El denominado Hospital Enfermera Isabel Zendal es probablemente el más raro de España. Nadie pasa sin autorización, cierra de noche y probablemente tiene la máquina de TAC menos usada del sistema sanitario. El aparato fue comprado poco después de la inauguración en diciembre de 2020 y al principio fue usado intensamente para detectar neumonías, pero ha quedado en desuso hasta el punto de que solo hace 10 pruebas al año. Costó casi 400.000 euros y mantenerlo supone un gasto anual de 66.500 euros. Es un ejemplo más de la difícil reconversión de este centro en la periferia de la capital que ya no tiene hospitalizados. El único de sus tres pabellones que sigue activo cierra por las noches y los domingos.Los empleados del Zendal dicen que la máquina se encuentra en una sala junto al pabellón 1 y que casi siempre ven a su lado un técnico sin mucha ocupación, a veces un chico, otras una chica. Es imposible contrastar esto en persona porque la gente no puede acceder al centro. Los guardias de seguridad lo impiden. Pero el contrato de mantenimiento con la empresa General Electric HealthCare, fabricante de la máquina, estipula que la compañía debe designar para el mantenimiento del aparato a un técnico con formación en electromedicina o equivalente y que en ningún caso debe tardar más de cuatro horas en caso de avería.El centro, cuya edificación y puesta en marcha supuso 153 millones de inversión, cuenta con tres pabellones de tipo hangar que en su origen albergaron al mismo tiempo a más de mil pacientes de covid-19. Ahora la única actividad médica es la atención diurna a pacientes de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que se lleva a cabo en el pabellón 1. Se les atiende de 09.00 a 21.00 de lunes a viernes y de 08.00 a 15.00 los sábados. Media hora antes del cierre este miércoles, solo había dentro un paciente. Como siempre, los pabellones 2 y 3 permanecían cerrados. En la calle las chicharras zumbaban con fuerza y el viento soplaba por las amplias avenidas del barrio de Valdebebas, en el noreste de la capital. Puntual, a las 21.00, un guarda de seguridad activó el cierre del portón. 00:33El momento en el que el Hospital Zendal cierra sus puertas al término de la jornadaLos exteriores del Hospital Enfermera Isabel Zendal tras su cierre. este miércoles. Foto: Fernando Peinado Por las noches solo queda abierto un portón en otro extremo del complejo, donde se encuentran atendiendo llamadas los teleoperadores de la centralita del Summa 112 en un edificio aparte. Estos trabajadores se mudaron en 2023 a este recinto de Valdebebas desde su antigua sede en el distrito de Arganzuela.Hace más de un año que salieron del Zendal los últimos pacientes hospitalizados. Eran personas que habían padecido un ictus o una fractura de cadera y que permanecían en una unidad de rehabilitación que había comenzado a funcionar el 1 de abril de 2022. Los últimos pacientes de ese tipo fueron trasladados al Hospital Santa Cristina, especializado en media estancia y ubicado en el distrito de Salamanca.El ‘Pepino’El TAC del Zendal recuerda a otro ejemplo conocido de máquina sanitaria infrautilizada, el Pepino, el apodo que la Consejería de Sanidad puso a la máquina contra el cáncer donada por el magnate Amancio Ortega al hospital público madrileño La Paz y que solo usaron con 12 personas en su primer año. Este otro caso se da en el Zendal, un centro público que arrastra críticas por un supuesto despilfarro desde su apertura hace cinco años y medio. El complejo fue una apuesta de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso para atender a los pacientes de la covid-19. Ella lo ha denominado “el mejor hospital de pandemias del mundo”. Desde que pasó lo peor de aquella crisis sanitaria, la Comunidad ha buscado la manera de emplear este centro con tres pabellones de tipo hangar, una estructura muy difícil de adaptar para la hospitalización. Su división en