Lanzada en Netflix aparentemente para complementar la Copa Mundial, México 86 en última instancia tiene poco que ver con el fútbol; en realidad es una película sobre la lucha profesional. Comienza en 1983, cuando, según nos asegura el texto inicial, “algunas de estas cosas sí sucedieron”.El héroe inventado, Martín de la Torre (Diego Luna), trabaja para la federación de fútbol de México y cree que la organización está en decadencia. Sale en televisión para desahogarse acerca de su jefe, una maniobra que le consigue una reunión con el magnate de los medios de comunicación Emilio Azcárraga Milmo (Daniel Giménez Cacho), ampliamente conocido como “El Tigre”. Martín le propone cómo va a conseguir que México sea sede de la Copa Mundial en 1986, convirtiendo al país en el primero en albergar el evento por segunda vez. El Tigre ve excelentes posibilidades para su empresa y para las transmisiones vía satélite.PUBLICIDADCon una pasión por la sinergia, Martín llega a Suiza con la misión de convencer a los delegados de diversas naciones ante la FIFA, la Federación Internacional de Fútbol Asociado, para que voten a favor de México. La forma en que consigue su apoyo es una mezcla de apelar al sentimiento de desvalido y, bueno, dinero. La película muestra a Martín entregando bolsas de dinero en efectivo a ciertos representantes. ¿Ya se ha calentado tu corazón?Lo fundamental en la concepción de Martín es que él es, en palabras de su amante, Susana (Karla Souza), un mentiroso compulsivo. No hace falta mirar más allá de Marty Supreme para ver cómo México 86 podría haber complicado la simpatía del público, pero este éxito sencillo no desea ver más allá del encanto de Martín.PUBLICIDADEl director, Gabriel Ripstein, proviene de una familia mexicana de cineastas. Su abuelo, Alfredo Ripstein, fue productor, y su padre, el director Arturo Ripstein, comenzó su carrera como asistente de Luis Buñuel, un cineasta que quizás habría aportado un matiz de locura a la obsesión de Martín.