TorosAquel chaval abandonado por su madre, aquel chico de barrio que visitaba a su padre en la c�rcel, se convirti� en figura del toreo. Cuatro d�cadas despu�s repasa su vida y su historia, entre el dolor y la gloria: "Siempre busqu� la excelencia como torero y el camino recto como persona"Actualizado Martes,
marzo
00:07"De no haber peleado por ser torero, a estas alturas estar�a en la c�rcel o me habr�a muerto de sobredosis". De este modo arrancaba la autobiograf�a de Jos� Miguel Arroyo Joselito (Madrid, 1969), el chico que creci� como la hierba de los barrancos, asomado al abismo. Su camino serpente� entre el dolor y la supervivencia, entre el abandono de su madre y la persecuci�n de la gloria como tabla de salvaci�n. Cuando la ciudad despertaba del blanco y negro a principios de los 80, y el barrio de la Guindalera amanec�a siempre pobre, Joselito encontr� en la Escuela de Tauromaquia una v�a de escape. Su vida desprende una halo tr�gico y su carrera provoca un gesto admirativo. Aquel chaval que visitaba a su padre en la c�rcel de Carabanchel, con droga en los bolsillos, se convirti� en figura del toreo.Hoy vive pleno en su finca de Talavera de la Reina -"m�s de campo que las amapolas"-, casado, padre de dos hijas veintea�eras -Alba y Claudia-, due�o del car�cter que forj� su leyenda entre la melancol�a y la rebeld�a, la insolencia y la timidez, la sinceridad de quien no vino a hacer a amigos. En las tardes de des�nimo, saludaba a la tristeza. Un d�a, ya retirado, con todo conseguido, se descubri� con una soga y una escalera, preparando su horca, sin conciliar la realidad civil y el pasado del artista, sin saber conjugar a Jos� con Joselito: "Pens� en pegarme un tiro, pero no ten�a pistola ni los cojones de Belmonte".Una magna exposici�n conmemorar� en M�laga, el pr�ximo 20 de abril, sus cuatro d�cadas como matador de toros en esta temporada que tambi�n alumbra la efem�rides de la m�tica Corrida Goyesca en Las Ventas.Viene 2026 cargado de aniversarios: 40 a�os de alternativa, 30 a�os del hito de los seis toros del Dos de Mayo en Madrid. �C�mo le explicar�a a un joven de la generaci�n Z qui�n fue Joselito?Yo qu� s�. Le explicar�a, pasando los toros por el exterior, que ha sido una persona con mucho esp�ritu de sacrificio y que gracias a eso ha conseguido superar muchas circunstancias vitales complejas. Siempre he dicho que el libro de mi vida [Joselito el verdadero, escrito por Paco Aguado para Espasa] es el fiel reflejo del cuento de la ranita que se convierte en pr�ncipe. Gracias a una ilusi�n en la vida puedes desechar un mont�n de cosas adversas, lo cual viene bien a los j�venes que enseguida se vienen abajo ante la adversidad. Yo estaba inmerso en un tipo de vida que no era lo m�s correcto para un chaval de mi edad, pero, gracias a la ilusi�n de querer ser torero, fui capaz de dejar todos los malos caminos que me rodeaban.Con la perspectiva del tiempo, �c�mo ve a aquel chaval de 17 a�os que en 1986 se subi� en tres tardes -festival del Nevado del Ruiz en Madrid, alternativa y confirmaci�n- a la cima del toreo?Pues ahora me doy cuenta de lo bonito que es ser inocente y, a la vez, un desahogado en el sentido m�s torero. Todav�a ten�a 16 a�os, un mindundi. El festival lo compon�an los dioses del Olimpo: Anto�ete, El Cordob�s padre, Palomo Linares... No me coart� lo m�s m�nimo, iba a lo m�o con una desfachatez tremenda. Y tampoco me influy� el cartel de la alternativa en M�laga, con D�maso y Juan Mora, que