La confianza que rezuma Maxi Iglesias (Madrid, 35 años) es tal que, estando a su alrededor, resulta contagiosa, como si tuviera órbita propia. Así, cuando, antes de esta entrevista, pide diez minutos para probarse el traje que lucirá en los Premios Platino, al periodista no le cabe duda de que serán diez. Por el tono de promesa de sangre con que se lo ha trasladado, solo puede ser verdad. Quizás por eso, los papeles del actor han ido virando en estos últimos años a un nuevo tipo de galán seguro y empático, alguien que se encarga personalmente de inyectar genuina fe a sus compañeras de romance en cualquier cosa que hagan. En la serie Valeria (2020), su mera irrupción desatascaba el bloqueo creativo de la escritora protagonista. En una escena de Todo lo que nunca fuimos, su nueva película, estrenada en cines el pasado 5 de junio, el personaje de Maxi Iglesias le dice “sigue pintando” a una joven artista, Leah, con tal convicción que la chica probablemente no tendrá que volver a preguntárselo nunca. “He hecho muchas películas románticas y he intentado siempre darles un toque diferenciador, no hacer siempre el mismo tipo de hombre”, dice Iglesias, una vez transcurridos exactamente los diez minutos jurados. “Es algo que, por ejemplo, peleé mucho en Valeria o en Volver a caer [2023], otra serie que hice en México”. En Todo lo que nunca fuimos, adaptación de la novela homónima de 2020 escrita por Alice Kellen (seudónimo de la valenciana Silvia Hervás), la superación del duelo es el tema central de la historia. Iglesias la califica como la película más bonita que ha hecho, por cómo describe “aprender a querer desde el cuidado”. Él interpreta a Axel, un surfero que debe hacerse cargo de Leah, la hermana pequeña de su mejor amigo, sumida en una profunda depresión tras la muerte de sus padres. Lo que Axel no sabe es que Leah siempre ha estado secretamente enamorada de él. Como en una especie de Le llaman Bodhi (1991), la poderosa filosofía surfera del protagonista ayuda poco a poco a que la muchacha reconecte con el presente, disfrute del día a día y estar lista para la siguiente ola que la vida le reserve. “Aparte de la filosofía, también está la manera de hablar, de moverse, un poco cómo te planteas y ves todo”, explica el actor, que estuvo practicando y perfeccionando su técnica en Zarautz, una de las capitales mundiales del surf. Aunque el libro se ambienta en Australia, la película ha sido rodada en diferentes puntos de Euskadi. Iglesias leyó la novela cuando le ofrecieron el proyecto y afirma que uno de los aspectos que más le atrajeron fue el modo en que hablaba de la depresión, así como la oportunidad de “visibilizarla a través del entretenimiento”. “Yo no soy experto, pero considero que es bueno hablar de esas cosas. Cada uno necesita sus tiempos, pero creo que, desde la psicología, se recomienda hablar de ello. Leah es una persona que lo está pasando verdaderamente mal, al extremo de poner en juego su vida. Para mí, es importante abordarlo con la mayor calidez posible, tratando de darle un espacio seguro, pero también poniéndole nombre”. Su colega de generación Álvaro Cervantes, que también saltó a la fama como ídolo adolescente, ganó este año el Goya por Sorda (2025), donde encarnaba un perfil romántico distinto al que se estilaba en sus primeros años: sensible, delicado y atento hacia el estado anímico de su pareja. ¿El galán moderno ha cambiado y ahora va a terapia? Para Iglesias, es una cuestión de generosidad: “Vivimos tiempos de mucha confusión entre lo que es el amor propio y el poder conceder espacio a otras personas”, resuelve. “Ambas cosas pueden estar conviviendo de manera coherente, el cuidado de uno mismo y el querer entregar tu amor a alguien. Se dice siempre pero hay que remarcarlo, no puedes querer a otra persona si primero no te quieres a ti mismo”. Le acompaña en pantalla la portuguesa Margarida Corceiro, con quien coincidió en Punto Nemo (2025), serie de la que se acaba de estrenar en