Brasil en un Mundial siempre fue show y cuando hay dudas sobre que vaya a serlo sobre la hierba, como ahora, siempre puede serlo fuera de ella. Lo comprobó Carlo Ancelotti el pasado 20 de mayo cuando hizo acto de presencia en el Museo del Mañana de Río de Janeiro para anunciar la lista de 26 jugadores. En la entrada, a la sombra de la cubierta de Santiago Calatrava, inspirada en el batir de alas de las aves y en las ramificaciones de las bromelias, el primer seleccionador extranjero que dirigirá en una fase final a los pentacampeones fue recibido por un remolino de reporteros gráficos. En el interior le aguardaban 700 periodistas, los directivos de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), un racimo de exjugadores legendarios como Romario y estrellas del mundo de la farándula y del espectáculo brasileños como la cantante Ludmilla.Ancelotti pronunció el nombre de Neymar Jr., exdelantero del Barça y del PSG, ahora en el Santos, antes de elevar la ceja y hacer un parón estudiado para contemplar la fervorosa reacción de los asistentes. La mayoría jaleó el nombre de un jugador que aún representa el punto de fantasía y desinhibición que siempre se le atribuyó al mejor fútbol brasileño. La gala, más que una mera comparecencia de un seleccionador para difundir la relación de los mundialistas, pareció diseñada para el llamamiento de Neymar. A sus 34 años no es el que fue o pudo ser, pero la decisión de Ancelotti va más allá de lo deportivo.La inclusión de Neymar parchea la desafección que la torcida brasileña siente por su selección en las dos últimas décadas. Por la reducción del talento nacional que ejemplifica la convocatoria confeccionada por Carletto, por el desarraigo generado por la prontitud con la que sus jugadores cruzan el charco y porque desde la victoria en Corea y Japón 2002 los tropiezos han sido sonados. Desde que conquistó su primera Copa del Mundo en Suecia 58, solo una vez, entre México 70 y Estados Unidos 94, Brasil había estado 24 años sin alzar la Copa Jules Rimet. Si no gana este Mundial, Ancelotti contribuirá a un récord negativo de 28 años. Demasiado tiempo para el país del fútbol.Con la inclusión de Neymar, que agitó a su entorno mediático en los meses previos, a Ancelotti le ha brotado el instinto natural de supervivencia de las raíces campesinas de la Emilia-Romaña que lleva dentro. Seleccionar a la díscola estrella ha evitado el ruido del debate nacional antes, durante y después del Mundial. Fuera del campo, Neymar puede ser ingobernable, pero dentro, Ancelotti, experto en el pastoreo de egos como demostró en el Real Madrid, puede controlarlo. Según desveló Globo Esporte, las condiciones para que Neymar volviera después de tres años de ausencia incluyen aceptar que no será uno de los capitanes y que parte como suplente. Además, se le sugirió que limitara su actividad en redes sociales.“La evaluación para todo el año se basó exclusivamente en su condición física; puede mejorarla antes del primer partido. Su experiencia y el cariño que se ha ganado dentro del grupo pueden ayudar a crear el mejor ambiente para él”, justificó el italiano ante la prensa y el famoseo presentes.O MISTER DEU O PAPO! 🫵Queremos ser o time mais resiliente do MUNDO. Com foco, disciplina e a união de toda uma nação, nos preparamos para mais um ciclo histórico.BATE NO PEITO, ISSO É BRASIL! 💚💛 pic.twitter.com/JvE2LcdAC5— brasil (@CBF_Futebol) May 19, 2026