España ha duplicado su producción ecológica en la última década y el año pasado alcanzó los 3.250 millones de euros, el doble que diez años atrás, entre la agricultura y la ganadería. Este crecimiento sostenido de los productos con el sello de la hoja verde ha hecho que la superficie también se haya disparado desde los dos millones de hectáreas que ocupaba hace 10 años hasta tres millones de hoy, un 12% del total, incluyendo tierras labradas y pastos permanentes. “La agricultura ecológica no es nada nuevo ni moderno; se trata de reducir los fitosanitarios con el control biológico. En esta finca plantamos diversidad, trabajamos mucho mejor en red y somos mucho más resilientes al utilizar el humus de lombriz como fertilizante líquido. Claro que nos impacta la crisis de Irán, pero nuestra cadena de valor recorre menos kilómetros. ¿A que un parque natural no necesita control de plagas?”, cuestionaba el pasado jueves Fernando Rodríguez, director gerente de la finca ecológica Bioalverde, en Dos Hermanas (Sevilla), rodeado de lustrosos tomates, pimientos y pepinos, pero también de flores, arbustos y árboles. La flora sin fruto no solo da belleza, también aporta un equilibrio y biodiversidad muy diferentes del monocultivo. Allí también se oye el canto de los pájaros y el zumbido de los insectos. Esta primavera, la producción ecológica saca pecho por su curva ascendente y continuada de facturación, pero también porque crisis como la de Ormuz demuestran que el uso de fertilizantes orgánicos conlleva una menor exposición a los vaivenes de la inestable geopolítica mundial. El sector en España, líder en Europa, está pendiente estos días del próximo reparto de fondos de la Política Agraria Común (PAC), que tiene una primera cita clave el 18 y 19 de junio, con el próximo Consejo Europeo, donde los 27 perfilarán un primer reparto de los fondos. “La PAC 23-27 fue una oportunidad perdida para el sector agroalimentario ecológico, ya que no hubo un apoyo contundente. Ahora la futura PAC 28-34 necesita un cheque mínimo de 1.000 millones para el [sector] ecológico en España [870 millones tenía la anterior]”, exige Álvaro Barrera, presidente de Ecovalia, la patronal del sector, que en 2025 cumplió 35 años de recorrido. Eso sí, ese crecimiento sostenido y sus 122.000 empleos directos tienen un gran pero: la mayoría de esa producción nacional sigue orientada a la exportación y las compras ecológicas solo representan un 3,5% de la producción agroalimentaria total en España. Mientras los agricultores y ganaderos son cada vez más numerosos y venden más al extranjero, al consumidor español aún le cuesta ver las ventajas de comprar con la cesta verde y el gasto medio per cápita español es de solo 66 euros al año, según Ecovalia. Tan solo el 36% de la población consume más de una vez por semana productos ecológicos, según la patronal. Uno de los grandes frenos que alegan los consumidores es su mayor precio. Y sin embargo, este incremento es a menudo residual: si en el supermercado el precio medio de un lomo de vaca ronda los 25 euros el kilo, en su carnicería ecológica de El Cerco de la Era en Santiponce (Sevilla), Juan Ignacio Artillo lo vendía el jueves pasado a 28 euros, apenas tres euros más caro. “Mi empresa ha conseguido agrupar el precio por la ausencia de intermediarios. La intermediación es el mayor coste, por eso no pasa por ninguna mano, y se aminora bastante. Yo vendo del campo a la mesa un animal que se ha criado en mi casa”, explicaba Artillo en su finca, rodeado de 250 vacas que pastan en 500 hectáreas. De su cebacero en libertad, El Cerco de la Era selecciona para el sacrificio cada semana cuatro animales de 600 kilos en un matadero ecológico, vacas que luego despieza y finalmente sirve a la hostelería o a los clientes por todo el país, que reciben sus paquetes envasados en frío por mensajería.En su pequeña tienda destacaba un listado con la veintena de partes de la vaca para degustar: osobuco, matahambre, tuétano, janete, tataki... “La casquería ecológica es muy difícil de encontrar, pero nos obsesionamos con tener todos los productos como la lengua o el corazón, con precios convencionales”, matiza Artillo, que reclama a los grandes supermercados que ayuden a los pequeños productores para incluir sus productos en los lineales más comerciales. La carne ecológica autóctona es solo una parte del negocio y su empresa también comercializa aceites, vinos, zanahorias y remolacha. “Tengo clientes muy comprometidos que buscan lo ecológico, pero también otros que buscan valores diferenciales y productos con historia. Cada vez hay más gente que se hace cientos de kilómetros para adquirir productos auténticos”, subraya orgulloso. El reglamento de producción ecológica data de 1991 y desde entonces este prohíbe usar a los agricultores los transgénicos y químicos como los abonos y los pesticidas. A los ganaderos les restringe sobremanera los antibióticos, obliga a una alimentación natural y al bienestar animal. Y ambos gremios les imponen un mantenimiento de la fertilidad del suelo, decisivo para la captación de carbono y la retención del agua.En la agricultura, los frutos secos, el olivar y los cereales son los cultivos que acaparan mayor superficie. Por regiones, las comunidades de la cuenca mediterránea son las primeras productoras, como Andalucía y Murcia, que superan el 30%, o Cataluña con un 23%. Otras, sin embargo, como Castilla y León, no llegan al 3%. En Europa, que acumula 19 millones de hectáreas del total mundial de 98 millones, Francia no iguala por poco la superficie de cultivos ecológicos de España, pero la supera con creces en su consumo, ya que dispone de un sistema que incentiva las compras públicas para los comedores escolares, hospitales y cuarteles, al igual que Alemania y Dinamarca, grandes compradores de los productos españoles. En España las compras públicas son el gran paso pendiente, aunque el Gobierno realizó un tímido avance hace un año al aprobar el Real Decreto para que el 5% de sus adquisiciones procedan de la producción ecológica. “Estamos en línea con la soberanía alimentaria, la rentabilidad económica, la ayuda a conservar lo que tenemos como biodiversidad y la salud del suelo. Además, somos uno de los sectores agrícolas más atractivos para los jóvenes en comparación con el tradicional. Nuestra línea roja es que haya un verdadero apoyo, una obligación de presupuesto adecuado en cada país”, reclama Evelyn Alcázar, coordinadora operativa de Ecovalia. El campo español está más envejecido que el europeo, y los mayores de 65 años españoles son el 41% de los agricultores, frente al 33% de media en la Unión Europea.En la finca de Bioalverde el pasado jueves apretaba el calor, pero un poco de viento levantaba a ratos la cometa con forma de ave rapaz que con movimientos circulares ahuyentaba a los pájaros. “Nos la han robado ya dos veces”, apuntaba Rodríguez. Bioalverde es una empresa que depende de Cáritas, con una línea agrícola y otra de textil, pero que subraya su objetivo de inserción sociolaboral, y que también potencia la investigación mediante convenios con tres universidades. Desde hace una década, cada año planta de forma escalonada para que sus 40 empleados tengan trabajo durante todas las temporadas del año y mantener abierto el negocio, que factura 1,4 millones al año con solo 7.000 euros de subvenciones directas. “Es ilógico que en 2026 mantengamos un sistema laboral basado en peonadas y contratos temporales, lo que hace que nadie quiera trabajar en el campo. Hoy queremos coherencia”, subrayaba el empresario mientras mordía un pimiento que daba a probar.
España duplica en una década su producción ecológica y alcanza 3.250 millones de euros
El uso de fertilizantes orgánicos reduce la exposición de este tipo de cultivos a los vaivenes de la situación geopolítica y crisis como la de Ormuz








