Era habitual ver aparecer a Álvaro Morata en escena. Y no siempre para bien. Normalmente no se lo merecía, pero eso les daba igual a los generadores de odio en las redes sociales. El delantero con más cartel de España, después de pasar por el Madrid, el Chelsea, el Atlético, la Juventus y olfatear de cerca su fichaje por el Barcelona, pasaba como un perfil molesto para una gran parte de los seguidores de la Roja. Una situación que nunca entendieron desde la Federación: “Si fuese un jugador de otro país sería todo un mito. Hay que reivindicar lo nacional, porque el futbolista español es, para mí, de los mejores del mundo. Morata debería tener mucho más reconocimiento por su trayectoria”, pedía Luis de la Fuente.Morata levantó la Eurocopa en Alemania y su fútbol comenzó a apagarse. Primero en el Milan, luego en el Galatasaray, hasta que perdió su sitio en el Como de Cesc Fàbregas. “Me llamó Luis [De la Fuente]”, le contó el cuarto máximo goleador histórico de España (34) a Mario Suárez. Su respuesta al seleccionador fue fiel al estilo Morata, poco acorde con la actitud típica de un futbolista profesional, no muy amigo de reconocer sus debilidades: “Míster, obviamente lo sabía. No soy tonto. Hace un par de años me hubiera quedado hecho polvo y ahora entiendo que es lo que toca”. Su afonismo goleador en la Serie A (una diana en 30 partidos) lo dejó fuera de Estados Unidos, México y Canadá, de la misma manera que le abrió la puerta a Borja Iglesias y elevó el protagonismo de un clásico de De la Fuente: Oyarzabal.Morata era esa mezcla entre lo que fue y lo que es. Un delantero tan nostálgico como actual, capaz de adaptarse a cualquier fútbol. Oyarzabal, en cambio, representa al delantero moderno, escurridizo e intenso, siempre listo para mirar a portería. Un caso contrario al de Borja Iglesias: un tipo que parece curtido en el fútbol de antes. Es decir, un delantero de área de la vieja escuela. Ambos, en cualquier caso, complementarios en la convocatoria de De la Fuente, que buscaba tener todos los perfiles cubiertos en el Mundial. Ocurre algo curioso: mientras a Oyarzabal se le caen los goles cuando se viste con la Roja (25 en 53 duelos), Borja Iglesias todavía no se ha llenado la garganta de gol con la camiseta española.Oyarzabal le escapa al protagonismo. Lo hace, al menos, ante los micrófonos. “Los mejores son Haaland, Cristiano, Kane...”, se arrancó el delantero vasco cuando le elogiaron su capacidad goleadora. “Yo voy a seguir en el mismo camino de ayudar al equipo. De goleadores me quedo con Borja y Ferran”. La Roja pasó del ruido que generaba Morata a la discreción que ostentan Oyarzabal y Borja Iglesias. “Mikel tiene una gran visión. Me gustaría tener la capacidad que tiene él para entender las diferentes fases del juego”, piropea Borja Iglesias al capitán de la Real Sociedad. Y si de elogios se trata, Oyarzabal respondió: “A mí me encantaría tener el cuerpo y la forma de jugar de espaldas de Borja”.De la Fuente se entrega a Oyarzabal y Borja Iglesias y ya mira con tranquilidad a la enfermería. No tiene más jugadores lesionados en Chattanooga. Esta mañana, en el entrenamiento, De la Fuente contó con todos sus jugadores: Víctor Muñoz se unió a Oyarzabal, Borja Iglesias y compañía. Otra buena noticia para el seleccionador, que este jueves ya había recuperado a sus niños maravilla en la última Eurocopa, Lamine Yamal y Nico Williams. Con toda la plantilla disponible, la Roja no se esconde frente a la presión de buscar levantar la copa, como lo hizo Morata en Berlín 2024. “Podemos estar en la lista por el gran trabajo que venimos haciendo, pero hay que seguir demostrándolo”, concluyó Oyarzabal, heredero de Morata en el campo, también en el vestuario: es uno de los cuatro capitanes.
Del ruido de Morata a la discreción de Oyarzabal y Borja Iglesias
En Estados Unidos, México y Canadá De la Fuente se entrega a dos delanteros centros de distinto perfil