fue la persona por la que quise ser torero. Pero es que alcanzo la confirmaci�n en Madrid con Curro Romero y Paco Ojeda y s�lo pensaba en que los chavales de mi barrio de la Guindalera me sacasen a hombros. El titular de la cr�nica de Barquerito dec�a que "devor�" a Paco Ojeda a prop�sito de su anuncio de que se iba a comer tanto a �l como a Curro. Ven�a con hambre de gloria. [Risas]. Me hicieron una entrevista y yo, que era un chufl�n, dije que iba a acabar con Romero y con Ojeda. Un pedazo de titular. A m� me tra�a al pairo qui�nes eran. Cuando me estaba dando los trastos Curro Romero, lo record�: "Por cierto, chaval, t� has dicho que ibas a acabar con �ste y conmigo". Y, en vez de asustarme, le contest�: "Pues, maestro, no s� si lo conseguir�, pero lo voy a intentar". La verdad es que sali� bien porque de la corrida no embisti� m�s que mi toro. �Y c�mo encaja un chico de la Guindalera el subid�n del triunfo?Bien. Quer�a ser figura del toreo o ser mayoral. Estaba harto de matar novilladas por el Valle del Terror [Valle del Ti�tar] y quer�a ver dinerito. Si no sirvo para esto cuanto antes mejor y me dedico a otra cosa, me dec�a. Siempre he sido muy so�ador pero con los pies muy en la tierra. Persegu�a adem�s que me pegara un toro una cornada para saber si val�a o no para esto."Quer�a ser figura del toreo o ser mayoral. Persegu�a adem�s que me pegara un toro una cornada para saber si val�a o no para esto"Diez a�os despu�s afronta el Dos de Mayo en Madrid con seis toros, y lo hace "preparado para el fracaso". Las otras veces que hab�a toreado seis toros -como la Beneficencia de 1993 en Madrid- me hab�a mentalizado para triunfar a lo heavy. El Dos de Mayo decid� preparar mi mente para que no embistiera ning�n toro m�s que el �ltimo, y s�lo por un pit�n. Ten�a que estar preparado para que con 10 o 12 arrancadas montar la de Dios. Me prepar� para eso, aunque luego todo vino rodado desde el primer momento. Incluso se pararon el viento y la lluvia. Mi cara en el patio de cuadrillas estaba desencajada. Seg�n pis� el ruedo, el cielo se abri� y entr� un rayo de luz. Lo recuerdo as�. Soy muy peliculero. Seis toros, seis estocadas, seis orejas, un ba�l de quites, lo colocan a la casi altura del hito de Paco Camino en la Beneficencia de 1970. �Fue su corrida perfecta como �nico espada?No. Fue m�s redonda la de Valladolid (1995), pero era Valladolid, claro. �Exist�a el 'joselitismo' como religi�n?La gente estaba muy a favor, pero cuando no iban las cosas bien me daban hasta en el cielo de la boca. Se me qued� una voz que sal�a de la Andanada del 7 o el 8, que gritaba: "�C�mo huele a torero!". Un piropazo.�Qu� consejo le dar�a a un torero que venga ahora con seis toros a Madrid?Lo que me dijo mi madre [adoptiva]: "No aburras a la gente, no seas pesado".Volvi� a los 13 d�as a Las Ventas [15 de mayo], volvi� a salir a hombros y brind� a Gabriel Garc�a M�rquez. �Por qu� ya no se asoman personajes as� a las plazas?Hoy en d�a les da canguelo dejarse ver por el antitaurinismo. Para m� fue una maravilla verle all� porque el primer libro que le� en mi vida fue "Cien a�os de soledad". Estudi� hasta 8� de EGB, as� que ten�a lo justo para andar por casa. Le brind� el toro y le dije que gracias a �l descubr� la lectura. Luego, fuimos a cenar. Entre el clamor de la gloria, tambi�n hubo guerras. �La prensa fue aliada o enemigo a batir? Hubo muchos momentos que fue aliada, pero cuando me retir� por primera vez en 1998 s� not� que