Hay una idea que atraviesa la historia de casi todos los gobiernos: creer que una buena economía puede compensar cualquier problema político. Seguramente es una ilusión comprensible ya que siempre en la Argentina así sucedió. Cuando se logran metas la estabilidad económica depende de la confianza, la certidumbre jurídica y la predictibilidad, elementos que malas decisiones políticas pueden pulverizar en poco tiempo. La política le gana y desestabiliza a una buena economía a través de varios mecanismos: baja inflación, achicar gastos, menor inflación, mejor balanza comercial, mayor ingreso de dólares por energía y minería. Ahí aparecen inversiones, mejoran las reservas y la actividad económica da señales positivas, pareciera que todo lo demás pasa a un segundo plano. Pero la experiencia demuestra que la relación entre economía y política nunca es tan simple. De hecho, muchas veces ocurre exactamente lo contrario: la política termina destruyendo en pocos meses lo que la economía tardó años en construir.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.