Prime Video la segunda y última temporada. “Tanto el director [Jorge Alonso] como el productor me dieron la posibilidad de opinar y yo consideraba que Maggie podía ser una opción muy firme”, asegura. “Está espectacular. Tenía que ser una persona que pudiera interpretar esos dos mundos, la oscuridad y, luego, la luz a través de su mirada y su sonrisa. Para mí ha conseguido una Leah de ensueño”. En una entrevista en 2023 para ICON con el periodista Juan Sanguino, el actor expresaba su anhelo de que le llamasen para hacer thrillers y lamentaba que, en sus inicios, aunque la palabra “cosificado” no estuviese en el vocabulario cotidiano, hubiera que “enseñar el culo siempre”. Lo primero, como demuestran Punto Nemo y otras series como Matices (2025), lo ha conseguido. En cuanto a lo segundo, en Todo lo que nunca fuimos, sus posaderas aparecen en plano antes que su cara. “Bueno, siempre he dicho que, si está justificado y ayuda a contar la historia, soy el primero al que le apetece. Si quieres hacer ver la naturalidad con la que alguien se mueve en su casa cuando vive solo, lo puedes contar de muchas formas, pero lo más visible en poco tiempo, sin que tengas que poner efectos, es que camina desnudo. Lo propuse yo, no estaba en guión. Dije: ‘Grábame estando tranquilo en casa, viendo si voy a bajar a hacer surf desnudo’. Este tipo de cosas siempre generan mucha leyenda cuando lo dice alguien, pero, en este caso, te lo estoy diciendo yo”, cuenta, de nuevo, desde ese registro de extrema seguridad en el que la única opción es creerle. En enfática tercera persona, agrega: “Eso lo propuso Maxi”. En el episodio piloto de Física o química (2008), el drama de institutos que lanzó la carrera de Maxi Iglesias, la nueva profesora de Filosofía invitaba a sus alumnos a pensar en qué era lo que les hacía felices. Su personaje, en su primera intervención en la serie, respondía: “¡El botellón!”. Curiosamente, en Todo lo que nunca fuimos, como parte del tratamiento casero que aplica a su compañera, él le pide también escribir una lista con las cosas que le hacen feliz. Las respuestas de ella (andar descalza, bailar bajo la lluvia) son más sosegadas. Iglesias no cree que sus respuestas reales de entonces y de ahora fuesen muy diferentes. “Me gusta mi trabajo, disfruto encontrando personajes, vistiéndome para ello, estando en lugares increíbles que, si no fuera por los rodajes, no conocería”, enumera. “Yo creo que, en cuanto a ambición y voluntad, me he mantenido bastante pegado a lo que era cuando empecé”. El crecimiento de Maxi no apunta solo al medio cinematográfico y televisivo. El pasado año, publicó su primera novela de ficción, Horizonte artificial (Roca Editorial), una intriga ambientada en el mundo empresarial donde el grueso de la trama se sitúa a bordo de un avión. Del texto, destaca el grado de detalle con el que describe los movimientos dentro de la compañía, para los que dice haberse servido de sus estudios en comercio internacional (cursó un grado superior), y, especialmente, la precisión con que utiliza el lenguaje técnico de la aeronáutica. “Lo que pasa es que yo he subido el nivel”, explica. “No hay muchos libros así. ¿Cuántos actores hay que escriban? Muchísimos, muchísimos. ¿Pero cuántos actores hay que se metan a sacarse la licencia de piloto para escribir? Siempre me había llamado la atención el mundo de los aviones, así que me dije: ‘Voy a aprovechar que tengo esas ganas y, al mismo tiempo, me voy a documentar para hacer posible esto”. El libro, además, está salpimentado de referencias que, en un primer momento, el lector de Maxi Iglesias podría no esperar, como una cita a Jack Kerouac, uno de los popes de la generación beat. “Hay muchas corrientes que me interesan. Mi madre fue la persona que me inculcó la literatura, sin quizá saberlo, por verla con un libro siempre. Desde pequeño me llamaba la atención ese ítem, ese objeto que mi madre siempre portaba y al que yo también me quería asomar. Y vaya si me asomé, he