. Pregunta. Para el común de los mortales es Rocío Jurado, pero para usted era su madre. ¿Cómo es ser la hija de un mito?Respuesta. Nunca lo había percibido así. ¿Sabes cuándo estoy percibiendo eso? Ahora. Para mí, ella era Rocío Mohedano Jurado, que es mi madre. En el momento en el que se fue, fui consciente de que soy hija de un mito. Todo lo he vivido con la máxima normalidad del mundo. No tengo otra concepción porque no he vivido otra cosa. No he vivido el tener una madre presente 24 horas, he sido criada en viajes para arriba y para abajo. Cuando ella se ha ido y he visto la huella tan bestia que ha dejado en todos los ámbitos de la vida, es cuando tomas conciencia y dices: “Es que es un mito”. Ahora que soy consciente, lo vivo con el mayor orgullo que puede haber en el universo. P. Han pasado 20 años desde el fallecimiento de su madre y un funeral que paralizó todo un país. ¿Qué recuerda de aquel día?R. No quiero recordar nada, pero recuerdo. Recuerdo el calor de la gente y esos puentes de la autovía de Jerez a Chipiona llenos de gente con velas y tirando flores al coche. Eso lo recuerdo, pero no me gusta recordarlo. No quiero. P. Expertos en la obra de su madre y de grandes figuras del arte hablan de que los grandes artistas, como Camarón o Lola Flores, necesitan un tiempo de barbecho o reposo para resurgir ya como mitos inmortales. ¿Cree que estamos en ese punto?R. Discrepo en eso. Creo que se convirtieron en mitos en el momento en el que se fueron. Rocío Jurado, Lola Flores, Camarón de La Isla, Paco de Lucía o El Loco de la Colina [el periodista Jesús Quintero] son personas que no se van a volver a repetir. Por mucho tiempo que pase, saldrá gente mejor, peor, mucho mejor... Pero igual, no. P. ¿Refrendan los datos (de escuchas, de derechos de autor, etcétera) que la obra de su madre sigue viva y pujante?R. Ese dato es el que menos me importa, porque, al final, eso es algo económico. El dato más importante es que ella, 20 años después, está más viva que nunca. Está en todos los sitios, en la música, en la gente que la recuerda, en la que le canta… En un rato voy a a un homenaje que le hacen Nacha La Macha y más drags. Ese es el dato que me vale, el de todos los artistas que hacen versiones de sus canciones porque, al final, eso es lo que la mantiene viva.P. Estrena ahora un documental con Movistar, ha tenido años girando un musical... ¿Resulta difícil mantener vivo su legado cultural? R. No resulta duro en el grosso. Luego, cada proyecto es un mundo y tiene un trabajo bárbaro. El musical tiene un trabajo tremendo, el documental nos ha costado la misma vida porque se ha hecho para hacerlo perfecto. Me hubiese encantado que, en vez de cuatro, tuviera 16 capítulos. Pero a mí no me cuesta trabajo porque la gente está deseosa y eso te da una red de protección.P. ¿Qué perfil de público es el que se acerca hoy a revisitar la obra de su madre, tras descubrirla por primera vez?R. Con el musical hemos estado girando desde 2016. Empezó con una cosa muy, muy modesta y nuestra intención era que eso fuera creciendo hasta lo que es hoy y lo que será la temporada que viene, que va a ser mucho más grande. Lo que yo me encuentro ahí no deja de sorprenderme: desde niños chicos cantando Como yo te amo, señores mayores, gente joven, señores de traje y señoras con sus perlas, gais... Me encuentro absolutamente de todo. No te puedo determinar un perfil concreto. Cuando vi la primera vez a un niño cantando por ella, pensé: “Qué fuerte”.P. Rocío Jurado también resulta atractiva a las nuevas generaciones por la defensa del feminismo o del colectivo LGTBIQ+ que desplegaba en sus entrevistas.R. Ella venía con ese ADN. En mi casa no ha habido dos opiniones y tenía que defenderse una opinión frente a la otra. Con respecto al feminismo, derechos de la mujer y a la libertad de la mujer, solamente había una visión. Yo me he criado en eso. Me he criado en el ser independiente económica e intelectualmente. Es igual que el tema de la homosexualidad. En mi casa no se planteaba una cosa diferente. Para ella, era lo más natural del mundo.P. Expertos en la obra de su madre resaltan lo intuitiva que fue en una época en la que los artistas no estaban tan producidos como ahora.R. Lo tenía claro desde chiquitita, tenía claro que iba a ser lo que iba a ser. Y hacía las cosas como ella pensaba que debía hacerlas. Tenía la valentía y la osadía de la inmadurez, por así decirlo. Pero le vino muy bien porque ella siguió con su objetivo y fue a pico y pala. Dijo: “Yo quiero esto y no voy a cantar más flamenco con un moño porque no me da la gana y al que le guste bien y al que no le guste pues que vaya arreando”. Ella quería sus vestidos como los quería y, si había censura, “pues que dimitan los ministros”, decía: “Es que me da exactamente igual, yo no estoy haciendo nada malo”. Lo tenía clarinete.P. ¿Qué le quedó a su madre por hacer?R. Solo le quedó por hacer, y tenía muchas ganas, un disco de directos. Y a lo mejor… se le va a cumplir. Ahí te lo dejo.P. Su madre decía lo de “yo no soy un chisme”, pero llegó a serlo a su pesar, tanto en vida como después de fallecida. ¿Esa sobreexposición ha ensombrecido su legado cultural y social?R. Ella estaba acostumbrada a una relación prensa-personaje que, de repente, cambia de la noche a la mañana. Se encuentra a una prensa a la que no está acostumbrada. Porque su relación hasta entonces había sido maravillosa. Era la época en que la prensa necesitaba del personaje y el personaje necesitaba de la prensa para dar su trabajo a conocer. Y de repente se encuentra de bruces con un medio hostil. Lo llevó muy mal. Porque no era capaz de entender cómo, con el cariño que tenía por “sus chicos de la prensa”, como ella los llamaba, se convirtieron en algo hostil. P. Usted misma ha vivido esa violencia mediática machista. ¿Hasta qué punto luchar contra aquello le consumió energías en impulsar el legado de su madre? R. Gracias a Dios, todo aquello quedó atrás. Hay cosas que no se van a curar nunca, pero la mayoría de todo ese mal se quedó atrás gracias a que pude hablar, pude explicar, pude demostrar... Porque si no hubiese podido demostrar, tampoco hubiese querido hablar. Para mí, era imprescindible demostrar que lo que estaba diciendo era cierto. Lo hice pensando exclusivamente en mí, porque lo necesitaba. Pero si lo que yo he hecho ha servido para algo a alguna persona, tanto mujer como hombre, yo me doy por satisfecha. Y con esa quitada de peso, ese vaciado, he podido empezar a vivir otra vez, a disfrutar con mi trabajo y a hacer muchas cosas que hasta ese momento no estaba en condiciones de hacer.
Rocío Carrasco, 20 años después de la muerte de Rocío Jurado: “Cuando ella se fue fui consciente de que soy la hija de un mito”
La heredera universal de la cantante estrena un documental sobre su madre en el vigésimo aniversario de su fallecimiento y reflexiona con EL PAÍS sobre su legado como artista, madre y mujer











