12 de junio, 2026 - 07h00Escribo estas líneas a despecho de quienes olvidan honrar nuestra identidad histórica, sin temor al enemigo, porque solo el amor por lo propio nos permitirá ante el mundo ser victoriosos. Pienso así cuando Donald John Trump y Xi Jinping estrechan sus manos para proclamar un nuevo modelo de cooperación y coexistencia pacífica; fueron claros en sus posiciones de Oriente y de Occidente. Estoy seguro de que las promesas de bienestar compartido por las superpotencias se convertirán en principios generales que orienten el futuro de la comunidad internacional. Estos principios deberán aplicarse en los próximos acuerdos bilaterales que suscribirá el Gobierno nacional.Si los ecuatorianos actuamos juntos con los Estados Unidos de América y con los vecinos de la otra orilla del mar Pacífico, derrotaremos no únicamente al comercio de las iguanas marinas de Galápagos, sino también que castigaremos y eliminaremos el protervo tráfico de menores de edad, denunciado por la Policía Nacional, en Santo Domingo de los Tsáchilas, para asombro de los hijos de Dios.En cuanto a la cuenca del Pacífico, séame permitido recordar que en 1513 Vasco Núñez de Balboa fue el primero en llegar ante la grandeza de los mares del Sur; sin embargo, fue el portugués Fernando de Magallanes quien bautizó al océano como Pacífico. Para entonces, España y Portugal eran los imperios que se repartían la Tierra, el nuevo mundo y sus mares con la Bula de Tordesillas del sumo pontífice nacido en Aragón Alejandro VI.Nuestra nación en su política exterior no puede ni debe eludir sus compromisos en el contexto geopolítico. Por ello, le corresponde ser protagonista en el escenario de la cuenca del Pacífico, incorporarse al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), así como al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP). Igualmente, no puede quedar ajena a la conectividad satelital que caracteriza nuestra era. Defender los esfuerzos civiles y militares en la estación Pedro Vicente Maldonado en el continente antártico. Cumplir sus obligaciones y reafirmar la declaratoria de expansión de la plataforma continental. Jamás abandonar las riquezas mineralógicas estratégicas que yacen en el subsuelo del lecho marino, cercanas a las cordilleras de Carnegie y Colón en la región insular, y al límite con Costa Rica, con la cordillera del Coco, entre otras obligaciones. Es mi deseo que la cuenca del Pacífico convierta al mar del Sur en un gran camino azul para el desarrollo sostenible socioeconómico y cultural de las actuales y nuevas generaciones; de lo contrario, triunfará el oscurantismo pesimista de los perdedores, sin identidad ideológica, para frenar el crimen internacional organizado.Reflexionemos con el pensamiento de Otto von Bismarck: “El político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación”. Gracias a la voluntad de los ecuatorianos y a la firmeza de sus gobernantes, la cuenca del Pacífico, con su anillo de fuego volcánico, el calentamiento de sus aguas producido por el cambio climático, es donde cumpliremos con nuestro destino oceánico. ¡Lo haremos sin rendirnos ante las adversidades! (O)
Reynaldo Huerta Ortega: Conveniencia para el país | Columnistas | Opinión
Nuestra nación en su política exterior no puede ni debe eludir sus compromisos en el contexto geopolítico.