leído muchísimo y, aun así, me sigue faltando tiempo para leer todo lo que me gustaría leer”. Iglesias cita entre sus últimas lecturas Too Match. De la A a la Z: Un abecedario de fracasos amorosos (2025), de Inma Benedito, que define como “una versión bollera de Sexo en Nueva York” en torno al funcionamiento de las apps de citas en la comunidad lésbica. En el momento de la entrevista tiene a medias Cosas que los nietos deberían saber (2007), la autobiografía de Mark Oliver Everett, músico que firma como Eels, que le regaló Alberto Utrera, el director de una de sus próximas películas, Nuda propiedad. En el núcleo de Horizonte artificial se encuentra Mónica, una mujer acorralada por el escrutinio sobre su vida y con problemas para hallar la intimidad que desea. Inevitablemente, uno se pregunta cuánto hay de Iglesias en este personaje. A finales de marzo se produjo un enorme revuelo después de que saliera a la luz su supuesta relación sentimental con la actriz Aitana Sánchez-Gijón, su compañera en Velvet (2013), a raíz de la publicación de unas fotos en la revista Lecturas. Los responsables de prensa advierten que Maxi Iglesias no va a responder a preguntas sobre este tema. Sin embargo, al hilo del libro y de si se siente identificado con el hecho de que detalles de su vida personal se vean analizados por ser quien es, responde: “Siempre he intentado seguir mi vida sin hacer mucho caso al ruido que se pueda generar por tomar una decisión u otra, qué trabajo elijo, en qué ciudad estoy o por qué calle paseo”. Pese a sus razonables reservas, el actor es cercano y afable. Para la entrevista y la sesión de fotos que la acompañan, ha elegido un bar del barrio de Lavapiés (Madrid) gestionado por sus primos, a quienes la tarde anterior llevó con él a La revuelta. Por la calle, atiende con simpatía a varios desconocidos que cuentan que le vieron en el programa de humor de Televisión Española. Al presentador David Broncano le dijo que, gracias a una aparición previa en su formato, le habían llegado por primera vez papeles de comedia, el género que, reconoce, más le apetece actualmente. Antes, sintiéndose encorsetado en los personajes de la época de Física o química o Mentiras y gordas (2009), Iglesias hizo las Américas en busca de un mayor rango actoral. “En Latinoamérica me han dado personajes que aquí todavía estaban lejos de darme”, admite. “Siempre cuento que hubo unas directoras de casting que me dijeron que, por culpa de mi físico, yo no iba a trabajar en este país. Gracias a ese físico, sin embargo, en otros países sí me han dado trabajo, con lo cual, ¡oye!, bienvenido sea. Voy donde me quieren y me siento valorado, sin importar las fronteras o el color de las banderas”. Iglesias cree que aún quedan prejuicios a superar en torno a cierto tipo de ficciones, normalmente despreciadas como baja cultura. “En Valeria hay un texto muy importante para mí, que habla de no confundir lo serio con lo importante”, recuerda. Elisabet Benavent, la autora de los libros de Valeria, es una de las personas que aparecen en los agradecimientos de Horizonte artificial. “El otro día hablaba con la mujer de un amigo, una persona que lee 200 libros al año, y decía con un poco de reparo y timidez que ahora se está leyendo unos libros de fantasía juvenil erótica. Bueno, para mí es totalmente lícito y comprensible. Con los teasers e imágenes que se han liberado de Todo lo que nunca fuimos, hay millones de reproducciones y un montón de comentarios. A lo mejor haces una adaptación de un libro considerado más serio y no hay tanta gente para la que eso sea importante, que se sienta movida por ello”. Cerrada con un “Continuará…”, la puerta a que la historia de Axel y Leah continúe en cines y se complete la adaptación de la trilogía literaria queda abierta a su recorrido comercial. “Si el público está contento y quiere más, me enorgullecerá seguir formando parte de eso”, adelanta Iglesias. “Pero eso lo dejo a las personas dedicadas a ello”.