habitaciones no es posible porque por ley precisan luz natural.La máquina de TAC costó 390.000 euros en marzo de 2021, poco después de la apertura del Zendal. Fue adquirida a la empresa estadounidense General Electric HealthCare por el procedimiento de emergencia, una posibilidad de la ley de contratos que permitió que los gobernantes en España compraran a dedo durante la pandemia, para agilizar la gestión de la crisis. El aparato precisa un mantenimiento que supone a las arcas madrileñas 66.500 euros anuales, que se abonan también a esa misma compañía. Las memorias anuales del Zendal reflejan la caída del uso de la máquina. En 2021, primer año de actividad completa del centro, se hicieron 1.255 pruebas de ese tipo; en 2022, se redujo hasta 216; en 2023, siguió cayendo hasta 137 y en 2024, último año con memoria disponible, solo se hicieron 10. El desuso de esa máquina se produce a la vez que la lista de espera sanitaria muestra que 186.810 pacientes aguardan para una cita de pruebas diagnósticas o terapéuticas, entre las que se encuentran los TAC. Casi la mitad espera más de tres meses.Víctor Jiménez, miembro de la Asociación Madrileña de Enfermería especializado en gestión sanitaria, dice que este aparato es un claro caso de mala gestión de los recursos sanitarios. “Otros hospitales públicos con una sola máquina de TAC hacen anualmente miles de pruebas”, indica. “No es comprensible que haya gente esperando meses y meses para una prueba y tengas una máquina de TAC parada en un hospital público”.La Comunidad de Madrid ha buscado la manera de dar utilidad al Zendal después de la pandemia. La dirección del centro lo llama “modelo asistencial flexible” y considera que esa capacidad de adaptarse es una fortaleza.La atención a la ELA comenzó en abril de 2024. Los pacientes son trasladados en ambulancia desde sus domicilios. Según la memoria del hospital, ese año la atención a esos pacientes consistió en 120 canalizaciones y 23 altas.Además, durante estos años los pabellones del Zendal se han destinado a punto de vacunación y a centro de acogida de refugiados ucranianos. Un edificio anexo alberga la centralita del Summa 112 y el laboratorio de microbiología de la comunidad. El mes pasado, la Consejería de Sanidad anunció que destinará 3,8 millones de euros al acondicionamiento del pabellón 2 para crear un Centro Especializado de Hospitalización para Neurorrehabilitación dirigido a adultos y niños con daño cerebral adquirido y lesión medular.El Zendal fue ideado para grandes crisis sanitarias, pero no fue usado para acoger a pacientes de hantavirus, la enfermedad que afectó a los pasajeros de un crucero que en mayo fueron repatriados a sus países, entre ellos a España. El Ministerio de Sanidad destinó a los pacientes españoles al Hospital Gómez Ulla, que contaba con una unidad de aislamiento.El delegado de CC OO para el hospital, Ismael de la Torre, visita el centro periódicamente. Cuando va, a veces se ha cruzado con el técnico de la máquina de TAC. “Allí mismo está el técnico”, dice, “solo y sin trabajo que hacer”. El recinto tiene otras rarezas. Cuenta con un helipuerto, una gran hache en el suelo de asfalto rodeada con un círculo en la entrada del complejo. Algunos trabajadores veteranos acostumbrados a la calma y parsimonia de este centro dicen que aún esperan el día en que vean aterrizar ahí por primera vez un helicóptero.¿Tiene algo que contar? Escriba al autor a fpeinado@elpais.es
El Hospital Zendal, el único que cierra de noche y hace 10 TAC al año
El trabajo ha caído a mínimos en el sexto año del centro promocionado como el “mejor hospital de pandemias del mundo”, que costó más de 150 millones
TAC del Zendal: 390.000 euros de costo, 66.500 mantenimiento anual, pero solo 10 pruebas en 2024 versus 1.255 en 2021. Con 186.810 pacientes en espera, la infrautilización refleja fallo crítico en asset management de infraestructura pública.