estaba enconada. Pero era normal. Ese a�o ten�a adem�s una lesi�n en el ligamento del pulgar de la mano derecha y no mataba un toro ni de co�a. Entre agosto y septiembre perd� veintitantas salidas a hombros. Fue la coartada para que me dieran por todos lados. Como hab�a sido rebelde con un tema de la televisi�n, la relaci�n con la prensa se afil�. Yo, adem�s no me he sentado a cenar con nadie por obligaci�n. No fui de hacer amigos. Hablando de la amistad, un no brindis al Rey Juan Carlos en Las Ventas en 1992 le acarre� un volquete de cr�ticas. El Rey estaba en calidad de aficionado, en una barrera, no estaba en el palco regio. Si hubiera sido as�, a lo mejor me lo habr�a pensado. Un toro de Alonso Moreno casi hab�a dejado d�as antes en silla de ruedas a Jos� Luis Bote, gran amigo m�o de la escuela taurina [El Bote, Joselito y El Fundi fue el cartel de novilleros]. A mi otro compa�ero, El Fundi, le hab�an partido la clav�cula. El primer toro se lo brind� a mi amigo que iba a quedar in�til, y el segundo vi al Fundi en un tendido y ya no me acorde ni del Rey ni de Cristo.�No hab�a rollo republicano entonces?Me acuerdo la que me dio tu padre una tarde que saqu� en Bilbao las banderillas con la bandera de la Rep�blica. Las saqu� por no sacar las de Espa�a para que no se enfadase la gente. A m� la pol�tica me da igual. �No le ha interesado nunca?Nunca. Hombre, vamos a ver. Nazco en una familia humilde no, lo siguiente. Al principio las ideas eran rojillas, l�gicamente. Viv�a en una buhardilla de ocho metros cuadrados, con un v�ter compartido para otras cuatro buhardillas. Lo que soy pol�ticamente es antigilipollas. Gilipollas los hay pobres y ricos, de derechas y de izquierdas."Lo que soy pol�ticamente es antigilipollas. Gilipollas los hay pobres y ricos, de derechas y de izquierdas"Los hermanos Lozano fueron su n�mesis como empresarios de Las Ventas (1990-2004), y resulta que ahora su padre [adoptivo] y apoderado, Enrique Mart�n Arranz, se lleva bien con Jos� Luis Lozano, despu�s de tantas guerras. [Resopla]. Fueron batallas terribles. Se tiraban tres d�as juntos, 12 horas cada d�a, hablando de lo divino y de lo humano. Lo que ocurre es que cada uno defend�a sus intereses. A m� en ese momento me jod�a y los hubiera matado mentalmente. El empresario est� en las ant�podas del torero. Ellos me quer�an apear del burro, frenarme. Apoderaban a otros toreros, no eran solamente empresa. Aquello tambi�n me hac�a llenarme de mala leche y estar m�s arrebatado. Pero, en las ferias de San Isidro que me qued� fuera, estaba hundido en la miseria. �Cu�nto hab�a en usted de border�a y cu�nto de timidez?Era todo timidez. Pero, luego, tambi�n en la Escuela de Tauromaquia nos inculcaron la rivalidad. Los viejos maestros no llegaban al patio de cuadrillas toc�ndose el culote, sino que se cagaban en su puta madre. Yo estaba obligado a ser mejor que los dem�s, a cre�rmelo sin serlo. No ten�a ese punto de amabilidad con los compa�eros. Ni me interesaba. No es que quisiera que triunfasen menos que yo, aspiraba a que no triunfaran nada. Deseaba que les echasen los dos toros al corral y que yo cortase cuatro orejas todos los d�as. En aquel famoso cartel de los 90 que se bautiz� como "los tres tenores" [Joselito, Ponce y Rivera Ord��ez], �su rivalidad m�s enconada, casi hasta el punto de enemistad, fue con Enrique Ponce?En cuesti�n de torear muchas corridas s�, pero Enrique tiene otro car�cter. �l es de Levante, yo soy del Centro. �l es