En la Casa Blanca se cree que EE UU puede ganar el Mundial. Para que eso no sea una simple ensoñación, aún queda mucho por hacerPochettino firma autógrafos a los aficionados estadounidenses. KIRBY LEE (IMAGN IMAGES via Reuters)Donald Trump le miró y dándole la mano le preguntó: “Entrenador, ¿cree que podemos ganar el Mundial?”. El seleccionador nacional de Estados Unidos se puso firme: “¡Por supuesto que sí, señor presidente!”. Interpelado en el acto del sorteo de la Copa del Mundo, Mauricio Pochettino cumplió con su deber. El anfitrión se impone al estado de optimismo nacional. Pero Pochettino sabe que las probabilidades de levantar el trofeo son remotas.No es por falta de tradición. EE UU ha disputado 11 mundiales, pero tratándose de fútbol, su cultura competitiva profesional masculina es pobre desde la base. La primera división, la Major League Soccer, es un sistema de liga cerrado que atenta contra el instinto de supervivencia. El negocio es seguro. Muchos clubes y futbolistas se dejan tentar por el conformismo. Pochettino ha procurado estimular la competencia interna introduciendo jóvenes inexpertos en un circuito aparentemente estanco en el que la gran mayoría de los convocados sentían que tenían un puesto asegurado. Christian Pulisic, conocido como Capitán América, encabezó la lista de cuestionados. Dotado de magníficas cualidades, el del Milan se comportó como el arquetipo de futbolista de primer nivel estadounidense. A la hora de hacer el esfuerzo imprescindible para dar el salto al escalón que criba a los excelentes de los simplemente buenos, resolvió que la vida no merece tanto sufrimiento. Le sucedió lo mismo que a Tim Weah, el ágil volante del Marsella, o a Antonee Robinson, el inefable carrilero del Fulham.Provistos de un potencial atlético y técnico admirable, el gran drama de la selección americana es el diletantismo. Para despertar la conciencia de los muchachos, tan poco habituados a los grandes torneos internacionales, antes de confeccionar su convocatoria definitiva Pochettino organizó dos amistosos de preparación como dos sesiones de electroshock: Portugal y Bélgica. Bélgica los goleó por 2-5 y Portugal se impuso por 0-2 sin grandes alardes. Pochettino consiguió lo que buscaba. Demostró a sus jugadores que solo si seguían el ejemplo de líderes esforzados como Chris Richards, Tyler Adams o Weston McKennie, podrían despertarse del ensueño. Contra la amenaza del ridículo nacional, la adrenalina y el estado de alarma permanente puede transformarlos en un equipo capaz de enorgullecer a su país en el Mundial.Archivado EnMundial fútbolFutbolistasEntrenadoresMundial 2026FútbolDeportesMauricio PochettinoDonald Trump
Pochettino, Trump y la conjura a favor de América
En la Casa Blanca se cree que EE UU puede ganar el Mundial. Para que eso no sea una simple ensoñación, aún queda mucho por hacer












