El artista británico abrió nuevos caminos en el arte y su obra siempre se impuso sobre ideologías caducas
La noticia de la muerte de David Hockney me ha sentado como la muerte de un amigo. No lo conocí personalmente nunca, pero he estado siempre muy unido a su obra, desde que yo era muy joven. Por eso lo conozco profundamente y su visión me ha afectado directamente. Hockney siempre fue un hombre luminoso que abrió muchos nuevos caminos en el arte. Él estableció la transición entre el mundo de la abstracción y la figuración, creó un puente del que toda mi generación ha bebido de una manera muy profunda. Y yo más que nadie.
También fue un importante teórico, con muchos libros interesantísimos sobre el arte. Sobre todo de dibujo, porque fue uno de los grandes dibujantes de nuestra época. De todos sus trabajos teóricos, recuerdo especialmente un libro de grabados que para mi generación y también ahora, para cualquier artista que empieza, es como una biblia reveladora: The blue guitar, con ese título inspirado en un cuadro de Picasso. Fue revelador para muchísima gente y con él estableció una pauta para el dibujo y el grabado como pocas ha habido. Sigo recomendando que quien pueda busque ese libro como sea y lo lea, porque es indispensable.