fenicio, yo del interior. Somos muy distintos, afortunadamente. Es menos pele�n. O pelea de otra manera. Quiz� con el que notaba que ten�amos encontronazos fuertes taurinos era con Rivera, y con C�sar Rinc�n tambi�n. C�sar fue el primero que me amarg�. Luego quien ya me amarg� totalmente fue Jos� Tom�s. Rinc�n en aquel tiempo estaba intratable. Su car�cter siempre ha fluctuado entre la tristeza, la melancol�a y una autoexigencia tenaz. �Qu� ha conformado tu forma de ser?Todo eso hace a Jos� y a Joselito. Siempre busqu� la excelencia como torero y el camino recto como persona. A los artistas el perfeccionismo nos castiga mucho, es el peor enemigo. Necesitaba estar muy bien an�micamente para en el ruedo dar el nivel. Me costaba Dios y ayuda sobreponerme en la plaza a la contrariedad de fuera. Me pod�a el des�nimo. Por eso fui irregular. La exigencia de Enrique siempre fue tremenda. Nunca me dijo que hab�a estado bien.En su autobiograf�a, hay un punto tremendo: dice que lleg� a perdonar el abandono de su madre biol�gica y, sin embargo, cuando fue padre, le quit� el perd�n.Mi padre era muy majete, pero un majareta. Y encima le dio por el tema de las drogas. Cuando la familia se rompi�, mi hermana se fue con mis abuelos, yo me qued� con mi padre y mi madre se llev� a mi hermano peque�o y luego tambi�n lo abandon�. Hubo un momento en que la perdon� pensando en lo mucho que sufrir�a con mi padre, pero cuando tuve a mis hijas dije: "No lo perdono". No entiendo c�mo pudo deshacerse de sus hijos.El libro arrancaba as�: "De no haber peleado por ser torero, a estas alturas estar�a en la c�rcel o me habr�a muerto de sobredosis".Mi padre [biol�gico] descubri� que vendiendo droga viv�a bastante mejor que trabajando. En mi casa hab�a kilos de costo y chocolate, pistolas, y no veas el pelaje de los que pasaban por all�. Cuando metieron a mi padre en la c�rcel, yo mismo, con apenas 12 a�os, iba a visitarlo en Metro llevando trozos de droga escondidos para que trapicheara dentro. Estaba abocado a acabar hecho una mierda o muerto de sobredosis como muchos colegas de mi barrio, pero la escuela taurina y la ilusi�n de ser torero fueron mi salvaci�n. Mis primeros botines me los compraron las prostitutas del barrio en Los Guerrilleros de Tirso de Molina. "En mi casa hab�a kilos de costo y chocolate, pistolas... Cuando metieron a mi padre en la c�rcel, yo mismo, con apenas 12 a�os, iba a visitarlo llevando trozos de droga escondidos"Cuando se retir� definitivamente [2003], entr� en una depresi�n que borde� el suicidio.Me acojon� en el �ltimo instante. Pas� de vivir una vida de rey a no saber hacer nada del d�a a d�a. Ser Jos� Miguel Arroyo me pod�a. De civil me sent�a un puto mierda, con una angust�a desbocada. Pensaba que ya hab�a conseguido todo en la vida y que no pintaba nada aqu�.�C�mo hab�a preparado poner fin a su vida?Pens� en pegarme un tiro, sonaba muy rom�ntico, pero no ten�a pistola ni los cojones de Belmonte. Cog� una escalera y una cuerda, iba a ahorcarme. Ya con todo montado, me asust� y llam� a mi madre [adoptiva]. Cuando vio todo aquello, me dijo: "Hijo, vuelve a torear". No se trataba de eso. �Acudi� a profesionales de la salud mental?Afortunadamente, conoc�a a un grupo de psic�logos y lo pude superar.En su 40 aniversario de alternativa, �siente que la historia le ha colocado en su justo sitio?La vida me ha tratado muy bien, aunque, por poner una cosa cachondita, me falta una calle en Madrid con mi nombre.






